Especial Semana Santa

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El doctor Morel hipnotizó a la perrita Blondi, en un laboratorio secreto de Sevilla, para que, al oír la rara palabra clave “Muérdago”, mordiera a quien tuviese delante.

Lito y Lota sacaron a Blondi hipnotizada. Vamp-Hitler señaló la puerta y dijo:

—Merluzos, ya pasó la Navidad, ¡es hora de que quitéis el MUÉRDAGO!

¡ARGNNN! Blondi se lanzó a morder la pierna de Vamp-Hitler, quien sacudió a su can en todo el coco, le dejó con un chichón impresionante y la lengua fuera.

Entró el corpulento “asesor” de autoridades Kaldo García, a quien citaron de incógnito. Para camelarle, Quintero el Cocinero le ofreció pestiños, batatas, roscos y buñuelos demasiado duros. Kaldo se puso morado y luego les arrojaba buñuelos a la cara, decía:

—Yo en Navidad me comí hasta el MUÉRDAGO.

Esta vez Blondi seguía tan tranquila, moviendo el rabo. Fue Lito quien se lanzó a morder a Kaldo, como efecto secundario del nefasto doctor Morel. De un guantazo, Kaldo mandó a Lito a volar, mientras se quedó flirteando con Lota.

Lota rozaba su pierna con la de Kaldo, le puso a cien. Fueron a pasear a la plaza de España, allí Lota pensaba robar a Kaldo entre la confusión de turistas… Mas unos guardias les pararon y les obligaron a pagar para entrar en la plaza. “¡GRRR!”.

Se encontraron con Barak Obama y su esposa, invitados de honor a Sevilla. Pero al ver la primera procesión de nazarenos, los Obama huyeron, cogieron el primer avión.

—Salimos de Atlanta y resulta que aquí hay más Ku Kux Clan.

Kaldo García se camufló de nazareno en una procesión, resaltaba mucho bajo el hábito porque era el más grande. Lito y Lota se situaron tras él, también vestidos de nazarenos.

Desde atrás, Lito echó mano al bolsillo del hábito de Kaldo, para birlarle la cartera, pero se quemó la mano al acercarse demasiado al cirio encendido. “¡OAHHH!”.

Empezaron fuegos artificiales, coloridos y ruidosos. Lito miró al cielo, al alzar la cabeza el pico de su capirote se clavó en el ojo de Lota, que iba detrás. “¡AHHH!”.

Lota empujó a Lito, quien se estampó contra el cuerpazo de Kaldo, éste al sentirse invadido, le soltó una tremenda coz hacia atrás, cual caballo percherón.

Lito se tambaleó. Su cirio prendió el hábito de Kaldo, que empezó a arder hacia arriba. “¡UAHHH!”. Kaldo se sacudió el fuego como pudo, luego soltó a Lito un buen puñetazo. “¡PTAFF!”, le dejó el ojo morado y le hizo saltar el capirote por los aires.

Corrió Lito y se metió bajo el santo, fingiendo que era costalero penitente. Para entonces apestaba tanto a sudor, que todos los costaleros salieron pitando, dejaron a Lito solo. El enorme paso cayó sobre él, “¡BAMM!” y le dejó aplastado como un papel en el suelo.

Le sujetaron entre varios costaleros y le dijeron:

—Si eres penitente, échale valor y anda descalzo por la calle.

Le quitaron los zapatos. Lito comenzó a caminar descalzo… “¡IAHHH!”, se clavó brincando unos cristales de botellas rotas que los juerguistas dejaron tirados.

El capataz sacó su látigo, “¡SPLASSS!”, dio un latigazo a Lito por mal penitente. Lito gritaba al aire por el azote, con las manos abiertas. “¡AYAYAYYY!”.

“Vaya saeta más mala que canta este tipo”. La gente de la calle le arrojaron tomates, huevos y lechugas. Le echaron de allí a empujones para que no les fastidiase la procesión.

—Eres todo un melómano, ¿eh? —le dijo Lota.

—¿Meló-mano? Ah, sí, tengo mucha mano para comprar melones.

Kaldo pasaba por la calle. Lito vio su enorme silueta de nazareno, se acercó por detrás con una barra de hierro y… ¡CLONCK!, le aporreó en la cocorota. La barra de hierro rebotó curvada del cabezón de Kaldo, quien se volvió y atizó a Lito un tremendo mamporro.

Aterrizó Lito contra el escudo del exministro Ábaco, que iba de centurión romano. ¡CLANCK! El centurión Ábaco le pinchó con la lanza en el trasero, Lito saltó espantado.

Por el esfuerzo, a Ábaco se le soltaron los cordones de la sandalia, con tan mala suerte que Lito los pisó sin querer y, al echar a andar el centurión Ábaco, se la pegó contra el suelo. Se levantó hecho una furia, se remangó y enseñando los dientes le dijo a Lito:

—Muy graciosa la bromita. Espera, que te voy a gastar yo otra.

¡PLAFF! Lito rebotó contra la pared, con el otro ojo negro.

Lota, para ayudarle, vestida de romana, acarició al centurión Ábaco con una pluma en la nariz y le hizo estornudar, “¡ATCHUAAA!”, inclinó la cabeza y alcanzó a Lota con el casco metálico que llevaba, la dejó sentada en el suelo con un buen chichón en el coco.

Lito se quitó la correa del pantalón y se acercó con ella en la mano.

—Me han dicho que me presente aquí con el cinturón.

—Será que te presentes al CENTURIÓN, so merluzo.

Ábaco, ya harto, le estampó un empujón. “¡BLAFFF!”. Lito acabó chocando con Kaldo García, como quería, pero en vez de desplumarle, se palpó los bolsillos y dijo:

—A mí. ¡Policía! Ese maldito Kaldo me ha robado a mííííí.

© Manuel del Pino.

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