El proceso de Zugarramurdi desencadenó una persecución que Alonso de Salazar Frías contribuyó a frenar al exigir pruebas de las acusaciones de brujería.
Los días 7 y 8 de noviembre de 1610, Logroño celebró un auto de fe que dejó seis personas ejecutadas por brujería y otras cinco quemadas en efigie, pues habían muerto durante su cautiverio. El castigo debía confirmar públicamente la existencia de una amenaza y el poder encargado de combatirla. Sin embargo, dentro del propio tribunal comenzaron a cobrar fuerza las dudas sobre las pruebas que habían permitido condenarlas. Turismo Zugarramurdi
La secuencia había comenzado en Zugarramurdi, localidad del norte de Navarra próxima a la frontera francesa. En 1608, María de Ximildegui regresó de Francia y afirmó haber participado en reuniones de brujas junto con vecinos del pueblo. Sus declaraciones provocaron acusaciones, presiones y confesiones. Aquellos relatos deben entenderse como testimonios producidos en un contexto de miedo; no acreditan que existieran las reuniones diabólicas descritas. A comienzos de 1609, el tribunal inquisitorial de Logroño abrió sus investigaciones. revista-hsj-historia.unavarra.es
El caso creció mediante denuncias encadenadas. Las confesiones hablaban de adoración al demonio, vuelos nocturnos y crímenes atroces. La repetición de determinados detalles parecía confirmar las sospechas de los inquisidores Alonso de Becerra Holguín y Juan del Valle Alvarado. Pero esa coincidencia también podía proceder de rumores compartidos y de las propias preguntas de los interrogadores. Los historiadores Julio Caro Baroja y Gustav Henningsen señalaron la importancia de esa circulación de relatos para comprender la persecución. revista-hsj-historia.unavarra.es
Salazar Frías, incorporado al tribunal cuando el proceso estaba en marcha, tampoco quedó inicialmente al margen de su funcionamiento. Su revisión fue progresiva. Antes del auto de fe ya objetó la insuficiencia de algunas pruebas, pero su posición se definió con mayor claridad después. Este matiz permite comprenderlo como un jurista que rectificó dentro de la institución a la que pertenecía. Sus discrepancias provocaron un enfrentamiento con sus colegas, que llegaron a atribuir su actitud a la influencia del demonio. Artxiboa
Las hogueras no detuvieron las acusaciones. En 1611, Salazar emprendió una visita por tierras navarras y vascas, amparada por un edicto de gracia. Durante aquella investigación reunió declaraciones de 1.802 personas, entre ellas 1.384 menores. La abundancia de confesiones planteaba una cuestión decisiva: ¿cuántas podían sostenerse mediante comprobaciones independientes? Turismo Zugarramurdi
Salazar examinó contradicciones, retractaciones y circunstancias de los supuestos encuentros. Buscó pruebas materiales y comprobó que las sustancias presentadas como ungüentos mágicos no demostraban los poderes atribuidos. También advirtió la importancia de las amenazas y de las expectativas de quienes interrogaban. Una confesión podía responder al deseo de librarse de nuevas presiones. Su conclusión fue que las declaraciones acumuladas no bastaban para demostrar los delitos denunciados.
La discusión llegó al Consejo de la Suprema Inquisición. En 1614 se aprobaron instrucciones que recogían buena parte de sus propuestas: extremar la comprobación de los hechos, registrar las contradicciones y evitar que las denuncias se convirtieran automáticamente en condenas. La imposición de silencio sobre estas materias pretendía frenar la propagación del miedo. Aquellas medidas limitaron decisivamente las persecuciones inquisitoriales, aunque la violencia contra personas acusadas de brujería continuó bajo otras jurisdicciones.
El valor histórico de Salazar reside en haber cuestionado cómo se fabricaba una certeza judicial. Las víctimas de Logroño ya no podían beneficiarse de sus investigaciones. Pero exigir que una acusación se comprobara ayudó a impedir que la repetición del mismo relato siguiera alimentando nuevas condenas.
Fuentes y referencias
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Navajas Twose, Eloísa, y José Antonio Sáinz Varela: «Una relación inquisitorial sobre la brujería navarra», Huarte de San Juan. Geografía e Historia, 17, 2010, pp. 347–371.
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Archivo Municipal de Bergara: «Salazar Frías, Alonso», con texto de Gustav Henningsen.
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Turismo de Zugarramurdi: cronología histórica del proceso y sus consecuencias.
Sebastián Arias – Punto y Seguido



