Del astillero de Gdańsk a la Mesa Redonda: una década de huelgas, clandestinidad y negociación que debilitó el monopolio político del régimen comunista
En agosto de 1980, una protesta obrera nacida en la costa báltica abrió en Polonia un espacio civil que el Estado ya no pudo cerrar por completo. Solidarność fue sindicato, movimiento social y escuela de ciudadanía. Su victoria no llegó de inmediato ni perteneció a un solo dirigente: necesitó organización, refugios institucionales, resistencia clandestina y capacidad para negociar.
Una sociedad cansada de obedecer
La República Popular de Polonia atravesaba una grave crisis económica, marcada por la deuda exterior, la escasez y las subidas del precio de los alimentos. Las protestas de 1970 en la costa báltica y las de Radom y Ursus en 1976 habían dejado muertos, detenidos y despedidos. De aquellas experiencias surgieron redes como el Comité de Defensa de los Obreros, que acercó a trabajadores e intelectuales y enseñó a documentar la represión, proporcionar asistencia jurídica y difundir información al margen de la censura.
Del astillero al país
El 14 de agosto de 1980 comenzó una huelga en el astillero Lenin de Gdańsk. El conflicto fue favorecido por el malestar general y desencadenado por el despido de la veterana activista Anna Walentynowicz. Lech Wałęsa encabezó el Comité Interempresarial de Huelga, que evitó reducir la protesta a las mejoras salariales del astillero y la mantuvo en solidaridad con otras fábricas.
Sus 21 reivindicaciones unían necesidades materiales y libertades públicas: sindicatos independientes, derecho de huelga, limitación de la censura y liberación de presos políticos. El Acuerdo de Gdańsk, firmado el 31 de agosto, obligó al Gobierno a aceptar buena parte de ellas. Las tablas donde fueron escritas, incorporadas en 2003 al Registro Memoria del Mundo de la Unesco, documentan el instante en que una reclamación laboral se convirtió en impugnación cívica del monopolio comunista.
Más que un sindicato
En vísperas de la ley marcial, Solidarność reunía alrededor de diez millones de afiliados entre unos doce millones de asalariados, según el Centro Europeo de Solidaridad. Su fuerza procedía de esa amplitud: trabajadores, técnicos, profesores, estudiantes e intelectuales encontraron un lenguaje compartido. El movimiento no pretendía inicialmente conquistar el Gobierno, pero su existencia demostraba que la sociedad podía organizarse y representarse sin tutela estatal.
La Iglesia católica proporcionó espacios relativamente protegidos, asistencia material y mediadores. La elección de Juan Pablo II y su visita a Polonia en 1979 reforzaron la confianza colectiva. Sin embargo, la jerarquía eclesiástica no dirigió Solidarność. Defendió derechos sociales, pero pidió moderación por temor a la violencia y a una intervención soviética. Una carta del Episcopado de marzo de 1981 revela esa posición: respaldo a una mayor justicia social, unido a la recomendación de avanzar con prudencia.
Represión y clandestinidad
En la madrugada del 13 de diciembre de 1981, el general Wojciech Jaruzelski impuso la ley marcial. Miles de opositores fueron internados, las comunicaciones quedaron intervenidas y las huelgas fueron sofocadas. En la mina Wujek, el 16 de diciembre, las fuerzas policiales mataron a nueve mineros. Solidarność fue suspendida y posteriormente ilegalizada; la ley marcial se mantuvo hasta julio de 1983. El Instituto de la Memoria Nacional conserva documentación sobre aquellas medidas represivas.
La organización pública fue desmantelada, pero sobrevivieron sus vínculos. Imprentas clandestinas, parroquias, colectas y redes de mensajeros sostuvieron una esfera informativa propia. Las mujeres desempeñaron una función decisiva, durante mucho tiempo relegada en el relato. Activistas como Helena Łuczywo y Joanna Szczęsna mantuvieron la prensa clandestina, especialmente el semanario Tygodnik Mazowsze, como documentó Shana Penn. La paciencia fue disciplina organizativa, no pasividad.
La negociación posible
El deterioro económico y las huelgas de 1988 convencieron al Gobierno de que la coerción no bastaba para recuperar la estabilidad. Entre el 6 de febrero y el 5 de abril de 1989, representantes del régimen y de la oposición celebraron las conversaciones de la Mesa Redonda. Solidarność recuperó la legalidad y fueron convocadas elecciones parcialmente libres.
En los comicios del 4 y el 18 de junio, sus candidatos obtuvieron los 161 escaños del Sejm sometidos a competencia y 99 de los 100 del Senado, según la Red Europea Memoria y Solidaridad. En agosto, Tadeusz Mazowiecki fue designado jefe del Gobierno.
El régimen no cayó por una sola huelga ni por la voluntad de un único héroe. Llegó exhausto a la negociación después de una década durante la cual la sociedad había creado instituciones, memoria y confianza fuera del Estado. Solidarność convirtió el tiempo en una forma de poder: supo replegarse sin desaparecer y negociar cuando el adversario ya no podía gobernar como antes.
Fuentes y referencias
- Centro Europeo de Solidaridad: How Did Solidarność Come To Be?
- Unesco, Registro Memoria del Mundo: Twenty-One Demands, Gdańsk, August 1980.
- Instituto de la Memoria Nacional: Martial Law in Poland, 1981–1983.
- Episcopado polaco: carta pastoral del 11 de marzo de 1981, edición del Roy Rosenzweig Center for History and New Media.
- Penn, Shana: Solidarity’s Secret: The Women Who Defeated Communism in Poland. University of Michigan Press, 2005.
- Red Europea Memoria y Solidaridad: Polish Legislative Elections of 1989.
Valentín Castro



