Nadie podía imaginar que esa noche de invierno en época prenavideña sería el inicio del apocalipsis en un sencillo barrio alicantino.
Julia era una joven que creció sin padres por un accidente de tráfico. Era una joven muy observadora. Le gustaba bucear en noticias conspiratorias.
“Laboratorios médicos Trest, experimentan sin control”
Leyó para sí misma. El titular daba miedo. Experimentos sin control. ¿Hasta qué límite?.
Esa noche, como casi todas las noches, salió a pasear con su pareja. Jaime era un joven alto y protector que la cubría siempre con su férreo abrazo. Hacía mucho frío y una extraña capa de niebla comenzaba a cubrir toda la zona.
No le dieron mayor importancia. El frío era cortante como el filo de una cuchilla. Decidieron acabar pronto con su paseo nocturno y se despidieron con un cálido beso. Él tenía que madrugar mucho.
Julia tuvo esa noche sueños extraños y perturbadores. Se despertó nerviosa. Algo no iba bien. Sus presentimientos rara vez fallaban. Desde niña tenía ese don y esa maldición. Tenía la sensación de un peligro. De un peligro inminente.
Amaneció y salió a las nueve de la mañana a realizar la compra. No había nadie. Seguía haciendo ese frío intenso. Los empleados del supermercado parecían no haber dormido en semanas. Sus rostros reflejaban un inmenso cansancio y mostraban grandes ojeras. Pero sobre todo llamaba la atención sus ojos enrojecidos. Julia observó que solo había un cliente en todo el supermercado que contemplaba ensimismado la sección de las carnes.
El cajero que solía atender tan amablemente, esa mañana se encontraba malhumorado y no dejaba de rascarse los brazos y la cara frenéticamente. Sus ojos también se mostraban enrojecidos.
¡No paraba de rascarse! ¡Era hipnótico!
Julia pagó su compra y se fue a casa inquieta. Deseaba llegar ya. Recordaba a ese hombre que seguía contemplando la carne en estado hipnótico. Había algo en él que le provocó un escalofrío.
De regreso a casa se tropezó con una conocida. Se detuvo para hablar un momento con ella, advirtiendo esa misma forma de rascarse los brazos y la cara.
—Al levantarme esta mañana me ha dado un picor horrible en la piel. —comentó la conocida.
Julia comprobó que sus ojos no estaban enrojecidos como los ojos de los empleados del supermercado, pero no dejaba de rascarse.
Jaime, su novio, la llamó por teléfono instantes después de despedirse de aquella mujer. No se encontraba bien.
—Creo Julia que estoy incubando alguna gripe.
Acordaron verse cuando se encontrara mejor, pero lo llamaría otra vez.
Esa noche otra capa de niebla cubrió todo el barrio. Julia lo observaba todo protegida desde el balcón de su hogar. Aquella noche ya no era tan fría pero sí tremendamente silenciosa.
Súbitamente sintió un grito desgarrador. Parecía proviniese del parque. El grito era de una mujer. Luego le siguieron más gritos.
Julia no dudó en coger el móvil para llamar a la policía alertando de lo sucedido cuando escuchó otros gritos.
—¡No! ¡No me muerdas! ¡Por favor, apártese de mí!
La voz de la mujer alertaba con pavor que alguien quería morderle.
Julia observó de repente desde el balcón a una figura de una mujer corriendo a través de la niebla y una figura alta y oscura corriendo tras ella con torpeza. Juraría que sintió unos gruñidos extraños.
La niebla se disipaba y pudo observar como la mujer caía al suelo y aquella figura negra se arrojaba sobre ella desgarrándola con la boca, como un tigre a una gacela. ¡La estaba devorando!. La mujer ya no chillaba..
Las manos de Julia temblaban intentando comunicarse con la policía. Se desmayó..
Le despertó el móvil ya de mañana. Era Jaime. Decía que no paraba de rascarse la piel. Que sería una reacción alérgica.
De golpe, Julia recordó la dantesca escena de ayer y observó por la ventana. Divisó una gran mancha de sangre y jirones de ropa. Su mirada reparó en tres personas. Sus pasos eran extraños. Erráticos. Quería llamar a la policía pero no sabía cómo describir lo sucedido. Pensarían que tuvo una pesadilla.
—Jaime, si te va a más vamos mañana al Hospital vale? Te llamo más tarde.
No estaba preparada para contarle la terrible escena de anoche.
Respiró profundo hacia la ventana y la luz del sol en su rostro disipó todo miedo de la noche anterior.
—Venga Julia, habrás soñado. ¿Zombis en tu barrio? Pero su cabeza no dejaba de trabajar.
—Bueno, basta.
Sonó el timbre de abajo, pero solo escuchó unos sonidos extraños.
El móvil sonó de repente. Era su amiga Gema. Su voz denotaba preocupación.
—¿Tres días sin saber nada de tu pareja? Te dijo que iba de viaje pero no te coge el teléfono. Gema, intenta tranquilizarte. Vale. Cuando sepas algo me llamas. No te preocupes. Te llamará en cualquier momento.
Julia colgó la comunicación pensativa.
«Hace tres días comenzó esta niebla extraña»
Tenía ese sentimiento de que algo malo llegaba. Algo perturbador como la escena dantesca que presenció desde el balcón.
«Voy al centro a mirar por unos regalos, así me despejo»
Dentro del autobús, asombrada, comprobó que todos los ocupantes se rascaban la piel frenéticamente y sus ojos se hallaban inyectados en sangre. Tosían con violencia. Pero lo que inquietó a Julia era aquellas miradas vacías, perdidas..
«Ojos rojos sin alma»
Se encontró con su amiga Ester. También se rascaba la piel frenéticamente y sus ojos acusaban un rojo intenso.
—Llevo así dos días con estos picores. Mi nerviosismo aumenta a cada instante. Y las comidas. No tengo ya gusto ni sabor, Julia. —dijo su amiga Ester mirando al infinito.
Sin despedirse, su amiga Ester, se dirigió al fondo del autobús, rodeándole cinco personas frenéticas con aquellos ojos sangrantes. La perdió de vista unos instantes pero cuando volvió a verla ya era uno de ellos..
Observó con estupor como acorralaban aun matrimonio mayor que temblaban de miedo.
Julia decidió bajarse en el mismo momento que hizo parada el autobús. Estaba aterrorizada. Pero observó unos instantes al conductor. Se rascaba los brazos hasta el punto de hacerlos sangrar.
Ya a salvo en la calle, observó con estupor la escena de una carnicería en aquel autobús
El móvil sonó con una cascada de wasaps. Eran titulares enviados por su amigo Luis.
“Catástrofe vírico. Murciélagos provocan la rabia” “Laboratorio pierde virus mutado de la rabia” “Crean nuevo virus de la rabia mutado”
“Virus zombi se propaga por el aire o saliva”
—Luis, qué es esto. Estarás de broma. ¿Has creado tú estos titulares para asustarme…? No hace gracia..
—¡Julia! ¿Estás en la calle? Vete a casa corriendo. Vete a casa y cierra bien la puerta!. ¡Pon las noticias! ¡¡Esto es muy serio Julia!!
La joven se quedó paralizada. Todo cobraba forma. Leyó titulares en internet.
“Virus de la rabia mutado con el virus de la gripe, provoca picores intensos” “Virus híbrido creado en laboratorio” “Dolor de cabeza, sangrado de ojos, nerviosismo, agresividad extrema, delirios, hambre voraz y muerte” “ Personas inmunes al virus zombi” “ Se propaga por el aire y por la saliva”
—Luis tengo que colgar. Debo llamar a Jaime..
—¡Jaime! ¡Cómo estás! ¿Te encuentras mejor?—Preguntó Julia muy preocupada.
—Los picores han remitido pero mis ojos están muy rojos. Y la garganta me quema. No tengo fuerzas para acercarme a urgencias. Voy a colgar Julia. La garganta me quema..
Muy preocupada se dirigió a casa de Jaime. Mientras decidió de camino llamar a su amiga Gema.
—¿Gema? Gema… —dijo Julia. La escuchaba respirar, pero la llamada se cortó abruptamente.
—Después de ver a Jaime me acercaré a casa de mi amiga. Me ha dejado muy preocupada –Se dijo para ella misma con voz queda.
Julia miraba a su alrededor atemorizada. No había ningún alma en las calles.
«Yo no he desarrollado ningún síntoma de momento, pero estoy aterrorizada» «El gobierno cómo solucionaría una crisis vírica zombi. Si el ejército pierde el control, bomba nuclear»
—¡Basta Julia, has visto muchas películas! —Se decía en alto para ganar un poco de seguridad y valentía
Apuró el paso en el momento que vio que cuatro extraños le seguían con bocas teñidas de sangre. Observó con estupor el extremo nerviosismo de aquellos individuos. Masticaban el aire con sus fauces rojas..
Súbitamente corrieron tras Julia intentando alcanzarla.
–¡CORRE! —se gritó así misma aterrorizada
Corría como si no hubiera un mañana seguida muy de cerca por los cuatro infectados que emitían gruñidos aterradores y alargaban sus brazos sanguinolentos hacia ella. Le faltaba el aire. No estaba acostumbrada a correr y esos zombis le ganaban terreno.
¡Casi la podían tocar! Su corazón latía frenético. Era terror puro lo que experimentaba en aquellos momentos y sin más se arrojó a la carretera ¡Y a punto estuvo de ser atropellada por un autobús que cruzaba a toda velocidad, pero los cuatro infectados no corrieron la misma suerte y fueron embestidos y sepultados bajo las inmensas ruedas.
Corrió sin mirar atrás y llegó a casa de Jaime con el corazón a punto de salirse de su pecho.
Le abrió la puerta un Jaime irreconocible. Su aspecto era deplorable pero aún había esperanzas. No era un zombi de esos que atropelló aquel autobús. Aún había humanidad en sus ojos. Pero el bello color azul ya no lo percibía.
Julia lo abrazó con fuerza. No quería dejar de abrazarlo. Lo estrechó contra ella con lágrimas en los ojos. La joven no podía emitir ninguna palabra, tan solo ansiaba el abrazo férreo de Jaime. Sintió la voz de él en su oído.
—Julia te quiero..Julia..yo..Julia..Juliagg..Juliaggr..Juliaggrrr..Jggggg ggrrrrrr..
Sintió la aterradora transformación de Jaime entre sus brazos. Julia fue consciente que al mirarlo otra vez vería a un zombi. Se armó de valor y lo enfrentó rápido pues su abrazo ya no era humano.
Ante ella se hallaba ya un zombi ávido de sangre que emitía gruñidos. Ya no quedaba ni un ápice de humanidad en él. La pobre joven reparó en el pisapapeles de mármol sobre la mesita del recibidor. Aquel objeto con el que la recibía con notas de amor. Y en el mismo instante en que él se abalanzó sobre ella babeando sangre y masticando el aire, lo golpeó en la cabeza desplomándose el infectado en el suelo. Su cuerpo convulsionaba en sacudidas violentas y aterradores gruñidos.
Julia corría por la calle llorando y con el corazón roto.
Llegó a su casa rápido y cerró todas las cerraduras. Su respiración continuaba agitada y las lágrimas no cesaban.
Se dirigió al balcón. La visión era horrorosa. Lobos hambrientos tras ovejas. Desgarraban la carne. Gruñían. Gritos espeluznantes. Mares de sangre. Masacre.
Julia ya no sentía ninguna emoción. Su corazón se quebró en aquel recibidor con aquel pisapapeles en sus manos.
«Jaime..»
La joven en estado de shock, alzo la vista al horizonte. Observó una luz extraña e intensa que se aproximaba arrasando todo a su paso.
El exterminio..
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