Eva Orúe y las explicaciones pendientes de la Feria del Libro de Madrid

0
80

La destitución de su primera directora abre una crisis que desborda el ámbito laboral. La principal feria literaria española necesita aclarar las razones institucionales del relevo y definir un proyecto capaz de preservar su carácter popular, su diversidad editorial y su proyección europea

La destitución de Eva Orúe como directora de la Feria del Libro de Madrid no puede considerarse un simple cambio de personal. La Asociación de Librerías de Madrid, titular jurídica y organizadora del acontecimiento, posee la facultad de nombrar y cesar a su dirección; pero la Feria ha adquirido una dimensión cultural, económica e institucional que obliga a exigir algo más que una fórmula administrativa. Cuando se decide poner fin de manera inmediata a una gestión de cinco ediciones, después de reconocer públicamente sus avances, el sector del libro y la ciudadanía tienen derecho a conocer qué proyecto ha quedado agotado, qué desacuerdos se han producido y hacia dónde se pretende conducir una de las principales instituciones culturales españolas.

Un cese inmediato y una explicación insuficiente

La Asociación de Librerías de Madrid comunicó el 6 de julio de 2026 la conclusión de la etapa de Eva Orúe, directora desde enero de 2022 y primera mujer que ocupaba el cargo. Pablo Bonet, secretario de la Asociación, asumió provisionalmente la dirección.

Orúe explicó que aquella misma mañana le habían comunicado su «despido inmediato», que no compartía las razones alegadas y que, por motivos de confidencialidad, no podía precisarlas. La Asociación tampoco las detalló. Su presidente, Luis Tigeras, habló de un cambio de etapa y explicó que, tratándose de un contrato de alta dirección, la pérdida de confianza permite el desistimiento empresarial. También descartó que el cese estuviera relacionado con la disminución de las ventas registrada en 2026. La decisión recibió después el respaldo mayoritario de la Asamblea General de la Asociación, celebrada el 9 de julio. EFE recogió estas declaraciones y la posición de ambas partes.

El problema reside en que «falta de confianza» puede ser una fórmula contractual válida, pero no constituye una explicación cultural ni institucional. Resulta difícil conciliar esa pérdida de confianza con el comunicado publicado por la propia Feria, en el que se atribuyen a los años de Orúe la profesionalización de la gestión, la transformación digital, una mayor sostenibilidad, mejoras de accesibilidad y el fortalecimiento de la programación y de la proyección internacional. La organización llegó a definir el periodo como cinco ediciones de transformación.

La confidencialidad laboral debe respetarse. Exigir transparencia no significa reclamar la publicación de conversaciones privadas, informes personales o datos protegidos. Significa solicitar una explicación institucional: qué aspectos del modelo dejaron de ser compartidos, qué objetivos no se alcanzaron, qué cambios reclamaban los libreros y en qué consiste exactamente la «nueva etapa».

Una reacción que revela malestar

El relevo ha provocado una respuesta poco habitual en el sector. La Asociación de Editores de Madrid, que reúne a más de 320 editoriales, reconoció expresamente la solvencia, la capacidad de liderazgo y el trabajo de Orúe. También recordó que, para numerosas editoriales pequeñas y medianas, la Feria representa una de las escasas ocasiones del año en que pueden mostrar directamente al público la riqueza de sus catálogos. El comunicado de los editores defendió la bibliodiversidad y el carácter colectivo de la Feria.

La librería Muga fue más lejos: abandonó la Asociación de Librerías de Madrid y, por tanto, renunció a participar en próximas ediciones. Su responsable afirmó que la manera de cerrar la etapa de Orúe no se correspondía con su dedicación ni con sus resultados. La decisión de Muga evidenció que el desacuerdo podía afectar a la cohesión interna.

Estas reacciones no demuestran por sí solas que la destitución haya sido injustificada. Sí demuestran que la explicación ofrecida no ha bastado para preservar la confianza de una parte del ecosistema editorial.

Mucho más que una feria madrileña

Fundada en 1933, instalada en el parque de El Retiro desde 1967 y organizada por la Asociación de Librerías desde 1982, la Feria del Libro de Madrid es la convocatoria anual más importante de España dedicada al libro y la lectura. En mayo de 2025 fue declarada Bien de Interés Cultural del Patrimonio Inmaterial. La declaración oficial reconoce su carácter popular y su relevancia para toda la cadena del libro.

Las cifras de 2026 permiten apreciar su magnitud: 523 expositores participantes, 587.014 ejemplares vendidos, una facturación de 9.862.888 euros y más de 730.000 visitantes únicos durante diecisiete días. La organización eleva la estimación total a unos 820.000 asistentes si se incluyen los menores que no detectan los sistemas basados en telefonía móvil. Además, 20.438 personas participaron en 417 actividades culturales. Balance oficial de la 85.ª edición.

Su relevancia europea debe explicarse con precisión. Madrid no cumple la misma función que Fráncfort, Londres o Bolonia, ferias orientadas principalmente a la negociación profesional, los derechos de autor y la compraventa internacional de contenidos. Su singularidad se encuentra en otro lugar: es una inmensa librería urbana al aire libre, abierta gratuitamente al público, en la que conviven venta directa, firmas, pensamiento, programación cultural y encuentro entre lectores y autores.

Esa naturaleza popular, sumada al Pabellón Europa, al Pabellón Iberoamericano y a la presencia de escritores, editores e instituciones de distintos países, convierte a Madrid en un puente especialmente valioso entre Europa y el espacio cultural en español. Su importancia no depende solo del volumen de negocio, sino de su capacidad para hacer visible la bibliodiversidad europea e iberoamericana ante cientos de miles de lectores.

El futuro ya está en marcha

El 29 de julio, la Asociación abrió el proceso para elegir una nueva dirección. Las candidaturas podrán presentarse hasta el 14 de agosto; un comité formado por representantes de librerías, editoriales y distribuidoras evaluará los proyectos; las entrevistas se celebrarán a mediados de septiembre y la incorporación está prevista para finales de ese mes. La decisión definitiva corresponderá a la Junta Directiva. La convocatoria reclama experiencia en gestión cultural, conocimiento del libro, liderazgo, planificación estratégica, captación de patrocinios e idiomas.

La elección no debería reducirse a encontrar una persona capaz de organizar casetas y programar firmas. El nuevo proyecto, según HOJAS SUELTAS,  tendría que afrontar varias cuestiones fundamentales:

  • Establecer una gobernanza más transparente y verdaderamente representativa de libreros, editores, distribuidores y demás agentes del libro.

  • Conservar los avances logrados en profesionalización, sostenibilidad, accesibilidad e internacionalización.

  • Garantizar la presencia de pequeñas librerías y editoriales independientes, evitando que el patrocinio comercial determine la jerarquía cultural del recinto.

  • Preparar un protocolo estable frente al calor extremo, las tormentas, los problemas de movilidad y los cierres de El Retiro.

  • Reforzar la dimensión nacional, con mayor presencia de territorios, lenguas y proyectos editoriales de toda España.

  • Profundizar en las relaciones con otras ferias europeas sin perder la identidad popular y abierta que distingue a Madrid.

  • Publicar cada año una memoria cultural, económica y organizativa que permita evaluar decisiones, resultados e incidencias.

La edición de 2027 será especialmente delicada: se cumplirán sesenta años de la llegada de la Feria a El Retiro y cincuenta de la Asociación de Librerías y de la Asociación de Editores de Madrid. Las memorias serán su eje temático, coincidiendo además con el centenario de la Generación del 27 y del nacimiento de Gabriel García Márquez.

Lectura de Hojas Sueltas

La destitución de Eva Orúe no debe resolverse mediante una confrontación entre adhesiones personales y silencios corporativos. La cuestión central es la responsabilidad cultural. Una asociación privada puede ejercer sus atribuciones laborales, pero cuando administra un Bien de Interés Cultural, utiliza un espacio público emblemático, recibe financiación institucional y representa internacionalmente al libro español, sus decisiones dejan de pertenecer únicamente al ámbito interno.

Explicar no significa vulnerar la confidencialidad. Significa tratar con madurez al sector y a los lectores. La Feria del Libro de Madrid necesita recuperar esa confianza antes de abrir una nueva etapa. De lo contrario, el relevo podría terminar pareciendo lo que precisamente una institución dedicada a los libros debería evitar: una historia a la que le han arrancado las páginas decisivas.

Valentín Castro