El maestro de Auschwitz

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El instituto se llamaba Hispania Siglo XXI, pero todos lo llamaban Auschwitz. Lito entró ufano a trabajar como profesor. Se sorprendió al ver las pintadas en la valla: “OUT”. “PELIGRO”. “DANGER”. “CUIDADO”. “GO HOME”. El viejo conserje le dijo:

—Aún está a tiempo de abandonar e irse rápido… ahora que está vivo.

—Jajaja —dijo Lito—, no será para tanto. No soy yo nadie mandando a los niños.

¡POMM! El pesado balón de gimnasia, de 20 kilos, le golpeó en todo el coco. Lito se desplomó de culo desmayado, con un gran chichón. Un niñito le dijo:

—Huy, perdone, señor profesor nuevo, no era mi intención.

Pero alrededor los demás niños se carcajearon de lo lindo. “¡GRRR!”.

Después, mientras Lito escribía en la pizarra, le dispararon en el cogote una bolita con un bolígrafo. “¡PTUFFF!”. Luego bolas y aviones de papel, bocadillos, libros, sillas.

Tres alumnas de 18 le invitaron a jugar con ellas. “¡MMMH!”. Se desnudaron en un cuarto. Cuando Lito las esperaba desnudo, se vistieron y le dijeron:

—Jejeje, te hemos grabado. Todo el planeta podrá verte en Internet.

“¡NOOO!”. Lito fue a colgarse de la lámpara, con tan mala suerte que el viejo techo cedió y Lito cayó al suelo. Además, se le derrumbó la lámpara encima y le hizo un chichón.

Así que Lito fue al río, se encaramó al borde y se tiró decidido abajo. “¡OAHHH!” … Pero aterrizó con los dos pies, el agua le llegaba sólo por las rodillas.

—Grrr. Maldita sequía del cambio climático —dijo.

Los alumnos andaban locos con Lota, al ver lo buena que estaba la nueva maestra. Se le acercó Jaimito, con gesto modosito y un ramo de flores de bienvenida.

Lota olió el ramo y… ¡FLASHH!, le saltó un chorro de agua a la cara. “¡Brrr!”.

Para hacer las paces, Lota ofreció a Jaimito un cigarrillo. Jaimito agarró el cigarro y le dio grandes pitadas, pero… ¡BANG! El cigarro de broma le explotó en los morros.

“¡Jajaja!”. Esta vez fue Lota quien se rió a carcajadas de venganza. Le dijo:

—A ver, Jaimito, ¿qué es la épica?

—¿La “hépica”? Ya lo sé, señorita. La “hépica” es montar a caballo con mi papá.

“¡Jojojo!”. Los demás alumnos se mondaron, pero ¡BLOF! Lota cayó de espaldas.

Jaimito huyó resentido de la escuela. Ordenaron a Lota ir a buscarle. “¡GRRR!”. Lota se asomó al peligroso puente del río. Llevaba el móvil en el bolsillo trasero del pantalón. Jaimito se acercó por detrás y lo tocó. Lota se volvió y ¡PLASSS! Le dio un tortazo.

—Intentar robarme a mí. Y encima tocarme el culo.

—Señorita, no se lo tome a mal. Es que está usted tan buena…

Forcejearon y ambos acabaron en el río de agua sucia. ¡PLOFFF!

Jaimito vendía en el puente pelotas yo-yó. Lanzabas la pelotita y, como tenía una gomita, te volvía a la mano. Lota arrojó una, le dio por detrás a un guiri gigantesco.

—Perdone, señor turista —le dijo Lota—. No quería molestarle.

El guiri se acercó por un lado, Jaimito por el otro y ¡PATAPAF! Le soltaron a Lota sendas tortas, le dejaron los oídos zumbando y la cara plana como una moneda.

Acudió el señor Prefecto de Educación para darles una medalla. Lito le dijo:

—Usted afirmó que vendría a las 11 y son las 11:05. ¿Nadie irá a la cárcel por esto?

¡PTAFF! El prefecto le atizó una colleja a traición, que hizo a Lito callarse.

© Manuel del Pino.

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