LOS INVITADOS

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“LOS INVITADOS” DE VÍCTOR BARRERA: TEORÍA DESMENTIDA


El 22 de julio de 1975 fue la fecha fatídica en la que se produjo el lúgubre y siniestro “crimen de Los Galindos”: cinco personas fueron asesinadas en el cortijo de dicho nombre, situado en el municipio sevillano de Paradas, un crimen múltiple que, a día de hoy, se encuentra judicialmente prescrito sin que nunca haya habido un condenado ni un acusado ni tan siquiera un simple sospechoso de ser el autor material o intelectual o el mero cómplice o encubridor de dichos hechos, lo cual ha dado lugar a todo tipo de rumores, hipótesis y teorías que sirvieran para explicar qué pudo suceder en ese caluroso día del verano de 1975 para que llegaran a producirse cinco violentos asesinatos y cuáles pudieron ser los móviles y motivaciones de los mismos.

Una escena de Los invitados de Víctor Barrera, película inspirada a partir de una novela de Alfonso Grosso que intentó dar respuestas a las principales incógnitas del conocido como “crimen de Los Galindos”

Todo el devenir de este caso es un paradigma de las dificultades, los obstáculos y los errores a los que cualquier averiguación se enfrenta a la hora de intentar esclarecer la verdad de unos acontecimientos: la existencia de pistas falsas (incluso, intencionadamente falsas) o líneas de investigación equivocadas, la imposibilidad de discriminar entre la información relevante y los datos superfluos,  la ausencia de información clave para comprender el sentido de las evidencias recogidas, las resistencias o los prejuicios sociales a que las pesquisas adopten determinadas direcciones o afecten a determinadas personas o circunstancias… Todo ello coincide en este crimen múltiple que sacudió a la sociedad española en las postrimerías del franquismo y que aún encierra todo tipo de incógnitas y misterios.

En Los invitados de Víctor Barrera, Antonio Carbonell y Raúl Fraire sellarán un pacto que será el desencadenante de la tragedia

El escenario de los hechos, el cortijo de Los Galindos, era una de las propiedades de María de las Mercedes Delgado Durán, quien en 1954 contrajo matrimonio con el militar de carrera Gonzalo Fernández de Córdoba, marqués de Valparaíso y de Grañina, quien, a raíz de ello, abandonó el ejército para gestionar el patrimonio de su esposa, recurriendo para ello a la ayuda de otro militar que también dejó las armas, Antonio Gutiérrez Martín, que pasó a ejercer el cargo de administrador. Todo comenzó con la aparición del cadáver de Juana Martín Macías, de 53 años, esposa del capataz de la finca, que había muerto como consecuencia de un golpe en la cabeza. Tras la llegada del forense, fueron hallados tres cadáveres más: los de José González Jiménez, de 27 años, tractorista, y su esposa, Asunción Peralta Montero, de 34 años (quien, además, estaba embarazada de seis meses), y Ramón Parrilla González, de 40 años, también tractorista. José González y Asunción Peralta también fallecieron como consecuencia de golpes en la cabeza y sus cuerpos fueron, además, quemados en un pajar. Las causas de la muerte de Ramón Parrilla fueron varios disparos de escopeta. Como el capataz de la finca, Manuel Zapata, no fue encontrado, fue considerado en un primer momento el autor de los asesinatos, algo que quedó descartado cuando su cadáver apareció tres días después y los resultados de la autopsia indicaron que fue el primero en morir.

Amparo Muñoz y Lola Flores en una escena de Los invitados

La brutalidad de los asesinatos y la ausencia de motivaciones claras dieron lugar a todo tipo de especulaciones. Empezando por la posible raíz pasional de los crímenes (una hipótesis que enseguida se demostró incongruente en función de la naturaleza de los hechos y de las pruebas disponibles), la teoría que encontró más arraigo fue la de una vendetta realizada por narcotraficantes. Al menos los dos matrimonios habrían dedicado clandestinamente una parte de la finca al cultivo de hachís y algún tipo de desavenencia o conflicto con los suministradores de las plantas y compradores de la mercancía habría desembocado en la comisión de los cinco asesinatos. Dicha tesis fue recogida por el escritor Alfonso Grosso en su novela Los invitados (que llegó a ser finalista del Premio Planeta en 1980). A partir de dicha novela, se realizó la película homónima Los invitados (1987), dirigida por el realizador nacido en Carmona y formado en Venezuela Víctor Barrera, quien también es autor del guion. El reparto estuvo formado por Raúl Fraire y Lola Flores (quienes asumieron los papeles del capataz de la finca y de su esposa, respectivamente), Amparo Muñoz y Pedro Reyes (que interpretaron a la pareja más joven asesinada) y Pablo Carbonell (quien da vida a un inglés que, hipotéticamente, sería quien habría convencido al capataz de la finca para que plantara hachís en algún lugar discreto de la misma), además de la malograda Sonia Martínez (quien interpretó a la pareja del anterior).  Actualmente, Los invitados se puede ver en la plataforma Flixolé y hay que decir que, por fin, hay disponible una edición de gran calidad visual, algo que siempre se había echado en falta hasta este momento, carencia que ha quedado afortunadamente subsanada.

Raúl Fraire y Lola Flores encarnan al capataz de la finca y a su esposa en Los invitados

Es muy curioso que, a pesar de que es obvio que la trama se refiere al “crimen de Los Galindos”, al principio de la película (se supone que para eludir posibles problemas legales) aparezca el típico rótulo de que “los personajes y situaciones son… imaginarios” y que “cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia” (de hecho, hay un elemento que da a entender que los acontecimientos habrían sucedido después de 1978, ya que se mencionan unas hipotéticas declaraciones del presidente de la Junta de Andalucía, cargo que solo existió a partir de aquel año). Pero más chocante es el dato de que, cuando se comercializó la versión en VHS del film, en la carátula se hiciera menciones explícitas al caso real que el argumento intentaba reconstruir y sobre el que intentaba arrojar luz, lo cual es evidentemente contradictorio con lo que la propia película declaraba en su inicio y sugería en su desarrollo.

Amparo Muñoz y Raúl Fraire en otra escena de Los invitados de Víctor Barrera

Hay una evidente contradicción entre lo que la película declara al comenzar y la publicidad que después se empleó en la versión VHS del film

Pero todo lo conocido obre el “crimen de Los Galindos” experimentó un giró sorprendente e inesperado cuando en el año 2019 la Editorial Almuzara publicó el libro El crimen de Los Galindos. Toda la verdad, escrito por Juan Mateo Férnandez de Córdova, hijo de la propietaria del cortijo, del cual el diario ABC, el 23 y el 24 de noviembre de dicho año, anticipó sus principales revelaciones. El autor aportó una teoría impactante ya que defendió que el origen de los crímenes habría sido un fraude cometido en la cooperativa aceitera en la que participaba la finca, Coduva, del cual su propio padre (el marido de María de las Mercedes Delgado Durán) era responsable y del que el capataz tuvo noticia, por lo que decidió realizar una visita a la propietaria del cortijo para informarle de tal circunstancia. Gonzalo Fernández de Córdoba, para impedirlo, acudió a ver a Manuel Zapata, acompañado del administrador, Antonio Gutiérrez Martín, y de una especie de matón a sueldo, cuyo cometido era amedrentar al capataz para disuadirle de sus intenciones. Sin embargo, el sujeto en cuestión habría perdido el control de la situación y habría empezado asesinando a Manuel Zapata y, con posterioridad, al resto de los fallecidos. Juan Mateo Fernández de Córdova relató en una entrevista que su principal motivación al desvelar hechos que afectaban a la reputación de su propio padre era que los asesinados, las víctimas de tan sórdido caso, no pasaran por ser responsables, de algún modo, de su propia muerte cuando su inocencia era completa y absoluta.

Un momento crítico en Los invitados de Víctor Barrera

Lo relatado en el párrafo anterior supone un vuelco de tal envergadura que nos obliga no solo a repensar las circunstancias del propio caso sino a realizar una honda reflexión sobre cómo se llevan a cabo las investigaciones en nuestro país, cómo teorías poco rigurosas y mal fundamentadas encuentran una insólita capacidad de propagación y cómo se debería proceder cuando coexisten crímenes judicialmente cerrados y reputaciones personales heridas por más de tres décadas de infundios y calumnias. Como hecho que, en función de todo lo expuesto, no puede ser considerado como anecdótico sino como síntoma de un mal más hondo y preocupante, hay que referirse a que todo el sumario del caso, con más de mil folios, se extravió en agosto de 2014, cuando tuvo que ser trasladado a raíz del derrumbamiento de un techo en los juzgados de Marchena. Por ello, el “crimen de los Galindos” es un inmenso agujero negro que no puede ser solventado por la incipiente verdad que se ha abierto camino en 2019: no hay cauce institucional posible para que todas las dudas e incertidumbres queden disipadas y muchas injurias queden de una vez redimidas. Lo más triste es que este caso no es el único en nuestro país con estas características, es solo uno más de un largo rosario de nieblas y oscuridades.

Raúl Fraire
Lola Flores
Amparo Muñoz
Pedro Reyes
Antonio Carbonell
Sonia Martínez

© José Manuel Cruz. Mayo 2023. Todos los derechos reservados.

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