Valeria se encontraba en proceso de recuperación en una habitación del piso más alto del centro psiquiátrico, tras haber atravesado un episodio depresivo.
Días atrás, de manera fortuita, había descubierto en la prensa que su esposo mantenía una relación clandestina con una joven actriz.
Una tarde, mientras descansaba plácidamente en su cama, fue visitada por una mujer desconocida que, al igual que ella, había estado casada con ese hombre durante dos décadas. Ambas mujeres habían tenido cuatro hijos, pero sus matrimonios se desmoronaron cuando Valeria apareció en sus vidas.
Pero, aquella visita no era de confrontación. Las dos mujeres entablaron una conversación serena, casi de reconciliación.
De repente, Valeria se sobresaltó al escuchar un ruido extraño. Se irguió lentamente y se sentó en la cama, con la mirada perdida.
–No sé cómo he llegado hasta aquí –murmuró, estremeciéndose al reconocer una voz familiar.
–Hola, Valeria. ¿Puedo pasar?
Una mujer entró en su habitación. Se acercó con delicadeza y, con ternura, le tomó la mano.
–Tranquila, Valeria. Estás aquí porque necesitas ayuda.
Valeria retiró la mano con cierto resentimiento.
–Samantha… ¿cómo has soportado todo esto durante veinte años? Yo no puedo ni con unos meses.
Samantha suspiró.
–No ha sido fácil, pero uno aprende a lidiar con todo. Aunque nunca desaparece del todo.
–¿Cómo lograste perdonarle? –preguntó Valeria, con lágrimas en los ojos.
Samantha encogió los hombros.
–No lo sé. Supongo que porque lo amaba y quería mantener a mi familia unida. Pero tú no tienes por qué perdonar nada. Debes enfocarte en ti misma y en tu recuperación.
–Tienes razón –asintió Valeria–. Gracias por venir a verme, Samantha.
Samantha sonrió con suavidad.
–Siempre estaré aquí para ti. Y no te preocupes… me encargaré de que ese hombre pague por lo que te hizo.
Valeria cerró los ojos y exhaló profundamente. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que contaba con el apoyo necesario para superar aquellos momentos difíciles.
Anika



