El cerebro de Einstein

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Vamp-Hitler levantó con ambas manos el tarro que contenía el cerebro de Einstein, robado en EEUU a los herederos del patólogo Thomas Harvey, y dijo:

—Dominaré y saquearé el mundo. Sembraré el caos.

Ordenó al doctor Morel que se lo implantara en el laboratorio. Morel flipaba.

—Jajajaja. Por fin crearé al hombre perfecto. Será un genio.

En la mesa de operaciones, el doctor Morel le dio con su varita mágica. ¡FLASHHH! Pero convirtió a Vamp-Hitler en un genio metido en una lámpara, que gritaba dentro:

—Ahhh. Sácame de aquí, que me asfixio. Te matareeeé.

El doctor Morel le tapó la boca a Vamp-Hitler con un esparadrapo, para que aguantara la operación. Cuando terminó, Morel le quitó el esparadrapo de un tirón, tan fuerte que Vamp-Hitler perdió de golpe su bigotito, quedó pegado en el esparadrapo. “¡UAHHH!”.

En adelante, Vamp-Hitler pensaba como un judío, igual que Einstein. Invitaba muy generoso a todos en la organización, cual Mr. Scrooge arrepentido.

—Noooo. ¿Pero qué me está pasando? Vuelve a hacerme un miserable.

La perrita Blondi estaba dormida, sentada en postura rara en el suelo. Vamp-Hitler se acercó sigiloso, pensando: “Jejeje. Le tocaré las narices y le daré un susto de muerte.”

—¿Qué hace? —dijo Morel—. Es un muñeco metálico enchufado para la prueba.

Al tocarla, le soltó una gran descarga eléctrica. ¡RANGGG! Vamp-Hitler quedó todo chamuscado en carbonilla negra, el flequillo con las puntas tiesas para arriba.

Vamp-Hitler estaba harto. Decidieron ponerle el cerebro de Einstein a Lito, quien, al acabar, se levantó de la mesa de operaciones y fue sonámbulo, con los brazos tiesos, a la cocina para comer algo. Quintero el Cocinero preparaba compota de manzana. Lito se acercó atribulado y vomitó parte del cerebro sobre la mesa. “¡BLERGGG!”. Quintero dijo:

—Quería compota de manzana, no manzana CON POTA. ¡Animal!

¡POMM! Quintero el Cocinero le atizó a Lito con el rodillo de madera.

Lito huyó de allí. Se encontró a Lota, quedó mirando su exuberante pecho, pues ella tenía pintada en la camiseta la mano grande del “Caballero de la mano en el pecho” del Greco. Lito miraba confiado, al verle la mano apoyada en el pecho. Pero entonces Lota sacó su brazo auténtico de tras la espalda y le soltó un buen tortazo. ¡PLAFF!

—Ahhh. Qué hostia. Maldita, me has engañado.

Salieron afuera. Un guardia con bayoneta vigilaba firme la puerta de LIO S. A. Lota se acercó, le metió el dedo en el ojo. El guardia aguantó inmóvil. “¡GRRR!”.

Luego se aproximó Lito, creyéndose impune también, apretó la oreja del guardia. “¡Jojojo!”. Mas cuando se volvió, el guardia le pinchó en el trasero con la bayoneta.

—¡AYYY! —saltó Lito—. ¿Pero por qué a mí sííííí? Esto es injusto.

Iban Lito y Lota andando ya por la calle. Le cayó a Lito en la espalda un chorro de lejía, porque en el piso de arriba estaban de mudanza. Lito maldijo, limpiándose el hombro. Detrás venía una pareja, el hombre se carcajeaba y le dijo a su mujer:

—Mira ese desgraciado, le derramaron desde el balcón un chorro de lejía.

Pero entonces, desde el piso de la mudanza, por el otro balcón, se le desplomó justo encima al tipo que se reía, un enorme piano de cola que le aplastó. ¡PLOMM!

Lito volvió con Lota a la organización LIO S. A. a limpiarse. En la cocina, Quintero el Cocinero cortaba finas lonchas de jamón york en la máquina para el almuerzo.

—¡Ahhh! —dijo Lota—. Está trinchando el cerebro de Einstein. ¡PUAGHHH!

—¿Ah, Einstein? —dijo Quintero—. Creía que era ese doctor Frank Stein.

Vamp-Hitler ordenó que volvieran a Washington con el cerebro de Einstein. Allí se entrevistaba el presidente Donald Trampa con el presi ruso Vladimir Patín. En la recepción, vestidos de camareros, Lito y Lota les ofrecieron canapés del cerebro de Einstein.

Comieron y, al instante, Vladimir Patín decidió acabar la guerra de Ucrania y hacerse humanitario. “¡Jua, jua, jua!”. Le internaron en un sanatorio. Donald Trampa perdonó a sus contrincantes de sus 200 juicios pendientes, y les invitó a cenar. “¡NOOO! ¿Qué me pasa?”.

Trampa y Patín se abrazaban efusivos, bebieron vodka juntos. Patín dijo:

—Me pica la espalda, ¿tengo algo en la espalda? —se echó mano.

Le habían clavado un puñal a traición. Cayó al suelo. “¡AGHHH!”. Trampa dijo:

—He ganado, jajaja. Y encima está muy rico este vodka.

Pero se puso verde, morado, azul, también se desplomó, envenenado. ¡PLOFF!

Lito y Lota se fugaron en avioneta bien lejos. Se les acabó la gasolina, cayeron sobre las montañas de Chile. Rodeados de nieve, no tenían nada que comer. Lito dijo:

—Je, je, je. Por fin voy a comerte entera, a besos y a mordiscos.

Se acercó a Lota abriendo las zarpas, con los ojos rojos fuera de las órbitas. Lota agarró un canto rodado y le atizó en todo el coco. ¡CROCK! Vinieron a rescatarla y dejó a Lito colgado en la cordillera, con la lengua fuera y un enorme chichón.

© Manuel del Pino. Marzo 2024

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Licenciado en Filosofía y Letras (Universidad de Granada, 1994). Publicó diversos artículos y varios ensayos. XIV Premio de Ensayo Becerro de Bengoa con 'La sonrisa de la esfinge' (Diputación de Álava, 2002). 'Olivas negras', novela policíaca, Editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2012. Publicó otras novelas en plataformas de internet y relatos policíacos en diferentes revistas y periódicos digitales.

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