Ferdydurke,de Witold Gombrowicz

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Adentrarse en la lectura de Ferdydurke ha sido una de las experiencias más extrañas y desconcertantes que he tenido como lector. La publicación de esta novela en castellano ya es por sí misma una de las aventuras más estrambóticas y surrealistas que cabe imaginar y para explicar un poco el contenido de esta novela se hace necesario contextualizarla en el tiempo en que fue creada. La historia de su traducción al español es casi tan interesante y delirante como la propia novela. Así pues, hay que saber que Gombrowicz  fue un escritor polaco que tuvo que huir de su país al estallar la Segunda Guerra Mundial. Emigró a Argentina, en donde conoció a varios intelectuales, entre los que caben destacar Ernesto Sábato y el cubano Virgilio Piñera, que se interesaron notablemente por su obra (no en vano, fue Virgilio Piñera quien lo ayudó de una forma activa y desinteresada a traducir su novela). Lo curioso es que Gombrowicz apenas llegó a aprender el idioma español y la mayor parte del tiempo se entendía con sus amigos latinoamericanos hablando en francés. Por alguna razón, el escritor polaco logró interesar a sus colegas hasta tal punto que estos insistieron en realizar una traducción de su novela Ferdydurke, novela que, dicho sea de paso, tuvo un momento de gloria efímero en Polonia que se diluyó debido a la situación política de la época (primero la guerra y, más tarde, la dictadura comunista). Las dificultades lingüísticas a las que he aludido antes hicieron que Ferdydurke tuviera una traducción un tanto sui géneris, pues más bien consistió en una compleja reescritura que culminó diez años después de haberla comenzado, es decir, en 1947. Si a eso añadimos que Ferdydurke es una novela de un estilo muy experimental, llena de giros lingüísticos, neologismos y expresiones intraducibles, esto llevó a convertir la traducción al español en un complejo rompecabezas por el que varios críticos la han comparado con algunas obras de Joyce, como el mítico Finnegans Wake.

Tratar de explicar la trama de Ferdydurke tampoco es una tarea sencilla. No lo es en el sentido de que, contada de forma trivial, la novela pudiera parecer que es solo eso: un conjunto de banalidades o, a lo sumo, un esperpento surrealista, aunque si se analiza en profundidad, se descubre que el mensaje no es en absoluto tan intrascendente. Pero, mensajes aparte, al igual que sucede con las novelas de Joyce, el verdadero deleite de Ferdydurke consiste en dejarse llevar, pues en sus páginas el lector avezado encontrará una utilización del lenguaje que rehúye del convencionalismo, genrando una suerte de lectura extraña, que provoca tanta perplejidad como la trama misma, que se podría simplificar de un modo muy sencillo: el protagonista, un treinteañero llamado Joseph Kowalski se convierte repentinamente en un adolescente de dieciséis años. Las peripecias de Kowalski oscilan entre el erotismo y la ironía, todo ellos con un fondo surrealista que, al parecer, según el propio autor confiesa en el prólogo del libro, en ningún momento pretende ser una crítica política ni realista, sino que el objetivo del autor, nos confiesa, era ahondar en el tema de la inmadurez y de la forma. En palabras del autor:

Es un hecho que los hombres se ven obligados a ocultar la inmadurez y por eso su fachada sólo muestra lo que está maduro. Esa madurez exterior es una mera ficción. Si no se logra unir esos mundos, la cultura será siempre para el hombre un instrumento de engaño.

Concretamente, Gombrowicz  trata de hacernos ver al protagonista, convertido en un adolescente inmaduro, como una especie de hombre-masa que nunca actúa con un criterio personal, sino llevado por los demás, un personaje que lleva hasta el extremo su inmadurez. Si generalizamos la actitud del protagonista extendiéndola y contagiándola a todo el mundo, la crítica mordaz que nos arroja este libro es la de una sociedad enferma e inmadura que no termina de encontrar su forma, salvo precisamente en esa inmadurez. Es más, el autor nos muestra como esa inmadurez generalizada puede conducir de una manera muy peligrosa a la tiranía, al abuso por parte de un poder que somete a las masas inmaduras y cuya única solución para salir de ese atolladero es reaccionar buscando esa forma que se oponga al absolutismo. Este tema de fondo constituye una auténtica reflexión sobre nuestra propia sociedad y creo que su mensaje no sólo sigue vigente, sino que, en estos tiempos que vivimos esa realidad sea rabiosa y dolorosamente actual.

El acierto del escritor, a mi juicio, es que sabe transmitirnos esa problemática de un modo que todo se nos presenta como una farsa delirante, como una función circense protagonizada por payasos, con un sarcasmo deliberado y provocador, tan lacerante como agudo.

© JAIME MOLINA. Todos los derechos reservados. (Cicutadry)

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Linares (Jaén) en 1969. Licenciado en Informática por la Universidad de Granada, institución donde trabaja en la actualidad, compaginando su actividad profesional con el ejercicio de la Literatura. Colabora en el blog literario www.cicutadry.es del que es administrador web , asimismo en HOJAS SUEELTAS Periódico cultural con artículos y reseñas, especialmente del género noir. Comenzó a escribir a los diecisiete años, y ha cultivado sobre todo el género del relato corto, siendo autor de más de cuarenta cuentos, algunos de los cuales han resultado premiados en certámenes literarios. En el género de la novela corta destacan su obra “El fantasma de John Wayne”, premiada en el Certamen de Novela Castillo-Puche en 2008, y “El pianista acompañante”, premiada en el Certamen Rei en Jaume de Narrativa en 2009. Es también autor de otras cinco novelas, de las cuales “Ambos lados del paraíso” (Una casa respetable) ha sido premiada con el Premio de novela Juan Valera en 2009. Con su quinta novela, titulada “Lejos del cielo”, del género negro, obtuvo el Premio de novela Blasco Ibáñez Ciutat de Valencia en 2011. Su sexta novela, titulada “La Fundación 2.1”, es una novela que trata el mundo de las relaciones a través de las redes sociales. En su última novela publicada, “Días para morir en el paraíso”, se adentra en el terreno de la ciencia-ficción. “Camino sin señalizar” es su último trabajo en el que vuelve al género negro.