Explorando la trayectoria y las reflexiones de un narrador que fusiona la realidad periodística con la ficción literaria
Javier Valenzuela Gimeno, nacido en Granada en 1954, es un destacado periodista y novelista español. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Valencia, ha desarrollado una prolífica carrera en el ámbito del periodismo y la literatura.
Inició su andadura profesional en la revista libertaria Ajoblanco durante la segunda mitad de los años setenta. Posteriormente, formó parte del equipo fundacional del Diario de Valencia, donde vivió acontecimientos como el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. En 1982, se incorporó a la redacción de El País en Madrid, desempeñándose como cronista de sucesos y cubriendo la Movida madrileña. Su labor como corresponsal lo llevó a destinos como Beirut (1986-1988), Rabat (1988-1990), París (1990-1993) y Washington (1996-2001). Entre 1993 y 1995, fue director adjunto de El País en Madrid. En 2013, fundó la revista mensual tintaLibre, vinculada al diario digital infoLibre, y en 2023 se incorporó como columnista a elDiario.es. Recientemente, febrero del corriente año, en la Revista Comversatorio de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos, ha publicado «Aterrizaje en Beirut».
Obra Literaria
Como escritor, Valenzuela ha publicado quince libros que abarcan desde el ensayo periodístico hasta la novela negra. Sus obras de ficción, ambientadas en escenarios como Tánger y Madrid, exploran temáticas de espionaje, corrupción y memoria histórica. Su narrativa se caracteriza por una profunda conexión con la realidad social y política, ofreciendo al lector una visión crítica y reflexiva de diferentes épocas y contextos geográficos.
A continuación detallamos sus novelas:
-
Tangerina (2015, Martínez Roca): Ambientada en el Tánger internacional de los años 1950, narra la historia de un periodista español que se ve inmerso en una trama de espionaje y pasiones en una ciudad cosmopolita y turbulenta.
-
Limones negros (2017, Anantes): Continúa la atmósfera tangerina, presentando una intriga que mezcla corrupción, narcotráfico y secretos del pasado en la enigmática ciudad norteafricana.
-
Pólvora, tabaco y cuero (2019, Huso): Situada en el Madrid de 1936, en plena Guerra Civil, la novela sigue a personajes vinculados al anarquismo y al feminismo que luchan por sobrevivir en un entorno de violencia y represión.
-
La muerte tendrá que esperar (2022, Huso): Cierra la trilogía «Tánger Noir», retomando personajes y escenarios de sus anteriores obras para desentrañar una compleja trama de intrigas internacionales en la ciudad marroquí.
-
Demasiado tarde para comprender (2023, Huso): Ambientada en la Movida madrileña de los años 1980, esta novela negra explora el mundo de la música, las drogas y las relaciones personales en una época de efervescencia cultural en España.
Reconocimientos
A lo largo de su carrera, ha sido distinguido con diversos galardones, entre ellos:
-
Encomienda de Número del Mérito Civil (2006) por su labor en la comunicación internacional de España.
-
Premio Especial de Periodismo de la Cartelera Turia (2018) por su trayectoria profesional.
-
Premio Café Español de relato corto (2019) por su relato «Hitler en Tánger».
Su obra destaca por su capacidad para entrelazar la realidad histórica y social con la ficción, ofreciendo al lector una visión profunda y crítica de diferentes épocas y contextos geográficos.
Ha compartido en diversas entrevistas reflexiones sobre su obra y visión del mundo. A continuación, algunas de sus declaraciones más significativas:
-
Sobre la novela negra y la violencia: «Una novela negra que tenga varios litros de sangre y varios kilos de vísceras por página es una mala novela negra. Una obra así solo revela la incapacidad de su autor«.
-
Acerca de la corrupción como tema literario: «La corrupción debería ser el gran asunto del género noir en España«.
-
Sobre su visión del periodismo: «Siempre he considerado el periodismo un género literario«.
-
En relación con su amistad con Mohamed Chukri: «Me honra decir que fui amigo de Chukri».
-
Sobre su perspectiva política: «El buen periodismo rechaza esa gilipollez de la equidistancia«.
La entrevista:
Cuestionario
HOJAS SUELTAS: Su primera novela, «Tangerina» (2015), nos transporta al Tánger internacional de los años 1950. ¿Qué le llevó a elegir esta ciudad y época como escenario de su debut en la ficción?
- JAVIER VALENZUELA: Siempre supe que mi primera novela transcurriría en Tánger. Es una ciudad que frecuento desde hace casi medio siglo y donde siempre me han ocurrido cosas extraordinarias. No es una ciudad gris, anodina, aburrida; es una ciudad vitalista y maravillosamente literaria. Además, es un balcón privilegiado para que un escritor en lengua castellana mire a España con distancia y con espíritu crítico, que es lo que hizo con maestría Juan Goytisolo en su “Reivindicación del conde Don Julián”. De modo que quise contar en esta mi primera novela una historia de españoles en Tánger y de sus relaciones con los marroquíes. El protagonista es Sepúlveda, un profesor del Instituto Cervantes, pero su novia es Leila, una farmacéutica tangerina, y su mejor amigo, el escritor rifeño Mohamed Chukri. Usé dos períodos para construirla: el año 1956 y el año 2002. Con el primero quise contar la genealogía de Sepúlveda. Con el segundo señalé que no tengo a Tánger como un territorio arqueológico, que quiero contar su transcurrir por el siglo XXI.
H.S.: En «Limones negros» (2017), retoma Tánger como escenario. ¿Qué aspectos de la ciudad le resultan tan inspiradores para ambientar sus tramas?
- J.V.:No me quedé satisfecho con “Tangerina”, le vi algunos defectos de debutante en la novela, así que me puse de inmediato a darle una continuación. Utilicé la misma ciudad y los mismos personajes, pero situándolos ya en pleno siglo XXI. Y añadí nuevos personajes, en particular el de Adriana Vázquez, con el que rindo un modesto homenaje a un estereotipo literario y cinematográfico que me encanta: el de la “femme fatale”, esa mujer hermosa, inteligente y valerosa que sabe buscarse la vida en un mundo de feroces lobos masculinos. Tánger siguió siendo un escenario inspirador en “Limones negros”. Yo presto mucha atención a los olores y en Tánger los olores adquieren una gran intensidad, tanto los de orín como los del jazmín. Dicho de otro modo, Tánger es un terreno propicio para la lírica y para el género negro. Yo no práctico la lírica, pero, como lector y aprendiz de escritor, creo que el género negro es ideal para contar nuestro mundo.
H.S.: «Pólvora, tabaco y cuero» (2019) se sitúa en el Madrid de 1936, en plena Guerra Civil. ¿Qué desafíos enfrentó al recrear esta época y cómo influyó su experiencia periodística en la construcción de la novela?
- J.V.: No quiero ser un escritor monotemático. No lo he sido nunca en medio siglo de periodismo y no quiero serlo como novelista. Así que, tras mis dos primeras novelas tangerinas, quise rendir un agradecido homenaje a la ciudad de Madrid, que me ha facilitado muchas de las cosas buenas de mi vida. Y quise hacerlo reviviendo su momento más terrible del siglo XX, el cerco militar de casi tres años al que la sometió el general Franco. Quería escribir sobre aquel Madrid que sonreía con plomo en las entrañas del que habló Antonio Machado, y quería escribir sobre sus anarquistas, los perdedores entre los perdedores de la Guerra Civil. Y así nació “Pólvora, tabaco y cuero”. Tuve que utilizar los recursos del historiador, pero no descarté los del periodista. Me pateé todos los escenarios de la novela para sentir su palpitar, y hablé con todos los supervivientes o hijos de supervivientes de la Guerra Civil que pude encontrar.
H.S.: Su trilogía «Tánger Noir» culmina con «La muerte tendrá que esperar» (2022). ¿Qué evolución experimentan los personajes a lo largo de la serie y qué mensaje desea transmitir con esta conclusión?
- J.V.: No hay novela si los personajes no evolucionan, si el autor no se transforma escribiéndola y si los lectores no terminan cambiados de algún modo al terminar de leerla. Quise culminar la trilogía “Tánger Noir” situando un puñado de historias en el final de la pandemia del covid. No para sumarme al lloriqueo por un período tan oscuro, sino, al contrario, para celebrar el regreso de la vida, el triunfo de la vida. Mis maestros son pensadores como Epicuro, Nietzsche y Albert Camus que no creían en los dioses y el más allá, sino en esta vida y en la obligación que todos tenemos ser lo más felices que podamos en ella.
H.S.: «Demasiado tarde para comprender» (2023) nos sumerge en la Movida madrileña de los años 1980. ¿Qué le motivó a explorar este periodo y cómo refleja la efervescencia cultural de la época en la novela?
- J.V.: Sentí que le debía una novela al Madrid en el que yo comencé mis treinta años de trayectoria en el diario “El País”, que fue el Madrid de comienzos de los años 1980, el Madrid tanto de la Movida cultural y festival como el de la inseguridad ciudadana a causa de los quinquis y la heroína. La historia de esta novela la cuenta la imaginaria Olga Sanz, la nieta de un anarquista de “Pólvora, tabaco y cuero” que es cronista de la Movida en Diario 16 y, por casualidad, tiene que cubrir un suceso espantoso. Olga Sanz es como mi hermana: yo era cronista sucesos en El País en los primeros años 1980 y también viví con intensidad juvenil la explosión cultural y festiva de la Movida. Hasta el punto de que me gasté un dinerito en producir un disco de un grupo punk llamado Desechables y que tuvo un final sangriento. Uno de sus miembros murió cuando intentó atracar una joyería y el propietario le disparó un tiro. El chaval era adicto a la heroína y llevaba una pistola de juguete. La novela recrea muchas historias reales de este tenor, a la par que las fiestas y los conciertos en el Rock Ola, El Penta o la Vía Lactea. Sin nostalgia, con una mirada divertida. No soy para nada un nostálgico, uno de esos que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Pero proclamo sin el menor complejo que la Movida fue un tiempo estupendo e irrepetible.
H.S.: Su carrera periodística le ha llevado a entrevistar a figuras como Nelson Mandela y el Dalai Lama. ¿Cómo han influido estas experiencias en su faceta como novelista?
- J.V.: Me han hecho valorar mucho la condición humana. La Historia, con mayúscula, no la hacen solo las fuerzas económicas y los movimientos militares, la Historia cambia para mejor por la acción de determinados individuos concretos dotados de valor, carisma y fibra moral como Mandela. Gente que cree que no vivamos el mejor de los mundos posibles y que trabaja para mejorar las cosas.
H.S.: Después de décadas en el periodismo, ¿qué le impulsó a adentrarse en la novela negra?
- J.V.: Siempre tuve claro que, en un determinado momento de mi vida, escribiría novela negra. Soy un lector adicto a este género desde los años 1970, mucho antes de que se pusiera tan de moda, cuando los que leíamos a Hammett y Chandler éramos mirado con desprecio por los que iban de intelectuales. Y siempre supe que yo terminaría escribiendo algunas novelas negras, que lo haría en el momento procesal oportuno. No veo la menor contradicción entre el periodismo y la novela realista. Siempre he abordado el periodismo como un género literario, el que cuenta con la mejor pluma posible historias verdaderas y verificables. La novela realista, por su parte, trata de historias verosímiles, historias que perfectamente podrían existir. Siempre me he considerado un escritor profesional. De no ficción, ejerciendo el periodismo, de ficción practicando la novela realista.
H,S.: Sus novelas abordan temas como la corrupción y el espionaje. ¿Considera que la ficción es una herramienta eficaz para denunciar realidades sociales?
- J.V.: ¡Claro! Y más aún en estos tiempos en que los grandes medios de comunicación no cuentan la realidad si esta afecta a sus propietarios, a saber, los bancos, los fondos de inversión, los multimillonarios tecnológicos. El periodismo actual, con la excepción de los pequeños diarios digitales impulsados por periodistas, cuenta la realidad mucho peor que el de hace 50 años, el de los tiempos de Watergate. Hace medio siglo los dueños del Washington Post eran una familia burguesa con valores democráticos, ahora es el magnate de Amazon obsesionado por el dinero. Por eso, ante la evidente censura practicada por los grandes medios, ahora se escriben en todo el mundo tantas novelas negras que cuentan historias absolutamente verosímiles de espionaje, manipulación y corrupción.
H.S.: La ciudad de Tánger es recurrente en su obra. ¿Qué representa esta ciudad para usted y cómo influye en su narrativa?
- J.V.: Soy granadino y tengo a Tánger como una ciudad andaluza, en el sentido cultural, no el político. Allí estoy como en casa. Hablando castellano, practicando el sentido del humor, comiendo bien, disfrutando de una hospitalidad cálida, tomándome la vida con calma. Yo creo que la Andalucía cultural va de Orán a La Habana, pasando por el sur de la Película Ibérica y el norte de África.
H.S.: En su obra periodística, ha analizado eventos como la Primavera Árabe. ¿Cómo se refleja su visión del mundo árabe en sus novelas?
- J.V.: La Primavera Árabe fue un intento de las juventudes de un montón de países, desde Túnez a Siria, de terminar con el autoritarismo y la corrupción de sus gobernantes y reivindicar la libertad, la justicia y la dignidad. Occidente no la apoyó porque prefirió seguir favoreciendo a sátrapas que le garanticen el orden y el petróleo. Eso me apenó y me apena mucho. Los árabes son mis hermanos y como tales los trato en mis novelas. Detesto esas novelas coloniales en las que los árabes de Tánger, El Cairo o Beirut solo tienen papeles de chófer o criada. En las mías los árabes tienen tanto protagonismo como los occidentales.
H.S.: ¿Qué diferencias encuentra entre el proceso creativo del periodismo y el de la escritura de ficción?
- J.V.: El periodismo tiene el gran reto de la veracidad. Lo que cuentas tiene que ser verdadero y tú tienes que poder demostrar que lo es. La ficción tiene la gran dificultad de la amenidad. Lo que cuentas tiene que atrapar a un lector que sabe de antemano que te lo estás inventando. Exige una escritura más excelsa.
H.S.: Su relato «Hitler en Tánger» fue galardonado con el Premio Café Español en 2019. ¿Qué significado tiene este reconocimiento en su carrera literaria?
- J.V.: Me alegró mucho. Yo nunca me he presentado a un premio periodístico o literario y me asombró y alegró el hecho de que alguien se diera cuenta del mérito de ese relato sin tan siquiera conocerme. Me pareció una prueba de que no todo está perdido en estos tiempos de narcisismo y exhibicionismo.
HS.: Ha participado en festivales literarios como Granada Noir. ¿Qué aportan estos encuentros a su desarrollo como escritor?
- J.V.: Aportan dos cosas muy nutritivas. Un tiempo de camaradería con otros autores, algo estupendo si se piensa que la escritura de una novela es un trabajo largo, duro y solitario. Y el encuentro con el público, ese descubrir que, afortunadamente, hay un montón de lectores extremadamente inteligentes. Los festivales literarios son esa pausa en que descubres que no estás solo.
H.S.: ¿Qué autores o corrientes literarias han influido en su estilo narrativo?
- J.V.: Muchos. El estilo conciso, directo y brillante de escritores estadounidenses como Hemingway, Hammett y Truman Capote, la vida y la obra de Albert Camus, la novela histórica popular de Pérez Galdós… Pero, como tantos otros escritores en castellano, tengo que decir que tengo en un altar el Don Quijote de Cervantes. Es insuperable.
H.S.: ¿Qué significa para usted la reciente publicación de «Aterrizaje en Beirut»
- J.V.: Es un relato periodístico sobre mi llegada como corresponsal de guerra al Beirut de la segunda mitad de los años 1980. Me lo encargó la Facultad de Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos y me alegró ver que aún hay gente que tiene memoria. Gente consciente de que ni la vida ni el periodismo empezaron con Internet.
H.S.: ¿Qué proyectos literarios tiene en mente para el futuro y qué temáticas le gustaría explorar?
- J.V.: Bueno, ahora estoy empezando un “noir” que transcurre en Málaga, la ciudad mas vibrante de la España actual. Me he impuesto un nuevo reto: quiero que sea una novela paródica, quiero que el lector sonría de vez en cuando. Es una especie de homenaje a nuestro gran Eduardo Mendoza, no lo oculto.
Agradecemos profundamente a Javier Valenzuela por compartir con nosotros su tiempo y reflexiones. Su trayectoria ejemplifica la convergencia entre el rigor periodístico y la creatividad literaria, ofreciendo obras que invitan a la reflexión y al análisis de nuestra sociedad. Le deseamos éxito en sus futuros proyectos y esperamos seguir disfrutando de su pluma incisiva y comprometida.
Redacción