¡Torero a la fuga!

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Camino de la iglesia, la novia le puso las esposas al novio Juan Ortiga. ¡CLAC!

—¿Qué pasa? ¿No te fías de mí? Creía que ser esposos era otra cosa.

En la calle, irrumpió Lito en un patinete eléctrico, impactó con tal fuerza sobre el novio, que se lo llevó sobre el patinete, se alejaron por el otro lado. ¡ZOUFFF! Por el choque, ambos tenían un chichón en la frente, los ojos locos, la lengua fuera.

—¿Veis? —dijo la novia—. Toda precaución es poca. ¡Pero le cazaré!

El patinete sólo se detuvo al chocar contra un montón de paja, en la finca de Juan Ortiga. ¡CLONC! Lito salió de la paja sin dientes, con la cara roja hinchada.

—¡Ayyy! —dijo—. ¿Cómo es posible? Si es un almiar.

El torero, también hecho polvo, apartó la paja, para que Lito viera lo que había dentro: ¡La fuente de piedra! “¡GRRR!”, a Lito se le llevaban los demonios.

Sin embargo, Lota les esperaba allí y se reía de lo lindo al verles. Tanto reía, que espantó al gallo, el cual aleteó hacia ella, le picoteó todo el cuerpo. “¡AHHH!”.

Lito cogió un palo, atizó al gallo en la cocorota, le dejó fuera de juego con un gran chichón. Pero, con los impulsos hacia atrás, Lito atizó sin querer un varapalo al caballo, que no se lo tomó muy bien. De una coz, mandó a Lito a volar.

Aterrizó en el corral del toro, que estaba rumiando y creyó que Lito quería robarle la comida. ¡POM! ¡POM! Corneó a Lito por la granja. Acabó todo escayolado en el hospital.

—He tenido muuucha suerte —dijo—. Podría haber sido peor.

La novia acechaba. Prometió pagar a Vamp-Hitler una fortuna si le devolvían al novio para San Valentín. Pensaba aplicarle una tortura china, antes de obligarle a casarse. Vamp-Hitler azuzó a su perra loba Blondi, para que Lito se vistiera de Cupido. Vamp-Hitler le dijo:

—Hala, ejerce tu espíritu de San Cobardín… digo, de San Valentín.

—Brrr —dijo Lito—. Estoy ridículo, ridículo.

Tomó una flecha, apuntó con el arco y disparó. “¡AINGGG!”.

—Inútil —le dijo Lota—. En vez de a Juan Ortiga, le has dado a Blondi.

Blondi tenía una flecha ventosa de plástico pegada en el coco. Le hizo mil carantoñas meneando la cola, a Lito, a quien ahora consideraba su amado amo.

Lito huía temeroso de la fiera Blondi. Por orden de Vamp-Hitler, el doctor Morel dio a Blondi un brebaje antídoto de su invención contra el mal de amores.

Blondi bebió el brebaje. Su cara se puso roja, luego verde, morada. “¡PUAGHHH!”. La pobre Blondi se agarró a un cubo de basura y vomitó lo más grande.

Viendo el percal, Juan Ortiga huyó a la feria de arte ARCO de Madrid, a camuflarse entre el gentío. Al notar que le seguían, se quedó inmóvil en una sala, vestido de torero, como si fuera una estatua moderna. Blondi se acercó a olfatearle mosqueada. “¡Grrr!”.

—Fuera, chucho, fuera de aquí —le dijo inmóvil Juan Ortiga.

Como Blondi no se iba, Ortiga sujetó su estoque del revés y le atizó en todo el coco. “¡AIIING!”. Blondi se retiró tambaleándose, con un gran chichón y la lengua fuera.

Lito y Lota subieron a Blondi a una bici en la calle, para que se recuperase. Mas la bici se embaló, Blondi hacía equilibrios, hasta que se empotró contra un muro. ¡PLOMM!

Aprovechando los carnavales, Juan Ortiga se disfrazó de elfo verde y dio su traje de torero a Lito para disimular. Lito se vistió de luces encantado. La novia se acercó por detrás, creyendo que era su prometido, y le zurró con un rodillo de cocina.

—¡Ahhh! —decía Lito—. Yo no soy el novio torero. Me ha engañado.

Para escapar, Lito subió a un coche eléctrico que, como el patinete, estaba manipulado por Solana, el genio de la Informática. Así despistó Lito a la novia, pues el coche eléctrico corría tanto, que salió volando y se topaba contra los árboles del camino.

Mientras tanto, Juan Ortiga, disfrazado de elfo, tomaba una copa, tan tranquilo, con su nueva novia, sentados dentro de una cafetería. Allí irrumpió el coche eléctrico que conducía Lito. ¡CRASSS! La que se lió. Salieron por los aires. Menudo susto se llevaron.

Tras el trompazo, Lito se acercó a Ortiga, que estaba grogui en el suelo.

—Qué golpe. ¿Me oyes? —le sacudía Lito—. Contesta si me oyes.

—Que nooo. Que no te oigo. ¿No lo ves?

¡PUMBA! Juan Ortiga, que parecía inconsciente, le soltó un puñetazo. Preocupado, Lito agarró una botella de whisky, se la enchufó a Ortiga en la boca y le dijo:

—Toma, toma whisky. Te sentará bien. Yo entiendo de esto.

Juan Ortiga tragaba el licor, se hinchó y… ¡BANG! Explosionó como un globo.

Al final, para los periodistas, los novios vestidos en la iglesia fingieron serlo Lito y Lota. Lito tenía cara de gran felicidad. Lota le remiraba con gesto asesino. “¡BRRR!”.

Por presumir, Lito tomó la varilla de un cohete con la boca y lo encendió. El cohete voló, subió y luego volvió al mismo Lito. ¡POMM! Le dejó todo negro carbonilla.

© Manuel del Pino. Febrero 2024

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Licenciado en Filosofía y Letras (Universidad de Granada, 1994). Publicó diversos artículos y varios ensayos. XIV Premio de Ensayo Becerro de Bengoa con 'La sonrisa de la esfinge' (Diputación de Álava, 2002). 'Olivas negras', novela policíaca, Editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2012. Publicó otras novelas en plataformas de internet y relatos policíacos en diferentes revistas y periódicos digitales.

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