MITOS Y LEYENDAS DE LOS IK’HUE
Los presentes mitos y leyendas conforman el imaginario colectivo de la tribu de los Ik’hue, una nación norteamericana de carácter ficticio en la que se desarrolla la novela «Ik’hue – Lazos de sangre» (Verbum, 2024), obra del prolífico autor guipuzcoano Iñaki Sainz de Murieta.
Los ancianos dicen que las plumas nunca vuelan solas. Lo hacen para significar varias cuestiones, pero es deber de cada uno descubrir su significado, ya que cada cual lo interpreta de un modo distinto. El camino hacia la sabiduría es largo e intrincado, de ahí que sea tan importante tomarnos el tiempo necesario para subir a un punto elevado y contemplar la creación del Gran Espíritu. Debemos fijarnos en las nubes del cielo; en la hierba que crece bajo nuestros pies; en las rocas, ya sea grandes o pequeñas; en los animales que nos rodean y a los que tanto les debemos; es preciso escuchar a los espíritus y mostrarnos agradecidos. Solo así comprenderemos cuál es nuestra misión en el mundo. En cambio, si solo nos preocupamos de lo que tenemos entre manos, jamás podremos acertar el tiro más importante, porque miraremos la flecha, pero no la presa. Quizá hagamos blanco una vez, ayudados por algún espíritu afín, pero esto no ocurrirá siempre. Cualquier cazador puede dar testimonio de estas palabras.
Los bravos nos debemos a nuestras familias. Los lazos de sangre son sagrados y debemos honrarlos. Así nuestras mujeres estarán orgullosas de nosotros y nuestros hijos aprenderán de ambos. Las plumas con que adornan nuestras camisas y nuestros atados explican quiénes somos y qué hemos hecho, pero no responden a quién queremos ser. Es la sangre la que debe responder a esta pregunta. Por eso debemos tener muchos hijos. Es nuestra deuda para con el Creador.
Si preguntáis acerca del porqué de las cosas, las respuestas nunca serán exactamente las mismas, como tampoco se repiten los hilos de humo que produce el tabaco sagrado. Podemos creer que las llamas siempre van a actuar del mismo modo, pero nos engañamos. Cualquier niño que ha aprendido a encender un fuego con sus propias manos sabe de lo que hablamos. Con el humo pasa lo mismo. No todos los humos son iguales, como tampoco las plumas lo son. A veces están cosidas juntas, pero las águilas vuelan sin necesidad de ello, cosa que nosotros no podemos hacer. Si lo hiciéramos seríamos espíritus. Pero todavía debemos aprender a ser personas antes de pretender ser nada más.
© IÑAKI SÁINZ DE MURIETA. Todos los derechos reservados.



