¡HALLOWEEN SIMPA!

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Primera aportación del reciente e incorporado colaborador: MANUEL DEL PINO.


Lito y Lota pretendían irse sin pagar, tras hartarse en el restaurante Los Carillos, de cerveza, jamón ibérico, tostas de anchoas con tomate, salmorejo y tortilla de patatas.

—Perdone, joven —dijo Lito—. Hay una mosca en mi sopa.

El talludito camarero le miró con desdén. Lota le soltó un sopapo.

—Merluzo, si no hemos comido sopa. Piensa otra cosa.

Al pobre Lito le salía humo de tanto devanarse los sesos.

—La tortilla quedó poco hecha —dijo—. Qué asco.

El camarero se acercó. Lito cogió la cuña que tortilla que había sobrado y golpeó con ella la mesa para demostrarlo. El ladrillo de tortilla rebotó en la mesa e impactó en la frente de Lota. “¡AHHH!”. Brincó hacia atrás, por poco se cae de la silla.

—La verdad —dijo Lito—, es que estaba bastante dura.

En esto pasó por la calle una manada de jabalíes silvestres, buscando comida.

—El jamón sabe a mal curado —dijo Lito—. Esto es una clavada.

Los jabalíes se colaron en el restaurante, al oler las sabrosas viandas. Todos los clientes se levantaron de las mesas gritando, cundió el caos. Alguien dijo:

—Pues sí que está el jamón poco curado aquí.

Lito y Lota cogieron del local sendas calabazas de Halloween y se las colocaron en la cabeza, pero al escapar chocaron entre sí, ¡PLOM!, acabaron en el suelo.

Volvieron a intentarlo en una gasolinera, con la gasolina a precio de oro. Lito conducía un Audi de amplio maletero, lleno de garrafas vacías y preparadas. Abrió del todo las dos puertas delanteras y llenó el depósito con la goma del surtidor. Lota le miraba escamada.

—Las puertas abiertas son para botar al empleado cuando salga —dijo Lito.

Llevó la goma al maletero y colmó una a una las garrafas. Salieron de la tienda de la gasolinera, no uno, sino cuatro empleados enfurecidos, llaves inglesas en mano.

—Marcas diez mil euros en gasolina. ¡Quieto y paga, ladrón!

Lito entró en el coche. Los empleados obstruyeron delante, aporreando el capó.

—¿Los vas a atropellar a todos? —dijo Lota—. Da marcha atrás.

Así lo hizo Lito, olvidando que las puertas delanteras seguían abiertas… y saltaron por los aires, al chocar a ambos lados con los surtidores. ¡POM! ¡POM! Lota dijo:

—El Audi de Vamp-Hitler. Nos va a matar.

Lito hizo un trompo derrapando y salió por la parte trasera de la gasolinera, atravesó el bordillo, vallas metálicas y maceteros de ladrillo. ¡BOM! ¡BOM! ¡BOM!

El Audi traqueteaba, ellos brincaban dentro, escapando hacia las afueras. Salieron de la carretera, más botes por un camino de cabras, hasta llegar a un descampado. Allí el Audi se encajó en un hoyo. El motor se apagó con el choque. Lito no se dio por vencido. Trataba de arrancarlo una y otra vez, con la llave en la dirección. ¡Trr! ¡Trr! ¡Trr!

—Mejor déjalo —dijo Lota—. El contacto podría…

¡¡BOOOM!! La electricidad explosionó toda la gasolina que había en el auto. Salieron corriendo, ya más chamuscados el cuerpo entero que la carbonilla negra.

Lota le soltó sopapos a Lito todo el trayecto. Al llegar ambos ante Vamp-Hitler sólo con el volante de su Audi en la mano, éste, en lugar de apiadarse de su estado penoso, les juntó las cabezas como dos melones que chocan. ¡CLOC! Luego les dijo:

—El catering nos está esperando. Esta vez no quiero fallos. Será mi gran golpe.

Vamp-Hitler organizaba el catering de la Fiesta Sorpresa Halloween, vestido de frac. Lito y Lota fueron en traje de camareros. En la cocina también trabajaba con ellos Quintero el Cocinero, para desplumar a todos los ricos asistentes, sus carteras y tarjetas de crédito.

Quintero repartió abundante codeína en el champán. Lito y Lota sacaban al salón las bandejas llenas de copas drogadas para los invitados. Mientras, Vamp-Hitler se ponía morado de mariscos, canapés, croquetas, queso añejo y vino Ribera del Duero.

Los efectos del champán dopado llegaron cuando Lito y Lota cortaban las porciones de tartas para los invitados al baile de disfraces. Cerca de ellos, el barón Heinrich, que discutía con el conde Nottin, cogió una porción de tarta y se la estrelló en la cara.

El conde Nottin se enfadó tanto, que agarró otro trozo de tarta y se lo lanzó a Heinrich, pero éste se agachó y la tarta impactó en el rostro de la marquesa de Arucas.

El marido de la marquesa tomó una tarta entera y la lanzó sobre Nottin. Por desgracia falló: la tarta dio completa sobre Lito, que quedó perdido de merengue blanco.

Lito resbaló, derrumbó toda una torre de tartas sobre Lota, quien, cabreada, comenzó a lanzar tartas a diestro y siniestro. Se lió una tremenda guerra de tartas entre los refinados invitados del enorme salón, unos contra otros. Vamp-Hitler dijo en la palestra:

—Deténganse ahora mismo. No voy a tolerar…

Pero desde algún punto, le alcanzó de lleno un tartazo y le derribó en el suelo.

© Manuel del Pino. Octubre 2023

 

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