04-Concha Espina: la luz y la sombra de una voz silenciada

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Una escritora leída, premiada y olvidada

En los primeros compases del siglo XX, pocas autoras alcanzaron la proyección, el reconocimiento y la influencia de Concha Espina (Santander, 1869 – Madrid, 1955). Prolífica, respetada por sus contemporáneos y varias veces propuesta para el Nobel, fue figura habitual en la prensa cultural de su tiempo y una presencia constante en el paisaje literario español. Su estilo, depurado y simbólico, supo combinar la sensibilidad poética con una aguda capacidad de observación social, particularmente en lo que atañe al papel de la mujer en la España de su tiempo.

Pese a todo ello, su nombre se ha ido difuminando con el tiempo, atrapado en una suerte de limbo literario que combina prejuicios ideológicos, sesgos de género y una relativa dificultad de acceso a sus obras. Hoy, releer a Concha Espina supone un ejercicio de restitución, pero también una oportunidad para dialogar con una literatura exigente, honesta y valiente.

Una vida fuera del canon

Nacida en el seno de una familia acomodada cántabra, María de la Concepción Rodríguez-Espina adoptó el seudónimo de Concha Espina como forma de independencia intelectual en un tiempo en que escribir —y más aún publicar— no era tarea común para las mujeres. En su juventud residió durante un breve periodo en Chile, país al que se trasladó tras casarse con Ramón de la Serna, de quien acabaría separándose en 1909, cuando ya vivía en Madrid con sus hijos.

Esta separación, todavía poco habitual en la España de la Restauración, fue el inicio de una vida autónoma centrada en la escritura. Su producción literaria comenzó pronto y no se detuvo en las décadas siguientes. Llegó a publicar más de sesenta títulos entre novelas, cuentos, ensayos, biografías y libros de viajes, con especial notoriedad durante los años veinte y treinta.

A partir de 1924, comenzó a perder la vista debido a una enfermedad degenerativa, aunque esto no interrumpió su actividad: dictaba sus textos a una de sus hijas, demostrando una determinación infrecuente. Murió en Madrid en 1955, reconocida oficialmente —fue Premio Nacional de Literatura en 1927— pero ya al margen de las principales corrientes literarias.

Entre lo íntimo y lo social

La obra de Concha Espina se mueve entre dos registros que, en sus manos, no resultan excluyentes: el simbolismo lírico y la crítica social callada, expresada siempre desde la experiencia emocional de sus personajes. Lo rural y lo femenino se entrelazan en su narrativa, sin caer nunca en la caricatura ni en el costumbrismo fácil.

Uno de sus títulos más representativos es La esfinge maragata (1914), ambientada en un pequeño pueblo leonés. La protagonista, Genoveva, se ve forzada a un matrimonio concertado que rechaza, desafiando tanto la autoridad familiar como las convenciones sociales. La novela, que fue adaptada al cine en 1950, muestra ya el rasgo central de su literatura: la resistencia callada de las mujeres frente al orden patriarcal, articulada más en términos éticos que políticos.

Otro ejemplo es Altar mayor (1926), donde el conflicto entre vocación religiosa y deseo humano se resuelve con una profunda carga simbólica, en una atmósfera de introspección casi mística. Esta novela le valió el Premio Nacional de Literatura, distinción poco habitual para una mujer en la España de la época.

En Retaguardia (1937), escrita durante la Guerra Civil, Espina adopta una posición ideológicamente alineada con el bando franquista, lo que ha dificultado su recuperación crítica en las últimas décadas. Sin embargo, el texto sigue fiel a su estilo introspectivo y más literario que político.

Reconocida y relegada

La figura de Concha Espina fue en su tiempo celebrada y ampliamente leída. Participó en certámenes internacionales, fue miembro de academias extranjeras, y colaboró con asiduidad en publicaciones como Blanco y Negro, La Ilustración Española y Americana o ABC. Fue propuesta como candidata al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones, aunque la Academia Sueca nunca le otorgó el galardón.

En el año 1926, el propio Ramón Pérez de Ayala destacaba la «dignidad ética y estética» de su obra, subrayando su habilidad para conjugar «belleza verbal y penetración moral». Aun así, a partir de la posguerra, su nombre fue perdiendo peso en el imaginario literario español, sustituido por nuevas corrientes estilísticas y nuevos nombres. El canon académico, marcado durante años por una visión androcéntrica de la literatura, la excluyó sistemáticamente.

Su adscripción ideológica, próxima al nacionalcatolicismo, tampoco facilitó su incorporación a las lecturas feministas de los años setenta y ochenta, que prefirieron rescatar voces más combativas o marginales.

Un rescate crítico necesario

La revisión contemporánea de autoras invisibilizadas ha puesto de nuevo el foco en figuras como Concha Espina, cuya obra, aunque no radicalmente rupturista, supuso una aportación esencial a la construcción de una sensibilidad narrativa femenina en el siglo XX.

Lejos del feminismo militante, Espina eligió la vía de la ética narrativa y la voz individual, construyendo personajes femeninos complejos, sometidos a dilemas morales intensos, con un lenguaje cuidado y, a menudo, simbólico. No hay en sus novelas heroínas ejemplares ni manifiestos ideológicos, sino mujeres enfrentadas a su entorno desde el silencio, la duda o la ternura, en una tradición que entronca con autoras como Emilia Pardo Bazán y anticipa, en cierto modo, la introspección de Carmen Martín Gaite.

En palabras de la crítica Isabel Morant, Espina pertenece a «ese grupo de escritoras que nunca dejaron de escribir, pero a las que sí dejaron de leer», y cuya recuperación no implica necesariamente adhesión ideológica, sino justicia crítica.

Obras recomendadas y accesibles

Aunque su obra no se encuentra actualmente en circulación sistemática por las editoriales comerciales, varios títulos de Concha Espina están disponibles en formato digital de acceso libre:

  • La esfinge maragata (1914)

  • La niña de Luzmela (1909)

  • Altar mayor (1926)

Además, existe una edición crítica de La esfinge maragata a cargo de Amparo Medina-Bocos, publicada por la Universidad de León (2006), con un estudio introductorio y aparato crítico riguroso. Para los interesados en un acercamiento más académico, recomendamos:

  • Morant, Isabel (ed.): Historia de las mujeres en España y América Latina, Cátedra, 2005.

  • Naval, María Ángeles: La mujer en la narrativa femenina de la Edad de Plata, Zaragoza, 2012.

Epílogo: escribir desde la sombra

Recuperar a Concha Espina no es solo un acto de justicia cultural, sino también una invitación a explorar una forma distinta de entender la escritura: como indagación moral, como forma de resistencia sin estruendo. Sus personajes, lejos del ruido, se sostienen en la duda, la dignidad o la fe, y su prosa, medida y precisa, ofrece un contrapunto necesario a los discursos más ruidosos del siglo.

Quizá sea este el momento oportuno para volver a leerla, para devolverle el lugar que merece en la tradición literaria española. No desde el homenaje nostálgico, sino desde la lectura crítica. Porque a veces, el olvido no es sólo una injusticia, sino también un error de lectura.

Referencias y enlaces

  1. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes – https://www.cervantesvirtual.com

  2. Proyecto Gutenberg – https://www.gutenberg.org

  3. Real Academia de la Historia: Ficha biográfica – https://dbe.rah.es/biografias/

  4. Universidad de León – Edición crítica de La esfinge maragata (2006)

  5. Morant, Isabel (coord.): Historia de las mujeres en España y América Latina, Cátedra, 2005.

Redacion, por Punto y Seguido

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