Juana María González presenta «La llama afuera» en Granada

La poesía encuentra su espacio: Juana María González presenta La llama afuera en Granada

La librería Inusual de Granada, sita en c/ Natalio Rivas, 7, acogió ayer, viernes 23 de octubre, a las 19:00 horas, la presentación de La llama afuera, el primer poemario de Juana María González. El pequeño recinto reunió a un público numeroso, hasta el punto de que muchos asistentes tuvieron que seguir el encuentro de pie. La cercanía entre quienes intervenían y quienes escuchaban propició una conversación en la que la lectura de los poemas se entrelazó con el acercamiento a la autora y a su mundo literario.

La autora durante la presentación en Librería Inusual

Fue una presentación poco habitual, en consonancia con el nombre de la librería. Los dos presentadores dedicaron una amplia charla a explorar aspectos personales de la escritora y a adentrarse en la esencia de su propuesta poética. Sus intervenciones ofrecieron distintas vías de entrada al libro, acompañadas por la lectura de varios de los poemas que lo componen. La palabra escrita encontró así su expresión en voz alta, con las pausas, los acentos y la respiración que cada lectura incorpora al texto.

Ese diálogo permitió aproximarse a una obra en la que confluyen el amor, el deseo, la pérdida y la búsqueda espiritual. La naturaleza tiene una presencia constante: árboles, aves, raíces, montañas y flores participan en la expresión de los afectos y de sus contradicciones. El cuerpo aparece atravesado por fuerzas que lo transforman, mientras el lenguaje de lo sagrado convive con la experiencia física y con la incertidumbre. Son algunas de las líneas que pueden reconocerse en los poemas publicados como adelanto del volumen.

La concurrencia y la atención del público dieron al encuentro el carácter de una lectura compartida. En un espacio reducido, la poesía reunió a lectores dispuestos a escuchar y a acompañar la aparición de una voz que llega al libro después de una prolongada relación con la literatura. La autora tuvo, además, un gesto de cercanía con el público al ofrecer personalmente a los asistentes un recuerdo dulce. Un detalle sencillo y afectuoso que añadió otro sabor al encuentro y acompañó la huella íntima de los poemas escuchados: una pequeña dulzura para llevarse consigo, junto con las palabras y la emoción de la velada.

Desde Hojas Sueltas ofrecemos este primer acercamiento a Juana María González y a La llama afuera.

Juana María González García: una trayectoria entre la investigación, la edición y la escritura

(c) Juana María González

Juana María González García nació en Jaén en 1981. Es profesora en la Universidad Internacional de La Rioja y editora en Editorial Canaima. Especialista en literatura española contemporánea, ha desarrollado una trayectoria que combina la docencia universitaria, la investigación del patrimonio literario y la creación poética.

Licenciada en Filología Española y doctora en Literatura Española por la Universidad de Granada, completó su formación con un máster en Humanidades Digitales. Sus investigaciones se han centrado especialmente en la Edad de Plata y en los archivos, las revistas y las correspondencias que permiten reconstruir la vida cultural de aquel periodo. Entre 2005 y 2009 fue becaria de investigación predoctoral en la Fundación Francisco Giner de los Ríos. En 2006 recibió el Premio Francisco Izquierdo de la Academia de Buenas Letras de Granada.

Su tesis doctoral, dirigida por Andrés Soria Olmedo, estudió las lecturas y los lectores de la Edad de Plata a partir de la correspondencia del librero León Sánchez Cuesta. También ha investigado la presencia de las escritoras en las instituciones culturales y su difusión durante la Segunda República. Es corresponsable, junto con Anna Cacciola, del Grupo de Estudios Literarios sobre la Mujer en España y Latinoamérica —GREMEL— de la UNIR.

Con La llama afuera, publicado por RIL Editores en 2026, da a conocer su primer libro de poesía y suma la experiencia de la creación a su trabajo como estudiosa y editora de literatura.

A continuación nuestro cuestionario en el que conversamos con ella sobre las decisiones de escritura, las imágenes y las preguntas que recorren su poemario.

HOJAS SUELTAS: Después de tantos años estudiando textos ajenos, ¿recuerda algún momento en que su propio poema le exigiera hacer algo que su criterio como investigadora habría cuestionado?

JUANA MARÍA GONZÁLEZ: No diría que haya habido nunca ningún conflicto entre ambas formas de relacionarme con la literatura. Quiero decir, son dos facetas de mi relación con la literatura que funcionan de manera distinta. La investigación me ha permitido cuestionar, contextualizar y analizar la poesía de otras personas. Mi poesía, en cambio, me permite explorar emociones o preguntas que no tienen respuesta inmediata o, incluso, para las que no tengo respuesta. En ese sentido, creo que la investigación me ha servido para tratar de comprender los textos de otros y la escritura me permite permanecer en la incertidumbre sin necesidad de comprenderla.

HS.: En los poemas publicados como adelanto, la voz se dirige con frecuencia a un «tú». ¿Necesita saber quién es ese interlocutor mientras escribe o el poema puede descubrirlo antes que usted?

JMG.: No necesariamente. Es decir, algunas veces sí que mi poesía se dirige a un tú claramente identificado, otras veces no. Precisamente jugar con esa ambigüedad me permite ser más libre en mi escritura y decir cosas que no podría decir de otra manera.

HS.: En «Licantropía», el deseo adopta imágenes de voracidad y violencia. ¿Qué trabajo de escritura requiere sostener esa intensidad sin que la imagen termine por imponerse a la emoción?

JMG.: Me parece muy interesante esta pregunta porque si se ha aplicado algún adjetivo a este libro recientemente ha sido el de “exclamativo” y “voraz”. Yo no siento este libro como excesivamente exclamativo o voraz o, al menos, yo no creo haber tenido un conflicto al llevar las imágenes al límite dentro del libro. Creo que mis imágenes no tratan de intensificar una emoción que ya existe si no, efectivamente, de encontrar la forma más adecuada de expresarlas. Si eso convierte a este libro en una especie de grito, no lo sé.

HS.: Las repeticiones dan a algunos poemas una cadencia cercana a la invocación. Cuando corrige, ¿cómo distingue entre una insistencia necesaria y una reiteración que debilita el texto?

JMG.: La verdad que me fío bastante de mi intuición y de la de las personas que han leído este libro. Yo corrijo bastantes mis textos, elimino muchas cosas y los estoy “podando” constantemente, pero es cierto que precisamente las repeticiones no son elementos que haya tenido que eliminar de mi escritura o de las que me haya arrepentido. Supongo que tiene que ver con que, cuando repito una palabra, una imagen o una estructura, trato de generar un ritmo o una especie de insistencia que me parece necesaria para el poema. En cualquier caso, no sé si tengo un criterio consciente y definido para distinguir cuándo una repetición funciona y cuándo no.

HS.: En uno de los poemas, la casa crece como un árbol y la intimidad familiar se prolonga hacia la tierra. ¿Qué posibilidades le ofrece la casa para escribir sobre aquello que compartimos y aquello que nos pertenece?

JMG.:La casa, el hogar, es el espacio donde más a solas estamos con nosotros mismos, quizás con el más auténtico de nosotros mismos, para bien y para mal. La casa puede ser un espacio hermoso, pero también inmensamente opresivo. Al fin y al cabo, es el lugar en el que construimos buena parte de nuestra intimidad, pero esa intimidad está atravesada por la presencia de los demás, por los vínculos familiares, por una memoria que no es exclusivamente nuestra.

Sin duda para mí es un espacio de referencia en mi escritura, un lugar desde el que nace y del que se escapa. Un lugar ambivalente, si lo podemos decir así, al que se pertenece, y donde compartimos con otros, pero al que no se pertenece en tanto que cada uno construye su propia relación con el mundo.

HS.: En estos versos, el cuerpo puede convertirse en animal, echar raíces o adquirir alas. ¿Qué le permite expresar la metamorfosis que no consigue decir manteniendo intacta la figura humana?

JMG.:La verdad que la idea de la metamorfosis y el renacimiento, incluso las naturalezas híbridas o los cíborgs, son imágenes muy sugerentes para mí en la escritura. Creo que todos los seres humanos somos híbridos de alguna manera, no somos identidades completamente cerradas sino en cambio permanente. Precisamente transformar las emociones o las situaciones emocionales del escritor en formar híbridas o procesos de metamorfosis me permite expresar mejor, cosas que serían más difíciles de expresar si el cuerpo permaneciera intacto.

HS.: En «Absalón» aparece un nombre que trae consigo una historia bíblica. ¿Qué espera que suceda cuando un lector desconoce esa historia: que la busque, que la intuya o que construya otro sentido?

JMG.:La historia de Absalón es una historia que me impactó mucho la primera vez que la leí. Absalón era uno de los hijos del rey David, un personaje atrapado en una cadena de violencia, injusticia y conflictos familiares. Yo creo, no obstante, que no es preciso que nadie busque la historia de Absalón para poder entender el poema. Sí que es posible que saber su historia permita al lector tener algunas referencias más. Saber por ejemplo que Absalón murió de manera trágica atrapado en un árbol puede ayudar a entender algunas de las imágenes que se traen al texto, pero tampoco es imprescindible. Yo creo que un poema debe tener vida propia, que cada lector construya su sentido a partir de lo que encuentre en él.

HS,; Su investigación sobre las escritoras le ha permitido conocer cómo se interpreta y se juzga su obra. Al publicar poesía, ¿ha sentido la necesidad de proteger la autonomía de su voz frente a una lectura exclusivamente autobiográfica?

JMG.: Sí, sinceramente. Detesto las lecturas biografistas o sexistas de la literatura. Por ejemplo, me molestaría mucho una lectura de un libro mío que tratara de explicar todo lo que sucede en él a partir de la experiencia personal, como si detrás de cada imagen hubiera un episodio concreto de mi vida. Me interesa que mi poesía se lea como literatura, atendiendo al lenguaje, a las imágenes, a las decisiones formales y a todo lo que un poema puede poner en juego, y no únicamente como una expresión de mi intimidad.

HS.: Como editora en Canaima, está acostumbrada a acompañar decisiones de otros autores. ¿Qué le ha costado más aceptar al ser usted la autora editada: una sugerencia de cambio, la supresión de un verso o que un poema se considere terminado?

JMG.:La verdad que, como es mi primer libro de poesía, y además soy bastante insegura, aunque depende para qué, no me han costado mucho las sugerencias de cambio que me han hecho los primeros lectores de este libro. Además, son personas a las que me une una amistad muy estrecha, así que me resulta bastante sencillo recibir su recomendaciones o sugerencias de cambio, suelo acogerlos bien. Eso no significa que haya incorporado todos esos cambios de manera sistemática pero sí que creo que he hecho caso en un porcentaje muy alto de los casos. Confío en su criterio y creo que entienden mi escritura. Yo creo que recibir una sugerencia no significa renunciar a tener un criterio propio sino en obtener nuestras perspectivas sobre un mismo tema.

HS.: Hay pasajes en los que la voz parece llevar su dolor hasta el límite de lo decible. ¿Qué le indica que un poema ha encontrado la forma de compartir ese dolor con el lector?

JMG.: La verdad que esta pregunta toca algo sensible en relación a mi escritura porque una de las cosas que más me atormentan cuando escribo poesía es precisamente no encontrar las palabras para expresar bien el dolor u otras emociones. Hay una batalla constante en la elección de las palabras que siempre me parecen, de algún modo, insuficientes y un trabajo constante para encontrar la forma más adecuada de expresión. Y, sin embargo, muchas veces termino llegando a la conclusión de que no se puede expresar del todo aquello que uno quiere decir, algo que atraviesa también el sentido de todo este libro.

HS.: Si leyera uno de estos poemas en clase sin revelar su autoría, ¿qué observación de sus estudiantes le interesaría especialmente escuchar?

JMG.: Que conectaron con las emociones del poema, que no entendieron nada pero que este les llevó a un abismo al que les gustaría seguir volviendo a asomarse.

HS.: Cuando alguien termine La llama afuera, ¿qué le gustaría que hubiera cambiado en su manera de prestar atención a una persona, a su propio cuerpo o a un ser vivo?

JMG.: Ojalá que quien lea La llama afuera también sienta que su corazón se enciende, que el libro despierte en esa persona una nueva forma de mirarse a sí misma y a otras personas y seres vivos, que se moviera algo en su interior, aunque no sepa ni cómo expresarlo.

Desde Hojas Sueltas agradecemos a Juana María González su cercanía, la generosidad de sus respuestas y la oportunidad de compartir esta conversación sobre poesía. Deseamos que La llama afuera encuentre lectores que se detengan en sus versos y descubran en ellos una emoción propia. Que este primer poemario tenga un hermoso recorrido y abra camino a los libros que están por venir.

Coordinación PILAR SANTISTEBAN – Punto y Seguido