Dos pinturas de Pierre-Auguste Renoir permanecen desaparecidas después del robo cometido el 8 de septiembre en el Museo Renoir de Cagnes-sur-Mer, instalado en Les Collettes, la residencia donde el artista vivió y trabajó durante sus últimos años. Las obras sustraídas son Madame Colonna Romano y Joven en el pozo, ambas cedidas temporalmente por el Museo de Orsay de París.
Según la reconstrucción inicial, dos personas accedieron al recinto hacia las seis de la mañana tras abrir un agujero en la valla del jardín y forzar una ventana. La operación duró menos de tres minutos. Los asaltantes se apoderaron inicialmente de cuatro pinturas, pero abandonaron en el exterior Retrato de Madame Pichon y Coco leyendo cuando se activó la alarma y llegaron las primeras patrullas. Las otras dos piezas consiguieron salir del museo y todavía son buscadas por la policía francesa, con participación de la oficina nacional especializada en tráfico de bienes culturales.
Además de su extraordinario valor artístico y económico, las pinturas desaparecidas poseen una compleja historia material. Ambas pasaron por manos de coleccionistas y marchantes relacionados con el expolio nazi durante la Segunda Guerra Mundial, antes de ingresar en las colecciones públicas francesas. Esta procedencia convierte su localización en una cuestión tanto policial como patrimonial.
El museo ocupa la finca adquirida por Renoir en 1907. Conserva obras, muebles, fotografías, documentos y objetos personales que permiten reconstruir su vida cotidiana y su etapa final. El robo ha obligado a cerrar temporalmente la institución y ha reabierto el debate sobre la vulnerabilidad de las casas-museo y los centros municipales pequeños, que custodian bienes excepcionales con recursos de seguridad frecuentemente inferiores a los de los grandes museos nacionales.
ANDRÉS LÓPEEZ – Punto y Seguido



