El Festival Internacional de Arte, Literatura y Humanidades CulturAlh, cuya segunda edición se celebra en Granada del 21 al 27 de septiembre, retiró la invitación cursada a la escritora argentina Ariana Harwicz. La autora, residente en Francia y finalista del Premio Booker Internacional en 2018, debía participar junto a Jesús Ortega en la conversación titulada Oponerse al mundo, prevista en una plaza pública de la ciudad.
La codirectora del festival, Patricia Escalona, confirmó que la invitación había sido rescindida. Según explicó, el rechazo comenzó cuando clubes de lectura vinculados a estudiantes de la Universidad de Granada manifestaron su oposición a leer las obras de Harwicz. La causa señalada fue la postura de la novelista contra el boicot cultural a Israel y contra la exclusión de creadores por su nacionalidad. Harwicz recordó que también se opuso a la desprogramación de artistas rusos después de la invasión de Ucrania.
La decisión definitiva llegó tras una carta remitida por la Red Universitaria para Palestina de Granada. La organización consideró improbable que pudiera mantenerse una conversación sobre literatura si el acto quedaba condicionado por protestas. Harwicz, por su parte, afirmó que el festival había cedido a presiones ideológicas y defendió que una institución pública debía garantizar tanto su participación como su seguridad. Su afirmación de que fue excluida por ser judía constituye su interpretación de lo sucedido; la explicación reconocida por el festival remite a su rechazo del boicot cultural.
El episodio plantea un conflicto que desborda este caso concreto. El boicot puede entenderse como instrumento de presión frente a las actuaciones de un Estado; sin embargo, cuando se aplica a escritores por sus opiniones o su identidad, surge el riesgo de sustituir el debate por la exclusión. También obliga a preguntarse si la posibilidad de una protesta justifica cancelar previamente una conversación.
MARCOS GÓMEZ PUERTAS – Punto y Seguido



