lunes, junio 17, 2024

Año: II - Núm.: 594

Granada

Los seres del sol

*H.S.-GeneralÁGORALos seres del sol

En un tiempo sin medida común… un hombre observaba el cálido sol poniente en la playa. Entró en un estado de silencio, observando el ondulante movimiento del mar. Acallando sus pensamientos, se quedó mirando fijamente al sol y pudo ver algo que jamás había visto. Unos hombrecillos, llenos de alegría y gozo. Estaban bailando dentro de lo que parecía ser el sol.  ese gran astro y parecían enormemente felices. Con tan sólo verlos se quedó prendado de su forma de ser. Les preguntó con mucho respeto:

—¿Qué puedo hacer para vivir como vosotros?

Los seres un poco curiosos se arremolinaron en torno a él y le expusieron que debería pasar una especie de pruebas para poder adaptarse a su mundo.

—Tres son los requisitos que debes de alcanzar para danzar con nosotros —le respondieron con tonos alegres. Sus convicciones eran muy firmes.

El primero, que debía alimentarse solo de la energía solar durante siete días. Debes ordenar a tu mente nutrirte de las vibraciones sutiles e invisibles que emite el sol, sobretodo en las horas del amanecer y atardecer. En primer lugar, hay que estar durante siete días sin comer materia orgánica, es decir, comida. La brisa marina le acurrucó para ver un espectáculo de colores cálidos del cielo besando el horizonte.

—¿Cómo voy a alimentarme? —Dijo asustado.

—Haz como tus hermanas las plantas y los árboles que se nutren del sol, es su forma particular de obtener energía suficiente para mantener el cuerpo.

El hombre empleó todos los recursos que tenía, y con su fuerte aptitud se puso a practicarlo con dedicación y esfuerzo. Efectivamente estuvo una semana nutriéndose de la energía solar. Logró cumplir.

—Al terminar el primer requisito todavía viene algo todavía más duro —dijeron—La segunda condición era estar otros siete días, sin beber agua. El hombre se sorprendió ante una medida tan aparentemente dañina. Debía aprender a mover sus propias aguas internas los señalados días.

—Eso es imposible de conseguir— comentó muy contrariado.

 Los “solarianos”, hombrecillos del sol que estaban junto a él le dijeron a coro:

—Igual que la Tierra tiene agua propia, sabe moverla y transformarla en formas diferentes realizando ciclos dentro de ella, llevándola por todo su ser sin necesidad de que el universo le riegue de forma externa, debes aprender a mover tus propias aguas, en verdad, no necesitas más.

El hombre hablándole a su cuerpo de una manera inteligente y divina le señaló empezara a mover sus propios fluidos internos. Una vez más, con esfuerzo, lo consiguió.

—Ahora debes armonizarte con nosotros los habitantes del sol.

La tercera prueba consistía en vivir al ritmo del sol. Igual que todas las criaturas de la Tierra que viven al ritmo del sol, tú debes de hacerlo también. Comienza tus actividades, despertando al amanecer y descansando al atardecer, ajustándose a las estaciones, ni antes ni después. Al atardecer empieza tu descanso con una despedida de agradecimiento, por haber tenido un nuevo día. Según las diferentes estaciones, marcarán las pautas de más acción.

El alumno de los seres del sol lo intentó y nuevamente lo consiguió. Estaba previsto que el hombre se transformara en una parte del sol.

Pasaron tres meses. Llevó la forma de vida que le aconsejaron los hombrecillos. Había acabado su periodo de pruebas siguiendo con voluntad sus consejos. Estando en un bellísimo atardecer lleno de colores cálidos, su cuerpo se iluminó con una luz de amor, extendiéndose poderosa desde el abdomen por todo su cuerpo e irradiándole con intensidad y confortabilidad del “Amor” más sublime. Él se sorprendió. Se reía por lo que estaba ocurriendo. De repente se encontró danzando sumamente feliz con los hombrecillos “solarianos”. Cruzaron miradas de fraternidad y una inmensa alegría le desbordaba. Desapareció su antiguo cuerpo físico, convirtiéndose en un “Ser Danzante del Sol” resplandeciendo con felicidad y amor como los demás habitantes del sol y todos nosotros.

Por eso cada vez que mires al sol recuerda que él estará ahí bailando por ti.

 

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