El pasado 4 de septiembre de 2025 Córdoba volvió a situarse en el mapa internacional de la música clásica con la inauguración del Festival Internacional de Piano “Rafael Orozco”, una cita que, desde hace más de tres décadas, se ha consolidado como uno de los referentes europeos dedicados al repertorio pianístico. El encargado de abrir esta edición fue Javier Perianes, uno de los intérpretes españoles de mayor proyección mundial, distinguido por la crítica y el público por la elegancia de su fraseo y la hondura de sus interpretaciones.
El festival, que rindió homenaje a la memoria del gran pianista cordobés Rafael Orozco —figura de prestigio internacional en las décadas de 1970 y 1980—, mantuvo en esta edición su doble propósito: preservar el legado artístico de Orozco y, al mismo tiempo, ofrecer un espacio de encuentro para las principales figuras del piano contemporáneo junto con jóvenes intérpretes emergentes. En 2025, la programación se articuló en torno a dos ejes: por un lado, el diálogo entre el gran repertorio romántico y las corrientes pianísticas del siglo XX; por otro, la presencia de músicos españoles con trayectoria internacional, en consonancia con el carácter mediterráneo y cosmopolita de la ciudad.
El recital inaugural de Javier Perianes constituyó, en este contexto, un acontecimiento de especial relevancia. El pianista onubense, Premio Nacional de Música en 2012, había desarrollado ya una carrera sólida en escenarios como el Carnegie Hall de Nueva York, el Concertgebouw de Ámsterdam, la Philharmonie de Berlín o el Teatro Colón de Buenos Aires. Su repertorio, que abarca desde Mozart y Beethoven hasta Albéniz, Granados y Falla, fue el punto de partida de un programa concebido expresamente para la ocasión, combinando obras de Frédéric Chopin y Claude Debussy con piezas de Manuel de Falla, en un guiño tanto a la tradición europea como al acervo musical español.
La elección de Chopin y Debussy no fue casual. Ambos autores representaron, cada uno en su tiempo, una exploración poética del teclado que dialogó con la sensibilidad del público cordobés, habituado a la riqueza tímbrica y expresiva de la música. A ello se sumó Falla, cuya impronta andaluza conectó directamente con la memoria cultural de Córdoba y enlazó con la labor del propio Rafael Orozco en la difusión de la música española en escenarios internacionales. El recital se celebró en el Gran Teatro de Córdoba, cuya acústica y cercanía favorecieron una experiencia de escucha íntima, adecuada para apreciar los matices de un intérprete como Perianes.
Más allá del concierto inaugural, el festival propuso a lo largo de septiembre una amplia agenda de actividades: clases magistrales impartidas por pianistas invitados, conferencias sobre la vida y trayectoria de Orozco, así como encuentros con estudiantes de los conservatorios andaluces. Con ello reforzó la dimensión pedagógica de un certamen que, además de programar conciertos, buscó impulsar la formación y la divulgación musical.
La inauguración con Javier Perianes no solo marcó el inicio de la programación, sino que también simbolizó la continuidad de una tradición: la de un festival que convirtió a Córdoba en capital del piano y que mantuvo vivo el recuerdo de Rafael Orozco. En un mundo cultural marcado por la fugacidad de los eventos, esta cita demostró la vigencia de un modelo que combina excelencia artística, compromiso pedagógico y arraigo local. La expectación que despertó cada año confirmó que, a través de la música, Córdoba siguió tendiendo puentes entre su historia y el presente.
Redacción



