Escribir por necesidad: razones que empujan al texto

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A pie de página – El Arte de Escribir

Cuando no escribo, no me encuentro.”
— Carmen Martín Gaite

I. El texto como urgencia

Hay escrituras que se construyen desde la paciencia del artesano o la ambición del arquitecto. Otras, sin embargo, brotan como una herida. No se escriben por elección, sino por necesidad. Y no porque el autor haya de cumplir una entrega, un contrato o una vanidad, sino porque —de alguna forma profunda y no del todo racional— necesita escribir para no deshacerse. En esa zona oscura y fértil del deseo, la escritura se vuelve un acto de supervivencia. Y como todo lo que nace del instinto, no se justifica: se ejerce.

En un tiempo donde el oficio literario tiende a verse atravesado por la profesionalización, los algoritmos de visibilidad y la economía del clic, puede parecer ingenuo o romántico hablar de necesidad. Pero conviene recordarlo: durante siglos, quienes escribían lo hacían para comprender, para soportar, para sostenerse. La literatura no era solo una forma de expresión, sino de resistencia. Lo sigue siendo. Escribir por necesidad no es lo mismo que escribir por pasión. La pasión admite reposo, tregua, incluso abandono. La necesidad, en cambio, se impone. No concede descanso. Surge desde un lugar anterior a la voluntad. Como el hambre o la sed, exige ser satisfecha.

II. Formas de la necesidad

La necesidad de escribir no es una, sino múltiple. Se manifiesta bajo diversas máscaras, aunque todas surgen del mismo núcleo: una falta. Se escribe, en última instancia, porque algo nos falta. Como señalaba María Zambrano, “escribir es defender la soledad en la que se está”. En esa afirmación, tan sencilla como certera, se condensa la experiencia radical de quien necesita escribir: no lo hace para brillar ni para comunicar, sino para preservar un espacio interior frente al ruido del mundo.

Podríamos hablar, al menos, de cuatro formas de necesidad:

  1. Necesidad íntima: Aquella que nace del deseo de decir lo indecible. De fijar una emoción, una imagen, una sospecha. Se escribe como quien susurra a un interlocutor invisible. Ahí resuenan las páginas de Cuadernos de todo de Carmen Martín Gaite, donde la escritura se convierte en una forma de diálogo consigo misma: “Escribir es mi modo de estar sola sin sentirme sola”.

  2. Necesidad de comprensión: Quien escribe busca entender. La escritura ordena, selecciona, filtra. Antonio Muñoz Molina ha insistido en que no empieza a entender lo que piensa hasta que no lo ha escrito. En ese sentido, la página se convierte en espejo, pero también en laboratorio: lugar de prueba, de ensayo. Como decía Julio Ramón Ribeyro —aunque desde otro margen—, “la literatura es el lugar donde uno puede ordenar su caos”.

  3. Necesidad de permanencia: Escribir para no olvidar. Para guardar algo antes de que se disuelva. Andrés Trapiello, en sus diarios, escribe a diario como quien archiva el mundo: con urgencia, con obsesión, con ternura. La escritura diarística, en su caso, no es solo registro sino forma de vivir dos veces. En el fondo, todo diario es un acto de conservación, una resistencia contra el olvido. Del mismo modo, Josep Pla transformó la observación cotidiana en un gesto de preservación. Lo efímero encontraba cuerpo en sus cuadernos.

  4. Necesidad de reparación: Una escritura que consuela, que repara, que cicatriza. Clara Janés, en Rasguños de luna, escribe tras la pérdida de su padre no desde el homenaje sino desde el temblor. En esa escritura de duelo, la palabra se convierte en una forma de atravesar el dolor sin negarlo. No se trata de sublimar el sufrimiento, sino de reconocerlo y habitarlo.

Estas formas de necesidad no son excluyentes. A menudo se entrelazan, se superponen. El impulso de escribir rara vez responde a una sola causa. Lo que sí parece claro es que, cuando hay necesidad, el texto nace con otra carga: más densa, más grave, más honesta.

III. Desde la carencia: escribir cuando falta todo

A menudo, se escribe no solo desde la necesidad, sino desde la carencia. No por exceso, sino por vacío. Antonio Gamoneda, en Libro del frío, plantea una poética que nace del silencio y lo bordea. La suya es una escritura que no se impone, sino que se arriesga a desaparecer. Esta forma de escribir —seca, contenida, llena de huecos— no surge de una voluntad de estilo, sino de una imposibilidad de escribir de otra manera. Gamoneda ha escrito que “el sufrimiento es la energía de la poesía”. La afirmación no busca glorificar el dolor, sino reconocer que hay textos que solo pueden brotar de una herida. También desde el exilio, desde el desarraigo, han surgido algunas de las escrituras más necesarias de la literatura española del siglo XX. Max Aub, exiliado tras la guerra civil, escribe Campo francés desde el desgarro, la fractura, la pérdida. La escritura, para él, es un acto de testimonio, pero también de reconstrucción: “Escribir para no desaparecer. Escribir para no ser nadie.” Algo similar podría decirse de Rosa Chacel, cuya voz encuentra, desde el exilio, una forma de desafiar la desaparición. En sus memorias, el texto emerge como un modo de resistir al tiempo, de afirmar la singularidad frente a la historia colectiva. La escritura, en estos casos, no es un lujo, sino un salvavidas.

En otro extremo, Ana María Moix —pionera, poeta de tono bajo y mirada feroz— escribió en sus últimos años con un tono introspectivo que rozaba la confesión. En su caso, escribir parecía ser una forma de mantenerse a flote. Hay escritores que escriben con fuerza centrífuga. Otros lo hacen agarrados a un hilo, frágil, como quien intenta no caer.

IV. Resistir escribiendo

La necesidad no es solo interior. A menudo, es política. Se escribe también como forma de resistencia. Juan Goytisolo, desde su exilio autoimpuesto y su deliberado desarraigo, convirtió la literatura en trinchera. En sus textos no hay complacencia, sino una voluntad de confrontación. Señas de identidad no solo explora una crisis personal, sino también una crisis nacional, cultural, ideológica. Escribir, en su caso, era una forma de decir no. La crítica literaria española ha prestado atención a esta dimensión. Rafael Conte defendía que los escritores más valiosos eran aquellos que escribían “no por prestigio, sino por presión interior”. Por su parte, Ignacio Echevarría ha escrito sobre la noción de necesidad literaria como criterio de valor: “Lo que permanece en la literatura no es lo que se escribió por querer, sino lo que se escribió porque no se podía dejar de escribir.” También el crítico Jordi Gracia ha subrayado en varios ensayos —como en Estado y cultura— que la literatura verdaderamente transformadora surge no tanto de la complacencia como de una disconformidad radical, de una tensión. Y que esa tensión suele manifestarse como una necesidad: escribir porque algo no encaja, porque algo duele, porque algo pide ser dicho.

En tiempos de literatura de escaparate, esta idea adquiere un valor renovado.

V. Contra la escritura obligatoria

¿Se puede escribir sin necesidad? Por supuesto. Muchos lo hacen. Y no es ilegítimo. El mercado editorial, la escritura por encargo, la producción de contenidos han generado una inmensa masa textual escrita sin urgencia. No por ello necesariamente sin calidad, pero sí con otra temperatura, otro pulso. Sin embargo, quienes escriben desde la necesidad lo hacen con una voz distinta. Esa voz no siempre es más bella, ni más rotunda, ni más perfecta. Pero es más verdadera. Más cerca del temblor. “Lo que no nace del temblor, no tiene alma”, decía Luis Cernuda. En esta línea, es interesante recuperar la distinción que hacía Roland Barthes entre escritura y escritibilidad: mientras que la escritura implica una pulsión, un impulso creativo que no se puede controlar del todo, la escritibilidad se refiere a la posibilidad de producir texto. Se puede ser capaz de escribir sin tener nada que decir; pero cuando hay algo que se impone desde dentro, el texto nace con otra urgencia.

La crítica feminista también ha abordado esta tensión. Luisa Etxenike ha defendido que la escritura de muchas autoras ha sido, históricamente, una respuesta a la falta de espacio, a la necesidad de nombrar una experiencia silenciada. En sus palabras: “Escribir ha sido, durante siglos, una necesidad porque no se nos dejaba hablar.”

VI. El lugar de lo no dicho

Hay quien sostiene que escribir calma. Que, una vez dicho, el dolor se reduce, el caos se ordena. Pero también hay escritores que creen lo contrario: que escribir aviva, ahonda, reabre. En ambos casos, lo cierto es que la escritura modifica. Cuando se escribe desde la necesidad, el texto se convierte en extensión del cuerpo. En lugar donde lo no dicho encuentra forma. Como señala la ensayista y escritora Berta García Faet, “lo que escribimos no es lo que somos, pero tampoco somos lo que callamos: somos ese gesto de intentar decir”. La escritura no es identidad, sino tentativa.

También Fernando Aramburu ha explorado en sus ensayos cómo el dolor colectivo —como el causado por el terrorismo en Euskadi— genera en algunos escritores una forma de necesidad narrativa que trasciende lo personal. La novela, en esos casos, se convierte en instrumento de memoria, pero también de desahogo. En La utilidad de lo inútil, Nuccio Ordine recordaba que lo más valioso no es siempre lo más útil. La literatura, al margen de su función, tiene un valor innegociable cuando nace de la necesidad. Porque entonces no solo comunica: conmueve. No solo representa: transforma.

VII. Epílogo: un lugar donde sostenerse

Se escribe por muchas razones, pero solo unas pocas resisten el paso del tiempo. La necesidad es una de ellas. Porque no responde a modas ni a estrategias. Porque no necesita justificación. Porque nace de lo más hondo. Hoy, más que nunca, en medio de una inflación de palabras, conviene prestar atención a ese tipo de escritura. No es la más brillante, ni la más premiada. Pero es la que perdura. La que, leída en voz baja, sigue latiendo.

A Pie de Página, allí donde a veces se esconden las verdades más íntimas, se mantiene viva esta certeza: la literatura no nace del querer, sino del necesitar. Y escribir, a veces, no es una elección: es el modo de no romperse.

Autores y obras citados

Carmen Martín Gaite

  • Cuadernos de todo: publicado por Siruela (2002). Recoge textos personales y reflexivos.

María Zambrano

  • Cita: “Escribir es defender la soledad en la que se está” procede de sus ensayos (especialmente en Claros del bosque).

  • Obra relevante en este contexto: Filosofía y poesía y Delirio y destino.

Antonio Muñoz Molina

  • Reflexión sobre la escritura como forma de pensar. Coherente con múltiples entrevistas y artículos del autor (ver columnas en El País y prólogos a sus libros).

Andrés Trapiello

  • Salón de pasos perdidos (serie de diarios personales): citada indirectamente.

  • Mención a su impulso de escritura diaria para conservar lo vivido: aparece en varios tomos de sus diarios.

Clara Janés

  • Rasguños de luna: publicado por Siruela (1996). Obra poética posterior a la muerte de su padre.

  • Combina emoción íntima y una forma de duelo simbólico.

Antonio Gamoneda

  • Libro del frío: publicado por Tusquets (1992). Uno de sus libros más destacados.

Max Aub

  • Campo francés: parte del ciclo El laberinto mágico (publicado entre 1943 y 1968).

Rosa Chacel

  • Mención al exilio y la memoria en su obra

  • Obras relevantes: Memorias de Leticia Valle, Alcancía (diarios y memorias).

Ana María Moix

  • Referencia al tono confesional e introspectivo en su obra tardía.

  • Obras relevantes: No time for flowers, 24 horas con la Gauche Divine y poesía dispersa en antologías.

Juan Goytisolo

  • Señas de identidad: publicada en 1966. Primera parte de su trilogía del exilio.

  • Escribir como resistencia es una idea central en su obra y entrevistas.

Rafael Conte

  • Crítico literario español influyente, especialmente en El País.

Ignacio Echevarría

  • Ensayos críticos sobre ética literaria y valor literario, publicados en El Cultural y Revista de Occidente.

Jordi Gracia

  • Ensayo Estado y cultura (Anagrama, 2006): explora la relación entre cultura y poder.

Luis Cernuda

  • Cita “Lo que no nace del temblor, no tiene alma” refleja bien su estética poética (especialmente en La realidad y el deseo).

Roland Barthes

  • Distinción entre escritura y escritibilidad: tomada de El grado cero de la escritura (1953).

Luisa Etxenike

  • Escritora y articulista. La idea de que las escritoras han escrito por necesidad ante el silencio histórico está contextualizada en sus artículos de prensa y conferencias.

Berta García Faet

  • Escritora y ensayista. La frase citada: “lo que escribimos no es lo que somos, pero tampoco somos lo que callamos: somos ese gesto de intentar decir” resume ideas expresadas en entrevistas recientes (revistas como Oculta Lit, Zenda).

Fernando Aramburu

  • Mención a su obra sobre el dolor colectivo (por ejemplo, Patria, 2016)

Nuccio Ordine

  • La utilidad de lo inútil: publicado por Acantilado (2013).

REDACCIÓN por PUNTO Y SEGUIDO

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