Enrique Vila-Matas, Premio Nacional de las Letras Españolas 2026

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La literatura como aventura de la inteligencia

El Ministerio de Cultura distingue al escritor barcelonés por una trayectoria que ha ensanchado los límites de la narrativa. Autor de Bartleby y compañía, El mal de Montano y París no se acaba nunca, ha convertido la lectura, la incertidumbre y el deseo de desaparecer en materia de ficción.

Enrique Vila-Matas ha sido galardonado con el Premio Nacional de las Letras Españolas 2026, según anunció el Ministerio de Cultura el 27 de octubre. El reconocimiento, dotado con 50.000 euros, distingue el conjunto de la obra de un autor español en cualquiera de las lenguas españolas. El jurado ha destacado «su influencia decisiva en la narrativa contemporánea» y ha valorado su originalidad formal, su diálogo con Borges y su vinculación con la tradición cervantina.

El premio reconoce una manera singular de entender la ficción: escribir también puede consistir en investigar por qué alguien deja de hacerlo, perseguir las huellas de un escritor que quiso pasar inadvertido o reconstruir una juventud literaria mediante recuerdos de fiabilidad incierta. En los libros de Vila-Matas, una lectura modifica una vida y una anécdota puede abrir una novela dentro de otra. El lector avanza por un territorio donde las certezas duran poco.

Nacido en Barcelona en 1948, Vila-Matas inició su actividad profesional en la revista cinematográfica Fotogramas. Su proyección internacional se refleja en una obra traducida a una treintena de idiomas y en reconocimientos como el Premio Herralde de Novela, obtenido en 2002 por El mal de Montano, y el Formentor de las Letras, que recibió en 2014 por el conjunto de su trayectoria.

La distinción permite volver sobre una escritura que hace de la duda un procedimiento narrativo. Sus personajes leen, viajan, se equivocan, recuerdan y ensayan explicaciones que ellos mismos terminan poniendo en cuestión. Bajo esa apariencia de conversación libresca aparecen asuntos muy concretos: la soledad, el fracaso, la necesidad de reconocimiento, el miedo a perder la identidad y la dificultad de encontrar un lugar en el mundo.

El humor resulta decisivo. Vila-Matas somete la solemnidad del escritor a una ironía persistente: quien pretende desaparecer puede sentirse decepcionado cuando nadie lo busca; quien estudia el silencio de otros acaba escribiendo un libro. Esa contradicción alimenta unas historias que invitan a pensar mientras desbaratan las expectativas del lector.

Estas son algunas de las obras que mejor permiten acercarse a su universo.

** Historia abreviada de la literatura portátil (1985): una conspiración de artistas.**
La novela inventa la historia de una sociedad secreta, la conjura shandy, en la que reúne a escritores y artistas como Federico García Lorca, Marcel Duchamp o Walter Benjamin. Para pertenecer a ella, la obra de sus miembros debe poder transportarse en un maletín. Con apariencia de investigación cultural, Vila-Matas mezcla personajes reales, episodios imaginarios y espíritu vanguardista. El resultado puede leerse como una celebración de la libertad artística, la ligereza y la insubordinación frente a las grandes solemnidades de la cultura.

** Bartleby y compañía (2000): el misterio de quienes dejan de escribir.**
Un narrador investiga a los escritores que han renunciado a la literatura o han quedado atrapados en el silencio. La figura que da título al libro procede del escribiente de Herman Melville y de su célebre resistencia a actuar. Mediante un diario compuesto por notas a un texto invisible, Vila-Matas entrelaza ficción y reflexión sobre los motivos de la renuncia. Su paradoja central sostiene todo el relato: indagar en la imposibilidad de escribir puede convertirse en una poderosa forma de creación.

** El mal de Montano (2002): vivir a través de los libros.**
El narrador padece una absorción tan intensa por la literatura que su experiencia del mundo queda atravesada por lecturas, autores y diarios ajenos. La obra combina novela, cuaderno íntimo, viaje y ensayo, y transforma esa obsesión en una indagación sobre la supervivencia de lo literario. Cabe leerla como el reverso de Bartleby y compañía: frente a la renuncia a escribir, aquí aparece una conciencia que apenas puede salir de la escritura. Con ella obtuvo el Premio Herralde de Novela.

** París no se acaba nunca (2003): el aprendizaje bajo la luz de la ironía.**
Un narrador revisita sus años de formación en el París de los setenta, cuando aspiraba a convertirse en escritor y vivía en una buhardilla alquilada a Marguerite Duras. El recuerdo de aquella juventud, marcado por la escritura de su primer libro y por el modelo de Hemingway, combina autobiografía, invención y ensayo. La ironía permite revisar las ilusiones del principiante y observar cómo fabricamos, con el paso del tiempo, el relato de nuestros propios comienzos.

** Doctor Pasavento (2005): desaparecer y esperar que alguien lo advierta.**
Inspirado por la figura del escritor suizo Robert Walser, el protagonista busca apartarse del mundo y desprenderse de su identidad pública. Sin embargo, su voluntad de desaparecer tropieza con una inquietud dolorosa: nadie parece buscarlo. La novela explora la tensión entre el deseo de anonimato y la necesidad de existir para los demás. La desaparición se convierte así en un problema íntimo, literario y moral.

** Dublinesca (2010): un editor ante el final de una época.**
Samuel Riba, editor retirado, emprende un viaje a Dublín con unos amigos durante el Bloomsday, la celebración vinculada al Ulises de James Joyce. Su crisis personal se cruza con la sensación de que una determinada cultura del libro está llegando a su término. La novela permite leer ese desplazamiento como una exploración del envejecimiento, la pérdida de una función social y la búsqueda de continuidad en un mundo que cambia.

El Nacional de las Letras ofrece una ocasión para regresar a estos libros y comprobar cómo se comunican entre sí. El silencio de unos escritores reaparece en el deseo de desaparición de otros; las lecturas se convierten en recuerdos y los recuerdos adquieren la forma de una ficción. Vila-Matas ha construido en esos cruces un espacio propio, donde cada historia deja abierta una pregunta sobre la siguiente.

Valentín Castro

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Nació en una aldea de A Coruña. Emigra con sus padres a Méjico. Licenciado en Comunicación y Periodismo por la Universidad Nacional Autónoma de México. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad Complutense de Madrid. Vive en Madrid, publica artículos y ensayos en diversos medios de comunicación mejicanos y españoles bajo varios seudónimos. Actualmente prepara una saga con personajes nacidos durante la ocupación de México por Hernán Cortés. Sus artículos y ensayos son efectistas, en ocasiones cáustico, y muy crítico. ES Redactor Jefe de Hojas Sueltas, dedicando su tiempo libre a escribir artículos con especial dedicación a la literatura y la historia.