Con esta publicación dedicada a Edurne Portela, Hojas Sueltas inaugura EL MES DE UNA VOZ, un espacio mensual para acercarnos a un/a autor/a de lengua española cuya participación en la vida cultural del mes anterior invite a detenerse en su escritura.
Una entrevista, un encuentro o la aparición de un libro serán el punto de partida para explorar su obra, escuchar sus reflexiones y ofrecer una lectura crítica, cercana e independiente. Nos interesan las preguntas que plantea la literatura y las formas que encuentra para expresarlas.
Comenzamos esta primera entrega con Portela y su manera de abordar la memoria, la violencia y la responsabilidad de contar una vida ajena.
La publicación de «No puedes quedarte aquí eternamente» permite acercarse a una escritora que cambia de género para interrogar la violencia. Entre el ensayo, la novela y la investigación biográfica, su trabajo plantea una pregunta incómoda: cómo comprender una experiencia ajena sin apropiarse de ella.
El 28 de octubre apareció No puedes quedarte aquí eternamente, de Edurne Portela. Su protagonista, Marie-Jeanne Echeverria, participó en la Resistencia contra el nazismo y sobrevivió a la deportación a Ravensbrück. Había compartido la lucha y la detención con su prima y madrina, María Josefa Sansberro, sobre quien Portela escribió Maddi y las fronteras. La nueva publicación desplaza la atención hacia la superviviente: importa también la existencia que hubo que reconstruir después del campo. Ese desplazamiento justifica detenerse en una escritura que pregunta qué queda de la violencia cuando parece haber terminado.
Dos días antes, Babelia publicó una entrevista de Jordi Amat con la autora. La conversación se había celebrado en septiembre: conviene distinguir ese encuentro de su difusión en octubre. Al explicar su cambio de herramientas respecto a la novela anterior, Portela empleó dos verbos decisivos: «narro, investigo». La asociación señala una decisión formal: hacer visible a quien busca y organiza las huellas de otra persona. Contar supone también explicar cómo se ha llegado a saber lo que se cuenta.

Nacida en Santurce en 1974, Portela se doctoró en Literaturas Hispánicas y enseñó en la Universidad de Lehigh, en Estados Unidos, hasta 2015. Su investigación sobre escritoras argentinas y trauma precede a una trayectoria que alterna ensayo y ficción. El eco de los disparos apareció en 2016; Mejor la ausencia, en 2017; después llegaron Formas de estar lejos, Los ojos cerrados y Maddi y las fronteras. Estos cambios de género invitan a una pregunta de lectura: qué necesita una historia que otra forma de contar no puede darle.
En el prólogo a la cuarta edición de El eco de los disparos, fechado en 2018, Portela se sitúa entre quienes guardaron silencio ante la violencia en Euskadi. Su argumentación adquiere interés porque incluye la posición desde la que escribe. El ensayo reclama memorias plurales, pero también rigor histórico frente a las justificaciones del daño. Conviene mantener juntas ambas exigencias: escuchar experiencias distintas no vuelve intercambiables los hechos ni las responsabilidades. Ese prólogo incorpora, además, una crítica recibida: la insuficiente atención a quienes se enfrentaron públicamente a ETA. Portela reconoce la objeción y precisa el alcance de su libro. Ahí aparece una virtud del ensayo entendido como conversación: puede volver sobre sus propios límites. El lector dispone de algo más útil que una declaración de buenas intenciones; encuentra un razonamiento que admite ser discutido. La responsabilidad de una voz también se mide por el espacio que concede a su rectificación.
La ficción permite observar otra operación. En las primeras páginas de Mejor la ausencia, Amaia cuenta desde la infancia con frases breves, repeticiones y enlaces sencillos. El vocabulario familiar —aita, ama, los hermanos— organiza su mundo. La niña percibe cambios de humor, prohibiciones y amenazas sin disponer siempre de palabras para interpretarlos. El lector adulto comprende más que ella y debe soportar esa distancia. La inquietud nace de la convivencia entre afecto y miedo. Una misma figura puede ofrecer ternura y ejercer autoridad intimidatoria. Portela deja que esa contradicción aparezca en la sucesión de gestos, sin resolverla mediante una explicación inmediata. Así, el lenguaje infantil cumple una función que excede la caracterización: muestra cómo se aprende a aceptar lo que todavía no se sabe nombrar. Leer esas páginas obliga a atender a lo pequeño, a la frase que cambia de sentido cuando recordamos quién puede pronunciarla y quién tiene que callarse.
En el arranque de Maddi y las fronteras surge otro problema. La protagonista interpela a quien reconstruye su vida: «¿Vas a convertirme en heroína? ¿En víctima?». La novela hace audible una objeción a su propio procedimiento. Dar una voz imaginada a una persona histórica puede acercarla al lector; también puede encerrarla en el papel que necesitamos atribuirle. Después, la primera persona adquiere energía mediante preguntas, exclamaciones, comentarios mordaces y acciones cotidianas. El movimiento de la bicicleta y la actividad del hotel conceden cuerpo y voluntad al personaje. La fe religiosa convive con el deseo de autonomía. En estas páginas iniciales, la contradicción evita que Maddi quede reducida a una función ejemplar. El interés literario reside en escuchar cómo se justifica, se entusiasma y juzga, con una vivacidad que una ficha biográfica difícilmente ofrecería. Pero la advertencia del comienzo sigue actuando: esa intimidad procede de una construcción narrativa.
El nuevo libro cambia el pacto. En su introducción, Portela explica que abandona la reconstrucción novelada. El fragmento publicado muestra entrevistas, fotografías y dudas que forman parte de la investigación. Hay un detalle especialmente revelador: contempla una imagen borrosa y considera convertirla en metáfora de la memoria; enseguida descarta el recurso por fácil. Ese pequeño rechazo permite examinar una exigencia de estilo: una imagen eficaz puede simplificar aquello que pretende esclarecer. Mostrar el trabajo de búsqueda ofrece al lector elementos para valorar lo contado. También plantea una dificultad: la presencia de quien investiga debe guardar proporción con la vida investigada. El fragmento permite formular esta pregunta, aunque no resolverla para el conjunto del volumen. Esta aproximación se apoya en los comienzos accesibles de las obras y en documentación contrastada; no sustituye una lectura íntegra del libro recién aparecido.
Portela ocupa, desde estos materiales, un lugar en la conversación literaria española sobre memoria y violencia donde la elección de perspectiva resulta decisiva. Su formación enlaza esa conversación con el estudio de experiencias latinoamericanas; el proyecto actual la lleva hacia la deportación nazi. Es necesario preservar las diferencias históricas. La afinidad que interesa aquí es una pregunta por la representación: desde dónde se cuenta, qué se puede saber y qué permanece fuera del alcance de la escritura.
Para entrar en su obra propondría dos caminos. Mejor la ausencia puede atraer a quien busque una voz narrativa que le haga reconocer tensiones familiares antes de explicárselas. Maddi y las fronteras ofrece una entrada a la relación entre documentos e imaginación, con una protagonista cuya vitalidad obliga a discutir las etiquetas. La novedad de octubre permite volver sobre ambas lecturas con una pregunta más precisa: cuando contamos una vida ajena, ¿sabemos reconocer el momento en que nuestra necesidad de comprender empieza a imponerse sobre ella?
Fuentes
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Jordi Amat, entrevista a Edurne Portela, Babelia / El País, 26 de octubre de 2026. Conversación realizada en septiembre. Entrevista.
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Edurne Portela, No puedes quedarte aquí eternamente, Galaxia Gutenberg, primera edición, octubre de 2026. Publicación fechada por la editorial el 28 de octubre. Ficha bibliográfica y fragmento consultado, especialmente pp. 11–19.
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Edurne Portela, Maddi y las fronteras, Galaxia Gutenberg, primera edición, marzo de 2023. Fragmento consultado, pp. 9–21.
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Edurne Portela, Mejor la ausencia, Galaxia Gutenberg, primera edición, septiembre de 2017. Fragmento consultado.
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Edurne Portela, El eco de los disparos. Cultura y memoria de la violencia, Galaxia Gutenberg, 2016; edición consultada de marzo de 2023. Fragmento: prólogo a la cuarta edición, fechado el 13 de mayo de 2018.
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Galaxia Gutenberg, nota biográfica de Edurne Portela, sin fecha.
BEATRIZ CASO – Punto y Seguido



