Dijo el sabio griego que nada es comunicable por el arte de la escritura; tras apurar la copa de seca cicuta, su discípulo dilecto lo traicionó y acaso lo perfeccionó transmitiendo por escrito sus irónicos conocimientos. Como antes hiciera Montaigne, pienso que la obra de un autor se prolonga y modifica cada vez que se escribe sobre ella. La memoria, que fue oral y minoritaria, ahora se multiplica con cada palabra que integra y justifica el continuo universo, también llamado la Red.
La muerte de un viajante
Arthur Miller
Es difícil superar la intensidad dramática que Arthur Miller (1915-2005) vertió en una de sus obras maestras, Muerte de un...
Empédocles de Agrigento consideraba que las raíces del ser se asentaban en cuatro substancias fundamentales: fuego, agua, aire y tierra, de manera que todo...
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