Strabo – Capítulo 1 – parte 2/2

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Miré a Suom dándole a entender que poco más podíamos hacer allí. Lo único que habíamos conseguido era el nombre del impresor artesano. Ese sería, por tanto, el siguiente paso. Antes de salir terminé de recorrer la casa. Sus tres plantas estaban decoradas con gusto, pobladas de detalles elegantes y de suntuosos muebles de madera. No cabía duda: Vínan se había convertido en un hombre adinerado. Nos acercamos juntos al garaje y comprobamos que solo quedaba un hueco libre; el resto estaba ocupado por antiguos automóviles terrestres de marcas internacionales, lujosas y bien conocidas. Al salir, Suom emitió las órdenes de cierre y confirmación de abandono y regresamos a mi VTP. Mientras nos conducía hasta su domicilio, fuimos comentando cuanto habíamos visto y averiguado.

—Yo también accedí al gran «id-ox» y me dio la misma respuesta. Como habrás visto, cuando pides un título, el conector incorporado al lomo parpadea señalando su posición, igual que sucede en el modelo de biblioteca virtual. Del mismo modo, cuando solicitas un autor, parpadean todos los ejemplares que llevan ese mismo nombre. Por eso supe que el libro mencionado por mi hermano había desaparecido.
—Entiendo.
—¿Crees que podrás hacer algo?

—No lo sé. Apenas tengo información. Solo que un tal Derte Eclan fue quien lo sacó a la luz. No dice nada del autor. Nada más.

—¿Qué tienes pensado hacer?

—En primer lugar, visitar al artesano. Es posible que nos proporcione alguna pista. Claro que tampoco vendría mal conocer el nombre y la dirección de la empresa para la que trabaja ahora Vínan. Quizá también podamos obtener algo por ahí.
—Bien. Te lo mandaré a través del «id-ox», para que quede constancia.
—Gracias. Aunque me gustaría saber algo más.

—Claro. ¿Sobre qué?

—¿Qué opinión te merece cuanto está ocurriendo con tu hermano?
—Aún no he logrado formarme un criterio definitivo. No lo sé. Tal vez el cambio radical se deba, como te dije, al libro; fue lo primero que se me vino a la cabeza. Aunque también llegué a pensar que todo pudo producirse como consecuencia de su paso a la nueva empresa y del dinero que empezó a ganar. De cualquier forma, me resultó muy extraño que ni siquiera se despidiera.
—¿Piensas que han podido secuestrarlo?

—Es posible, Cárdel. Muy posible.

—¿Cabría la posibilidad de acceder a su «id-ox» o al gran «id-ox» de su domicilio?

—Al primero, imposible; ya te dije que niega toda comunicación como receptor. En cuanto a lo segundo, intentaré contactar con alguien que me ayude a, bueno, a que puedas entrar sin dificultad.

—¿Puedo saber de quién se trata?

—Es una amiga de la infancia técnica en comunicaciones OX. Por lo que sé, siempre estuvo enamorada de mi hermano y nunca dejó de permanecer cerca de él. No sé si él llegó a darse cuenta. Tal vez podría ayudarte. ¿Quieres conocerla? Es una joven que, de algún modo, añora la sociedad de finales del siglo XX, sin despreciar por ello los tiempos anteriores.

—Claro. Por si no te has dado cuenta, yo también soy un conservador; quizá un trasnochado, pero me gustaba más la sociedad de antes, cuando todavía costaba conseguir información o establecer comunicación y había que hacer un esfuerzo para lograrlo. Ahora todo se ha convertido en un mundo imposible, carente de esfuerzo. Todo resulta demasiado fácil.

—Pues, si te parece, le diré que venga. No tardará mucho; vive muy cerca de aquí. Así podremos almorzar juntos los tres. Bueno, si no te importa.
—En absoluto. Casi siempre almuerzo solo, y me alegra saber que hoy podré conversar mientras como. Entonces avisaré a mi VTP para que aparque cerca de aquí.
—Estupendo.

Suom me dejó unos instantes solo. Regresó poco después con una sonrisa apenas disimulada en los labios.

—Le he dicho que tengo aquí a una persona que desea verla y se ha puesto nerviosa. Supone que es mi hermano. Tal vez no debería haber jugado con sus sentimientos.

—Va a ser un contraste muy brusco.

—Es cierto.
—Tranquilo. Intentaré ayudarte en lo que pueda.
—Te lo agradezco, Cárdel.

La pantalla del «id-ox» se iluminó. Suom respondió:

—Adelante.

Y abrió la puerta. Poco después entró en el salón donde esperábamos, una mujer joven, de una edad muy próxima a la mía.

—Te presento a Brigan Tia.
—Encantado —respondí, ofreciéndole la mano.
—Yo también —dijo, mirándome a los ojos al tiempo que rozaba suavemente mis mejillas.

Suom intervino enseguida:

—Bien, sentémonos un rato. Acabo de pedir al horno que nos prepare unos deliciosos pollos noruegos con un oloroso vino blanco de Suecia. Abriremos una botella de tinto de Polonia y, después, tomaremos unos helados de frutas tropicales españolas.
—Estupendo menú —señaló Brigan.

—Parece muy apetitoso —dije yo.

—A pesar de lo agradable que pueda parecer este momento, tengo que darte una noticia —dijo Suom, dirigiéndose a Brigan.

—¿De qué se trata?

—Mi hermano ha desaparecido. Siento no habértelo dicho antes.
—Tranquilo. Ya no me afecta. Llevo tiempo intentando apartarlo de mi cabeza y, como últimamente ni siquiera admitía mis comunicaciones, decidí hacer por olvidarle.
—Eso me parece bien. Así dejarás de mortificarte.

—Al menos lo intentaré. Entonces, ¿cuál es el motivo de esta comida?
—Cárdel fue compañero de Vínan en la universidad. Sabe cómo es, o al menos, cómo era. Tiene sus mismos conocimientos. Ambos se especializaron en documentología. Más tarde sus caminos se separaron, aunque creo que mantuvieron una amistad cercana. Está ayudándome a buscarle.

—O sea, tú eres el alter ego de Vínan.

—No sabía que me consideraba así.

—Pues sí. Pocas fueron las ocasiones en que hablamos durante estos últimos años, pero antes de encerrarse casi como un ermitaño, solíamos sentarnos a conversar. De cuando en cuando se refería a ti como a su otro yo. Te tiene afecto y te estima mucho.
—Gracias por decírmelo, Brigan.—¿Y qué se supone que ha ocurrido?
—Tal vez deba ser Suom quien te responda. Yo solo intento ayudar a localizarlo.
—Comprendo. Entonces ponme en antecedentes, si no te importa —dijo, volviéndose hacia él.

—Por supuesto.

Durante unos minutos, Suom le resumió las horas transcurridas conmigo, así como la sospecha de que el último libro adquirido por su hermano hubiese sido el artífice de su supuesta desaparición. Habló también de nuestras dudas y de la posibilidad de que hubiese sido secuestrado. Ante esta última hipótesis, Brigan se mostró tajante.

—Lamento discrepar, pero a tu hermano no lo secuestra nadie, y menos desde que fue nombrado gerente número dos de la multinacional Praindere.
—No la conozco. Yo pensaba que era otra la empresa para la que trabajaba. Entonces elimina la información que te pasé hace un rato —dijo Suom, dirigiéndose a mí.

—Ni yo la conozco —respondí, mintiendo.

—Se trata de la competencia directa del grupo OX, para el que yo trabajo. Y cabe suponer que a un directivo de su importancia no lo dejan ni a sol ni a sombra, además de contar con un medio especial de desplazamiento, al máximo nivel. Supongo que su VTP lo conservará como otra reliquia más, ¿verdad?
—Pues no —respondió Suom—. Estuvimos hace poco en su casa y solo tiene allí antiguos coches terrestres. Su VTP no estaba.

—¿Y no has tratado de comunicar con él?

—Claro. Pero niega cualquier admisión.

—Como a mí. Entonces sí es preocupante. No creo que su cerebro se haya prostituido tan deprisa como para olvidar lo más esencial.

—¿A qué te refieres?

—A su idea de un mundo mejor, a la utopía que defendía y que fue la razón de que se marchara a los extremos de Nuevo Madrid.

—Creo que sabes mucho más de mi hermano que yo mismo.

—Tal vez.

—Dinos cuál era su ensoñación —pedí yo.

—Estaba convencido de que aún era posible volver a plantar y cuidar árboles. Pensaba que, a partir de ahí, y como consecuencia del descenso de la contaminación, podría lograrse, con esfuerzo, que plantas y animales volvieran a poblar el sur de Europa. En eso gastaba su tiempo y su energía. Llegó a formar parte de una especie de fundación, o de algo semejante, donde un buen número de trasnochados como él —técnicos de distintas materias y órdenes— trataban de converger para ayudar a la recuperación de Europa y, por extensión, del resto del planeta.
—Entonces su desaparición resulta aún más extraña, si me permitís —dije.
—Tienes razón. Bueno, la tenéis ambos. Tú, Brigan, porque en verdad yo no conocía debidamente a mi hermano; y tú, Cárdel, porque, como dices, todo esto apunta a la existencia de algo incomprensible. Su cambio radical hacia aquello que aparentemente rechazaba y que, además, le llevó a caer en manos de esa multinacional. Por cierto, ¿cuál es su principal actividad productiva?
—La explotación de medios de comunicación, la domótica y algo que les proporciona muchos más beneficios que a nuestra empresa: grandes áreas de explotación masiva de plantaciones de árboles, fundamentalmente en los países más próximos a los polos. Además, poseen numerosas plataformas en medio de mares y océanos; una vez eliminado el tránsito de barcos y abandonada la explotación petrolífera, las utilizan para la cría de distintas especies de peces destinadas a la producción de alimentos.

—Eso último no está mal —dije sonriendo.

—No estaría mal si no implicara alterar las grandes rutas migratorias de otros muchos habitantes del mar, cuyo número, curiosamente, disminuye de forma paulatina y misteriosa año tras año.

—Entonces sí es preocupante.

El «id-ox» de Suom le anunció que el almuerzo estaba preparado. Nos invitó a seguirle hasta una estancia contigua a la cocina. Eso sí: dispuso la mesa a la antigua usanza, con mantel, cubiertos, platos y copas de cristal. Después sacó una botella de vino tinto de Polonia, de medio litro, la abrió y repartió su contenido entre las tres copas. En la casa se desplazaba con soltura, sujeto a una plataforma deslizadora que suplía su insuficiencia física.

—Son caras, pero prefiero este tamaño —dijo, refiriéndose a las botellas—. No os preocupéis: aún me queda intacta la última caja, regalo de Vínan.

Terminamos de comer y regresamos al salón. Mientras él volvía a la cocina para obsequiarnos con un sorbo de café sudafricano, Brigan y yo hablamos de nuestros gustos e inquietudes más personales. No era guapa, al menos no de esa belleza que deslumbra a primera vista, pero poseía algo inquietante y atractivo. Y más aún al saber que su mente se esforzaba por desprenderse del sentimiento que seguía uniéndola a Vínan.

Cuando Suom regresó, volvimos al asunto principal de la reunión: la búsqueda del desaparecido. Durante dos horas trazamos un itinerario y una lista de lugares donde tal vez pudiéramos encontrarle. Después, Suom pidió a Brigan que hiciera lo necesario para darme acceso al sistema de Vínan. Más tarde se ofreció a acompañarme a la segunda vivienda, al norte del Estado.

—Por mí no hay inconveniente. Tengo autorización para salir del área de Nuevo Madrid cuando quiera.

—Eso iba a decirte —señaló Suom—. Mi VTP solo puede moverse dentro del área metropolitana, no más allá de ochenta kilómetros.

—¿Eres un hombre importante también? —preguntó Brigan.

—No lo soy. Pero sí tengo autorización para viajar con mi vehículo incluso fuera de Europa.

—¿Puedo verlo?

—Claro. Salgamos a la calle. Enseguida lo llamo: está aparcado cerca.

El VTP descendió lentamente hasta posarse frente a los tres, que aguardábamos juntos. Brigan lo observó con detenimiento y, al cabo, dijo:

—¿Y no eres importante, verdad?

—No sé a qué puedes referirte.

—Son muy pocos los ciudadanos que obtienen un nivel +7 y disponen de un modelo Varial-5 como este. Con él puedes moverte por los cinco continentes, ¿verdad?
—En efecto.

—Entonces, ¿puedes decirme quién eres y a qué te dedicas?

—Preferiría dejarlo para otro momento.

—Está bien. No insistiré.Tal vez más adelante.

—Claro, sin problema. Bueno, sin problema para mí, si te acompaño, claro.

—Bueno, dejemos esto, por favor —pedí con humildad.

—Es cierto, Brigan, déjalo ya. Si no puede decírnoslo, nos contentaremos con imaginar cualquier cosa y en paz.

—Vale, vale, no os molestéis. Por cierto, ¿cuándo salimos hacia la segunda casa de Vínan?

—Cuando hayamos entrado en su sistema y yo compruebe algo.
—Bien. Entonces me iré a casa para prepararlo. Volveré dentro de un rato para terminar y darte el acceso desde tu «id-ox».

—Estupendo, Brigan. Así podremos ir a la mía y salir mañana temprano desde allí.
—¿Puedo fiarme de él? —preguntó mirando a Suom.

—Eso lo dejaremos a la suerte. No puedo responderte.

—Yo tampoco —dije, riéndome.

Brigan salió a ocuparse de sus asuntos y yo me quedé tomando una copa de brandy con Suom. Vimos imágenes de cuando eran niños, en compañía de familiares y amigos, y esperamos hasta la hora en que regresó la nostálgica y platónica amante de Vínan. Al despedirnos de Suom, nos prometimos mantenernos en contacto e informarnos mutuamente de cuanto fuéramos descubriendo. Brigan avanzó con una bolsa hacia la puerta del VTP. Antes de subir, se volvió para abrazar a Suom. Luego entró en el vehículo y, nada más acomodarse, silbó, suspiró y dijo:

—Qué suerte tengo. Subo en el Varial-5 de un posible agente europeo.

—Por favor, Brigan, no le pongas en un compromiso. Guarda silencio —dijo Suom.
—Es cierto. Te agradecería que ahorrases tus comentarios para otro momento.
—Vale. No volveré a decir nada al respecto. Pero, Suom, acércate y echa un vistazo: este VTP es algo sublime.

—Venga, déjalo ya.

—Vale.

Me despedí de Suom, indiqué al VTP la dirección y nos elevamos hasta el nivel 7. Diez minutos después descendíamos frente al portal de mi casa, a escasos metros del centro cuatro del noroeste de la metrópoli Nuevo Madrid.

Capítulo 1/2

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Narrador. Fundador, director y editor de la extinta editorial PG Ediciones. Actualmente asesora y colabora en las editoriales: Editorial Skytale y Aldo Ediciones, del Grupo Editorial Regina Exlibris. Director y redactor del diario cultural Hojas Sueltas. Fundador en 2014 de una de las primeras revistas digitales del género negro y policial «Solo Novela Negra». Participa en numerosas instituciones culturales. Su narrativa se sustenta principalmente en la novela policíaca con dieciséis títulos del comisario del CNP, Roberto H.C. como protagonista, aunque realiza incursiones en otros géneros literarios, tales como la ficción histórica, ciencia ficción, suspense y sentimentales. Mantiene su creatividad literaria con novelas, relatos, artículos, reseñas literarias y ensayos.