Envidio la flor del ayer,
hojas y pétalos anhelantes
de aquel bosque
donde los recuerdos descansan.
El rocío del amanecer
lava el sabor amargo
del largo camino recorrido,
borrando las huellas.
La hierba húmeda
reina en paz al son de la brisa
bajo las primeras hojas caídas
del verano que quedó atrás.
Me sentía triste y asqueado
al haber destruido las esperanzas
con las que quise consolarme
al amparo de mi imaginación.
Las estrellas reinaban,
hermosamente eternas,
en su condena de bogar
hasta el fin de los tiempos.
Atadas a un largo peregrinaje
que sobrepasaba la eternidad,
en cielos tan oscuros como conocidos,
pero de algún modo indistintos.
© Alexis Brito Delgado. Todos los derechos reservados.



