lunes, junio 17, 2024

Año: II - Núm.: 594

Granada

Lito y Lota – El koala de los Baskerville

*H.S.-GeneralÁGORALito y Lota - El koala de los Baskerville

En este relato, Lito y Lota, disfrazados de recaderos, transportan un cajón con un koala como regalo del presidente de Argentina, Miles, al presidente de Hispania, Pedro Sancho. Una serie de eventos caóticos se desencadena cuando el cajón cae, aplastando los pies de Lota. Se suceden altercados con un gendarme, y el koala sufre varios percances, incluyendo un ataque de un pájaro carpintero, un gato furioso y una culebra. En el palacio, más desastres ocurren cuando intentan entregar el cajón. Lito y Lota son invitados a una cena de gala junto con los presidentes, en una situación cargada de confusión y humor.

Redacción. Enero 2024


Lito y Lota cargaban, vestidos de recaderos, un cajón con agujeritos para respirar, regalo del presidente de Argentina, Miles, al presidente de Hispania, Pedro Sancho.

Sin explicación aparente, Lito se detuvo inmóvil ante el palacio. El pesado cajón cayó al suelo, le aplastó a Lota los pies, se los dejó como aletas de bucear. “¡AHHH!”.

—Un momento —dijo Lito—. Entonces… ¡tú también tienes vagina!

—Tú sí que tienes unos huevos que te los pisas. Pareces un gato loco.

Lota cogió un adoquín del suelo y se lo arrojó a la cabeza. ¡POMM!

—¡Transgresión! —dijo el gendarme que vigilaba el palacio.

“¡AAAY!”. Lito buscó otro cascote del suelo y se lo lanzó a Lota. Pero ésta se agachó a tiempo, y el cascote le alcanzó al gendarme en el coco. ¡PLOC!

—Ohhh. Perdone, señor gendarme, no era mi intención.

El gendarme sacó su pistola y corrió a Lito a tiros por la calle.

Lo peor fue que, con el porrazo del cajón en el suelo, el animalito que iba dentro se llevó un buen golpe y chilló dentro de la caja. Lota la abrió. El pobre koala tenía un enorme chichón en la cocorota, aullaba quejándose de ese mundo de locos.

—¡El koala de los Baskerville! El presidente nos enviará a galeras.

Lota tomó al koala, que se agarró demasiado a sus partes blandas. Por impulso, Lota lo lanzó a volar. El koala se aferró a un árbol para refugiarse. Pero allí le picó un pájaro carpintero, le arañó un gato furioso y le mordió la nariz una culebra. “’OAHHH!”.

Lito y Lota lograron devolver el koala a su caja. Entraron en el palacio cargando con la pesada caja. La cocinera les preguntó malhumorada qué llevaban ahí. Lota le dijo:

—Es muy bueno. Pero no le den alcohol después de medianoche.

—Eso no ocurrirá nunca. ¿Por quién me toman?

La cocinera cargaba la vajilla de porcelana y encima los cubiertos de plata, para la cena de gala de Miles y Sancho. Lito no sabía cómo robar la plata, cargando con el cajón. Se volvió, le atizó a la cocinera con la caja. Una taza de porcelana cayó al suelo. ¡CRASSS!

Lito pidió excusas, fue a ayudar a la cocinera con su mano libre. Pero la empujó sin querer y los platos de porcelana se hicieron añicos en el suelo con estrépito.

La cocinera le estampó a Lito un candelabro en la cabeza. ¡POMM!

La caja con el koala se desplomó. El koala corrió por el suelo, se hincó trozos de porcelana en las patas. Chillaba brincando, más tenedores y cuchillos se ensartaba. “¡UAH!”.

Lota, ya fastidiada, ató a Lito a la alacena. Le lanzó los chuchillos y tenedores de plata, clavando su silueta alrededor como escarmiento. En esto, la mitad de los cubiertos de plata se los guardó Lota en los bolsillos con disimulo. Lito se agitaba gritando desesperado.

La cocinera tomó un rodillo de cocina y golpeó a Lota en el coco. Le hizo un chichón y recuperó los cubiertos de plata. Lota cogió una cacerola, se la arrojó a la pérfida cocinera, que se apartó y abrió la ventana, así la cacerola salió por la ventana y le atizó en la cocorota al gendarme, pues seguía de guardia fuera, muy serio en el cumplimiento del deber. “¡AHHH!”.

El gendarme entró hecho una furia, con la porra en ristre, atizó palos a Lito, aunque seguía atado, a Lota, a la cocinera e incluso al pobre koala, quien dijo:

—Todos los días duermo veinte horas. ¡Y hoy no dormí ni diez!

Para reanimar al valioso koala, Lito le dio a beber whisky y le encerró en el trastero. Era pasada la medianoche. Lito ya estaba harto del koala, le dijo a Lota:

—Agarraré a ese osito indefenso y le zurraré de lo lindo, jejeje.

Lito abrió la puerta del trastero. Se encontró al koala convertido en un gran monstruo. “¡GRRR!”. A Lito se le cayeron de miedo los pantalones. El koala monstruoso le cogió del cuello y le arrojó por la ventana, dejando marcada su silueta en los cristales.

Para colmo, llegaba al palacio el presidente Miles, y Lito chocó con él. Quedaron los dos tirados en el césped, con sendos chichones, la lengua fuera, desorbitados los ojos.

El presidente Sancho salió a recibirles. Miles, indignado con la acogida, arrancó su motosierra, taló un árbol con furia y le dio una patada, para que cayera sobre Sancho. Pero con la patada, el árbol se inclinó hacia el propio Miles, ¡PLOMM!, y le hincó en la tierra.

Sancho le pidió mil perdones. Les invitó a la cena de gala, al presidente Miles, y también a Lito y a Lota, que creyó de su séquito. Pasaron al suntuoso salón de palacio.

Lito estaba nervioso sentado a una mesa del comedor atestado de peces gordos. Les sirvieron primero un plato de mejillones a la marinera y se los tragó con cáscara y todo. A su lado, Lota miró el plato de Lito vacío, sin las cáscaras, le dio un ataque de risa.

—Merluzo, ¿dónde has puesto las pastillas para la memoria?

—¡No me acuerdo! —dijo Lito.

Tuvo que ir al servicio a evacuar. Allí encontró al koala monstruo estrangulando a Sancho, que era el plan de Miles. Lito no podía aguantar más, se agachó y las cáscaras de los mejillones salieron disparadas de su trasero, impactaron en el monstruo koala. ¡BANG! ¡BANG! ¡BANG! Le dejó fuera de juego y salvó la vida al presi Sancho.

© Manuel del Pino. Enero 2024

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