A primera hora de la mañana un Agente se acercó hasta el despacho del comisario para hacerle entrega de un paquete.
—Es similar a los dos anteriores, pero este ha venido por correo – dijo al entregárselo –
—Gracias.
Lo abrió con las mismas precauciones anteriores. Seguidamente se acercó hasta donde Pinillas proseguía introduciendo datos y buscando información. Sacó copias de los nuevos discos y comenzó a leer su contenido. En una amplia lista aparecían nombres. Al final de cada nombre una serie de claves numéricas determinaban las actividades llevadas a cabo por cada uno de ellos. Datos característicos, la foto del rostro, color del cabello, edad, altura peso, etc. Especialidades técnicas en las que despuntaba y apoyos realizados. Destinos y resultados. Estaba suficientemente probado que la Agencia GH & Asociados, era un ente creado para preparar gente dispuesta a todo, incluso a matar, como lo hicieron con el matrimonio Lasso-Corona y algunos más aún por demostrar.
Precisamente en ello se enfrascó inmediatamente Pinillas, para estructurar bajo su criterio, el sistema organizativo de la agencia. Después de muchas horas sacó una mínima conclusión. Ninguno de los agentes superaba cinco misiones en las que fuera responsable. En tres actuaba como acompañante secundario, supuestamente para tomar conciencia, conocimiento y riesgo, y siempre con alguien que hubiera tenido dos misiones como principal responsable. Un importante numero de ellos, tanto mujeres como hombres, destacaban con lo que al parecer era una clave que no supo descifrar. También descubrió el amplio número de agentes incorporados año tras año y sobre todo, que ninguno de ellos se encontraba fuera de los límites de edad marcada entre los 18 y 25 años. Sin embargo había otros cifrados que si eran constantes, desde la génesis de la Agencia. Superó la barrera con la intuición y concluyó, que eran sin duda alguna los directivos y responsables de ella. Los datos estaban actualizados hasta hacia tan solo unos días.
Su base de datos comenzó a ampliarse significativamente. En un primer intento solicitó permiso al comisario para que Eulogio Pariente le ayudara. Sin embargo Roberto se negó. En primer lugar –le dijo— debían aclarar la serie de asesinatos cometidos, después, y si era posible, tratarían de ayudar al periodista en su trabajo de años. Por unos días o unas semanas más, no creía fuera a descubrir un nuevo mundo. Continuó trabajando en esta ocasión con cierta celeridad, debía preparar suficiente información para comenzar el interrogatorio a Derque Abrante.
Minutos después Roberto acompañado por Ignacio Dobles bajaron a conversar con la no detenida Marina. Más tarde lo harían con el si detenido Diego Martín Landa o Derque Abrante. La puerta de la celda, como era lógico estaba abierta. No así la entrada a los calabozos. Marina desaseada, parecía triste y expectante. Un agente salió en ese momento con una bandeja llena de los restos de un desayuno de la cafetería Sanchidrian.
—Buenos Días —dijo cariñosamente Roberto.
—Hola comisario. Gracias por dejarme dormir aquí.
—De nada. Siento que el lugar no esté acondicionado para recibir invitados.
—Ha sido suficiente para descansar.
—Me alegro de que haya sido así.
—Disculpe, ¿podría decirme como esta Derque?
—Supongo que bien. No le hemos visitado todavía.
—¿Podré verle?
—De momento no. Está detenido.
—¿Lo han hecho por algo en especial?
—Claro. Sospechoso del asesinato de dos personas.
—No sabía nada. No me dijo nada.
—¿Porque no subimos a mi despacho y charlamos allí más tranquilamente?
—Como quiera.
Los tres abandonaron el sótano camino de la planta superior en dirección al despacho del comisario. Al llegar, Esperanza permanecía esperando con un documento en la mano.
—¿Puedo hablarte un momento? —inquirió la Inspectora.
—Claro. Esperarme un momento, enseguida estoy con usted. Marina.
—No hay prisa.
—Dime, ¿que ocurre.
—Debemos poner en libertad a Renato Pavone. Dentro de unas horas se cumple el plazo marcado.
—¿Le interrogasteis, verdad?
—Por supuesto, pero no creo que matara a esa gente. Te traigo el texto de su declaración. Supongo que será culpable de otras cosas, pero seguro que alguien le puso las pistolas en el coche con alguna intención.
—De acuerdo, decirle que puede hacer una llamada con su móvil y que estáis pendientes de la decisión del Juez de Guardia. Luego, cuando cumpla el plazo, le dejáis marchar, pero avisarme antes. ¿A que hora será?
—Creo que sobre las seis de la tarde.
—Bien, di a Dobles que entre con Marina.
—Ahora mismo.
—Adelante, siéntese y continuemos con la charla.
—Gracias comisario.
—Trabajaba para la Agencia GH & Asociados ¿no?
—En efecto.
—Cuénteme que hacia para ellos.
—Era un agente en prácticas. En estos momentos estaba bajo las órdenes de Julia Chamizo, mi jefa de grupo. Teníamos órdenes de localizar a Diego Martín Landa. Usted le conoce como Derque Abrante.
—¿Me dice que estaba bajo las órdenes de Julia Chamizo?
—En efecto. Pero la han matado junto a otro compañero. Ya presté declaración en otra comisaría.
—Prosiga por favor.
—Mi compañera y yo, también agente en prácticas, nos quedamos sin jefa. Esperábamos precisamente noticias de nuestro superior, nos acababa de decir que un motorista llevaría nuestras instrucciones, pero Derque me advirtió que no bajara a la calle, que lo hiciera a través del garaje. Eso evito que me asesinaran como lo hicieron con Paz Arteta.
—¿Ese era el nombre de su compañera?
—Si comisario.
—Menudo enredo — dijo dirigiéndose a Dobles.
—Y que lo diga comisario.
—Continue, por favor.
—Como le decía, teníamos ordenes de localizar a Diego. Yo me crucé con el un día, pero no llevaba barba y se hacia llamar Derque. Confirmé que había visto a alguien parecido, pero que no era él. Se procuró un personaje que no se ajustaba al que buscaba. Además de que me gustó, me enamore de él. Cuando me sacó del apartamento me llevó a su casa para alejarme de los miembros de la Agencia y cometí la estupidez de no eliminar el teléfono como me dijo. Cuando sonó varias veces lo cogí creyendo era él, y al poco rato vinieron a por mi. El me dijo que no saliera en tres días mientras arreglaba algo. En una nota me señaló que me pusiera en contacto con usted en caso de no regresar. Luego, tras mi retención le obligaron a entregar algo, no sé que, y el se metió en la boca del lobo para salvarme. Creo que los dos hombres que me retuvieron primero a mí, y luego a los dos, son los jefes supremos de la Agencia. Me llevaron a La Granja y el me sacó a través de un túnel que hizo desde su cuarto cuando de niño y joven estuvo allí, el resto ya lo sabe usted. Por cierto estuvo a punto de matarle un motorista cuando se encontraba en la calle José Abascal, si creo recordar bien.
—Gracias Marina. Ahora ¿que piensa hacer?
—No lo sé. Esperar a que Derque solucione todo. Le quiero, no deseo separarme por nada del mundo de el. Es lo único que tengo.
—¿Tiene familia?
—No lo se comisario. Desde muy joven ingrese en La Granja, y no recuerdo muchas cosas. Creo que soy de la ciudad de León, pero nada más. No recuerdo a mis padres. Ni siquiera se si tengo hermanos, tíos o demás familia.
—Espere aquí un momento con el inspector, iré a hablar con alguien para ver si puede ayudarla.
—Claro, muchas gracias.
Regresó a los cinco minutos, después de hablar con Esperanza y sacarle la promesa de que se haría cargo de aquella joven durante unos días.
—̵Ya está todo arreglado. Esperanza, nuestra inspectora y psicóloga criminalista, la invita a pasar unos días en su casa. Así estará alejada de problemas y también, cerca de nosotros por si la necesitamos para prestar declaración.
—Gracias comisario.
—Ahora, Ignacio, acompáñala al despacho de Esperanza y sigamos con nuestro amigo Diego o Derque.
—Enseguida vuelvo. ¿Me acompaña, Marina?
—Si. Gracias de nuevo comisario.
—Hasta pronto.
Momentos después regresan con Derque esposado hasta la sala de interrogatorios.
No habló nada, solo lo hizo cuando se sentó y el inspector Dobles le quito las esposas.
—Por favor, díganme como está Marina. Solo necesito saber si se encuentra bien. Luego haré todas las declaraciones que quieran.
—Mal empieza muchacho —dijo Dobles— no admitiremos ningún tipo de chantaje. Así que, si le parece, digamos cuanto necesitamos saber y luego ya veremos si comentamos algo sobre esa señorita llamada Marina.
—Como quieran.
—En primer lugar díganos si fue usted. quien mató a Nereo Lasso y su esposa.
—No. No fui yo. Tenía la pistola preparada para hacerlo, pero se me adelantó Rosario. La agente principal y responsable a quien acompañaba.
—Cuéntenos con más detalle por favor.
—Todos los que quieran. Pero antes me gustaría decirles algo.
—Le repito, no quiero chantajes.
—No lo es.
—Entonces, adelante.
—Mientras estoy declarando, hay tres hombres que trataran de escapar de Madrid y luego de España. Se trata de José Hernández, Williams Gordon y Renato Pavone. Son tres dirigentes de la Agencia. Un cuarto fue asesinado en el edificio que la Agencia tiene en Raimundo Fernández Villaverde. Curtis, el era el jefe de operaciones. Yo le encontré vivo cuando llegué, otros dos ya estaban muertos, él lo hizo, y a él le disparó la mujer encargada de eliminarlo por orden de los números Uno y Dos, los primeros que he mencionado. Esperé a que muriera desangrado, no quiso que le llevara a un hospital. Cuando falleció saque copia del ordenador principal y le envié los discos que tiene ahora en su poder. Aún falta un tercer envío que puse en correo, antes de rescatar a Marina. Seria conveniente que dieran orden de arrestarlos.
—Gracias por la información —intervino Roberto— pero no hace falta que nos diga que debemos hacer. Le agradezco el envío. Pero aún tenemos mucho de que hablar. Póngase cómodo, estaremos muchas horas juntos y supongo que tendrá también muchas cosas que decirnos.
—De acuerdo comisario, pregunte cuanto quiera, le responderé con la verdad que conozco y con todo aquello que intuyo.
—Bien, comencemos por el principio.
—¿Cuando entra usted en la Agencia, y que significa para usted esa denominación?
—Pocos recuerdos me quedan de entonces, solo se que ese canalla de Renato Pavone y unos secuaces suyos, me raptaron siendo niño, me separaron de mi familia y me llevaron a La Granja pensando que me convertiría en un estupendo jugador de fútbol. Luego siguieron engañándome diciendo que me prepararían para trabajar en una agencia gubernamental. Viajé a numerosos países y…
Durante horas se mantuvo hablando, respondiendo a las preguntas de los comisario e inspector. No llegaron a salir de la sala, solo lo hicieron para cumplir con las obligaciones propias del ser humano. También para comer unos bocadillos y tomar bebidas exentas de alcohol encargadas a la cafetería Sanchidrian. Antes de la cinco y media de la tarde le acompañaron de nuevo al calabozo.
—Tendrá que esperar aquí hasta que el Juez de Guardia deduzca lo más conveniente. Lo siento pero no está de mi mano dejarle en libertad. Hay pruebas, aunque circunstanciales, de que pudo asesinar a esas dos personas. Yo le creo, pero le repito, no depende de mi. Tenga confianza, está cooperando para descubrir una trama importante y sin duda alguna, le servirá para un tratamiento especial a su favor. Sin embargo, hasta que S.Sª dicte lo más conveniente, me voy a permitir algo que quedará entre usted.y nosotros. Prométamelo.
—Desde luego comisario.
—Entonces confíe en mí.
Entraban en la zona de los calabozos, cuando dos agentes acompañados por Pinillas, recogían a Renato Pavone para dejarlo en libertad. Derque le miró al cruzarse, él también lo hizo. Sin dudarlo se dirigió al comisario y le dijo:
—¡Es el, comisario! El fue quien me raptó, no dejen que se escape.
—¿Qué dice este loco? – dijo inmediatamente, tras reconocerle.
—Un momento agentes. Esperen un momento.
—¿ Que significa esto —señaló el italiano.
—Significa que todavía no es la hora. Todavía quedan unos minutos para que se cumpla el plazo que le otorga la Ley, y hasta entonces seguirá encerrado señor Pavone —dijo el comisario.
—Pero necesito salir, no puedo soportar más tiempo estar encerrado, padezco claustrofobia.
—Lo lamento, puedo retenerlo y lo haré.
—Pero si no hice nada, ya lo dije a los dos inspectores que me interrogaron.
—Ahora no, pero según tengo entendido hace tiempo si. Llévenlo dentro otra vez.
—¡Comisario esto es un abuso!
—Es posible. Aahora cállese y espere su hora de salida.
Esperó unos instantes y pregunto a Derque.
—¿Quiere hacerse un favor y a nosotros también?
—Claro comisario.
—Acompañe al inspector Dobles y ponga una denuncia contra ese hombre, así le podremos retener, hasta que le pongamos a disposición del Juez por su acusación.
—Como no, ahora mismo.
Volvieron a subir hasta la planta superior y después al despacho de Dobles. Mientras terminaba de firmar con su personalidad Derque Abrantes, Esperanza llamó a la puerta. Apareció junto a Marina que con sorpresa vio como terminaba de firmar la denuncia.
—¿Puedo? –pregunto al inspector.
—Claro que si. Ya lo había previsto el comisario.
—Gracias.
Ambos jóvenes se abrazaron y besaron sin pudor alguno, contemplados por los dos inspectores. Se separaron y miraron a los ojos, como comprobando que no les faltaba nada. Luego, sin cruzar palabra alguna volvieron a fundirse en un prolongado abrazo.
—Les dejaremos cinco minutos nada más
—Es una vida —dijo Derque—. Gracias inspectores.
Salieron y se quedaron haciendo guardia junto a la puerta cerrada. Dentro, ambos se tomaron de la mano y se sentaron en el sofá.
—No hables, no digas nada —rompió el silencio diciéndola.
—Pero necesito decirte algo, preguntarte algo.
—Adelante.
—¿Mataste a esas dos personas?
—No. No he matado a nadie. Esa misión estaba dispuesta para que lo hiciera, pero no llegué a apretar el gatillo, ni en esa ni en anteriores misiones.
—Te creo Derque, te creo. Te echaba tanto de menos. Estaba sola, con miedo, sin saber que hacer o que pensar.
—Ahora, tendremos que esperar, tener paciencia. El comisario conoce toda la historia, y nadie mejor que el puede ayudarnos. De momento debo esperar a que el Juez tome una decisión. Luego tendremos tiempo para preparar nuestro futuro juntos. Porque supongo que también tu lo querrás ¿No?
—Por supuesto.
No se separaba de él. Sus ojos más verdes, irradiados por la alegría contenida de verle, no cesaban de mirarle. El aún con el peso de cuanto había pasado, tampoco dejaba de mirar y acariciar a su joven compañera. Unos golpes anunciaron que el tiempo de estar juntos había terminado. El inspector le acompañó al calabozo y la inspectora, miró junto a Marina, como éste se lo llevaba.
—No te preocupes, estaréis juntos muy pronto, te lo aseguro.
—Es la única persona que tengo en esta vida. Tengo miedo a perderle.
—Te repito que no tardareis mucho en volver a veros.
A las diecinueve horas el Director General y el comisario Hernán Carrillo, trataban el operativo que debía coordinarse con estamentos del Ministerio del Interior y de Asuntos Exteriores, en lo correspondiente al territorio de su influencia, se pusieron de acuerdo para que desde la comisaría se diera la oportuna orden para cubrir todas las oficinas de GH & Asociados.
—Bien hecho Roberto. Estoy muy satisfecho con tu trabajo —espetó el Director General de la Policía al comisario Roberto Hernán Carrillo.
—He tenido suerte, mucha suerte, pero sí, ya tenemos los casos medio cerrados y sobretodo, desarticulada esa mafia asesina. Veremos como responden en el resto de Europa y demás países donde trabajan directa o a través de otras agencias similares.
—Supongo que bien, Roberto. Pero no te veo contento ¿Hay algo que me ocultas?
—Estoy preocupado no tiene importancia.
—Soy además de tu jefe, tu amigo, deberías contármelo.
—Prefiero confirmarlo José Maria.
—Como quieras.
—Bien. Me vuelvo a la comisaría, antes debo ir a hablar con el Juez. Espero que no le metan en la cárcel al chico. Estoy convencido de que no ha matado ni siquiera a una mosca. Insistiré en que le dejen en libertad con el compromiso de estar bajo nuestra tutela y disposición.
—Te apoyaré en cuanto necesites, ya lo sabes.
—Claro, José Maria.
El Jet privado estaba siendo cargado en el propio hangar de la zona delimitada en el aeropuerto de Cuatro Vientos. Dos vehículos Volvo llegaron con un lapsus de cinco minutos. JH y Williams Gordon se saludaron al encontrarse dentro de la aeronave. El piloto, abrió la puerta de la cabina para comunicar que en menos de media hora tenían prevista la salida, solo esperaba confirmación de la torre de control.
De La Granja en Los Molinos, se recibió una llamada de auxilio a los bomberos. Estos sofocaron inmediatamente las llamas y cuando abrieron las puertas para entrar, la aprovecharon los numerosos vehículos de la Guardia Civil, quienes detuvieron a cuantos se encontraban en el recinto. Del mismo modo otra patrulla detuvo a las cuatro personas que encontraron en la agencia inmobiliaria Api Noroeste en el centro de la población.
Cuando el comisario recibió la confirmación de que todas las sucursales de GH & Asociados estaban controladas, es decir cinco minutos antes de salir el Jet de Cuatro Vientos, dio la orden de avanzar al inspector Dobles encargado de la operación. La imagen que observó fue muy parecida a la que había visto en muchas películas norteamericanas. Los dos responsables y fundadores de la agencia estaban sentados saboreando un whisky de malta irlandés, cuando el inspector Dobles apareció frente a la puerta de acceso de la nave, todavía sin recoger la escalerilla. Los motores comenzaban a rugir en proceso de calentamiento previo para iniciar el vuelo. Previamente dos vehículos de la policía se estacionaron a ambos lados del aparato, cerrando el posible paso. De ellos bajaron cuatro agentes con sus armas reglamentarias. El piloto los vio al tiempo que recibía órdenes desde la torre de control. Se quitó los cascos de comunicación y tras retirarse el cinturón, se presentó ante sus viajeros.
—Señores Hernández y Gordon, lo lamento pero hoy no podremos salir de viaje.
—¿Que ocurre?
—La policía ha suspendido el vuelo y me acaban de decir que el inspector Dobles tiene permiso para subir a la nave.
—Esperaremos y solucionaremos todo esto.
—Claro.
—¿Puedo subir a bordo? —pregunto desde los peldaños de la escalera.
—Por supuesto inspector, adelante.
—Gracias señores. Volvemos a vernos.
—Cierto. ¿Qué le trae en esta ocasión?
—Una orden judicial.
—¿Podemos verla?
—Claro —dijo ofreciéndosel documento.
—Está bien, regístrenos.
—No es preciso. También tengo esta otra que me obliga a detenerles. El registro quedará para el equipo que espera. Ustedes vendrán conmigo. Adelante agentes, procedan a detener a estos dos señores. Se les acusa de conspiración para asesinar, por el momento. Les leeré sus derechos y podrán contactar con sus abogados desde la comisaría.
Antes de salir con ellos en dirección a la comisaría, donde encontrarían a su secuaz, Renato Pavone, Dobles habló con el comisario anunciando su detención.
La noche fue muy larga, cansada y tensa. De nuevo se presentaban horas de esfuerzo continuo. Aun quedaban muchas cosas que aclarar. Sin embargo Roberto no estaba contento, el mismo rostro de preocupación saltó a los ojos de sus compañeros y amigos, los inspectores Dobles, Pinillas y Miró. A ellos no pudo ocultarlos la preocupación y aún menos a Esperanza.
—¿Estás seguro?
—No del todo, pero sospecho que vuelve a las andadas. Nos amenazó con ello. ¿O es que no lo recuerdas Esperanza?
—Desde luego, todos los días y hasta que le cojamos. Pero ahora debemos seguir adelante.
—Lo sé, pero temo por la vida de Loli. Estoy convencido que intentará asustarla de nuevo.
—Entonces deberías pedir que la escoltaran, pero desde otra comisaría, así no reconocerá a los agentes.
—No estoy totalmente convencido. Aunque algo debo hacer. Después de esto sigamos, cerremos estos casos. Pinillas tu eres quien debes informarnos.
—Lo haré, pero por el momento estoy detrás de una sospecha. Permitirme que no os diga nada hasta que lo confirme. De momento debemos dar orden de detención contra Ismael Frutos de “S & P”.
—¿Qué ha hecho?
—Creo que estaba contratado, o al menos trabajaba para las dos agencias. Ha estado contactando con el teléfono de JH. Saqué el numero y le he llamado para que se incorpore a la comisaría con el señuelo de que proseguimos la investigación.
—Estupendo. ¿ Y que más?
—Si te parece bien, puedo hacer venir al periodista Pariente, para que saque sus fotos evolutivas y las compare con las de toda esa gente joven que tenemos retenida. Ahora que casi tenemos cerrados los casos, podríamos continuar con ello. ¿ No te parece?
—De acuerdo, tenemos por delante al menos una semana hasta recibir información de todos esos países, para presentar el informe final al Juez Instructor y a nuestro Director General. Adelante tienes mi conformidad.
Durante los dos días siguientes Pinillas ayudado por Pariente, introdujo las fotos, huellas y demás datos en su base de datos. Las compararon y mucha fue la sorpresa cuando un elevado porcentaje de fotos, coincidían con las evolutivas del periodista. Existían sin embargo, unas dudas razonables que presentó al comisario.
—Eulogio, yo que usted no me adelantaría a las circunstancias. Piense que una equivocación, una sola, eliminaría su credibilidad si avanzase los resultados a esos padres que toavía tienen esperanza de encontrar a sus hijos vivos. Pero sobre todo, en que va a apoyarse para determinar a aquellos que no están, o no coinciden con sus evoluciones. O simplemente carece de datos comparativos donde confrontarlos. Como el ADN. Si le parece podríamos aprovechar que no hemos cerrado definitivamente el caso, para intentar extraer las cadenas de cuantos tenemos, con cargo al presupuesto de los expedientes.
—Tiene razón comisario. Me aplicaré más y evitaré dar respuestas.
—Mejor así, le veía demasiado entusiasmado. Piense como lo hago yo a veces, lo bueno solo lo es cuando nos permite llegar al final propuesto, ni antes ni después. Un poco más de tiempo a esos padres, que se mantienen en la incertidumbre, no puede perjudicarlos, al contrario, es posible que les ayude definitivamente.
—¿Comisario es usted policía o psicólogo?
—Solo un hombre preocupado. Se lo aseguro.
Derque fue puesto a disposición del comisario dos días después. Abandonó el calabozo de la comisaría y con su aquiescencia y de la psicóloga Esperanza Miró, le autorizaron a ocupar su propio apartamento, aunque debía estar a disposición tanto del Juez como del comisario en todo momento. Marina le acompañó.
Sin embargo, la vida no pudo continuar tranquila para la comisaría en pleno. Algo trastocaría la vida de todos ellos y sobre todo la del periodista Eulogio Pariente. Pinillas no hacia más que mirar el reverso de los discos facilitados por Derque enviados al comisario. El señalado con el número 15 y último de la serie, parecía distinto. Volvió una y otra vez a meterlo en la ranura del lector, pinchaba sus propiedades y respondía entre otras cosas, señalando la capacidad libre del disco y el espacio ocupado. Sin embargo volvió a sacarlo del lector, lo puso bajo una de las lámparas y de nuevo el mismo resultado. Los hipotéticos surcos grabados digitalmente no eran iguales cuando el disco está lleno u ocupa un espacio limitado, fundamentalmente porque su capacidad de almacenaje no ha sido utilizada en su totalidad. Bien porque los archivos incluidos son demasiado pesados, bien porque simplemente no se ha grabado en su totalidad. No obstante Luis insistía en mirarlo, en comprobar que no había posibilidad de grabar nada más en él, pues solo restaban 436 Kb para completar el Gigabyte de capacidad total. Parecía encontrarse grabado en su totalidad aunque no lo parecía exteriormente.
Recogió de nuevo todos los discos. Uno a uno fue pasándolos por el lector. Quería volver a comprobarlos. Sin duda, Derque realizó copia de ellos y fue metiéndolos a medida que los pedía el sistema utilizado para duplicarlos. El último, el número 15, no se continuaba, solo era una carpeta bajo el nombre: Sección RP. Lo retiró, lo miró bajo la lámpara y de nuevo el mismo resultado. Recorrió de nuevo todos los discos, los fue leyendo y no había nada que le llamara la atención. Nada que le llevara a la Sección RP. Optó por llamar a Derque y preguntarle si le decían algo tanto la sección como las siglas.
—No se me ocurre nada. Lo siento. No llegué a conocer ninguna sección con ese nombre, ni en que podía ocuparse.
—Gracias de todos modos. Si recuerdas algo por favor no dejes de llamarme.
—Lo haré. Adiós.
Siguió investigando. Los minutos pasaban sin descubrir nada. De pronto sonó el teléfono. Era Derque.
—He recordado algo, es posible que sea algo relacionado con Renato Pavone, sus iniciales coinciden con las siglas que me dices.
—Es posible. Gracias Derque.
—De nada.
Pinchóla carpeta después de poner las siglas RP. De inmediato le pidió una clave de acceso. Los espacios eran siete. Hizo una copia del disco antes de proseguir, y comenzó a trabajar sobre ella. Aplicó el programa de detección de claves y esperó hasta que le advirtiera su apertura. Durante una hora y media no consiguió que el programa la averiguara. Cuando lo hizo la anotó y aplicó. El programa parecía estar extractado. Lo copió y procedió a expandirle. Más tarde lo abrió. Preguntaba señalar un nombre. Puso uno al azar y su resultado fue: No existe agente con ese nombre. Inténtelo de nuevo, aunque solo tiene dos opciones más.
Temió que se destruyera. Llamó a Derque de nuevo.
—Una pregunta.
—Adelante.
—¿Todos los agentes tenias un nombre clave en cada misión?
—Si.
—Dime alguno de los que utilizaste tú, por favor.
—Narciso, Diego ¿Continuo?
—No con esos me vale. Gracias.
—¿Puedo saber que está haciendo?
—Todavía no.
—Entiendo.
Introdujo de nuevo uno de los nombres facilitados por Derque. Se abrió la puerta de un expediente. Lo leyó y de inmediato comenzó a confundir su actual raciocinio, con un intenso deseo de golpear al canalla que ideo aquello. Se secó el frío sudor que resbalaba por su frente, salió del archivo y volvió a introducir otro de los nombres ofrecidos por Derque. El mismo expediente, con el mismo resultado. Continúo con los dos restantes e igual respuesta. No pudo darse la enhorabuena, pero si encontró una especial satisfacción. Se levantó sacó el disco, y se fue derecho al despacho del comisario.
—Lo tenemos jefe. Lo sabremos todo, absolutamente todo.
—¿Sobre qué?
—Todas las andanzas de esa gentuza.
—Explícate.
Unos instantes para ponerle al corriente de cómo había llegado a la conclusión, para después mostrarle los resultados obtenidos del disco. Roberto puso la misma cara que Pinillas momentos antes.
—¿Es cierto todo esto?
—Totalmente.
—Con ello en manos del Juez esa gente no debería salir de la cárcel jamás. Lo de la conspiración es pecata minuta, al lado de todo esto.
—¿Que piensas hacer?
—No lo sé. Pero deberías darme también tu opinión. Esa decisión no solo me corresponde a mí.
—Entonces deberíamos hablar con Ignacio y Esperanza, tal vez entre los cuatro, podamos decidir con más claridad.
—El periodista también debería estar presente ¿no crees?
—No me atrevía a decirlo, pero pienso que se lo merece después de tantos años.
—De acuerdo, entonces cítalos a todos y reunámonos dentro de media hora.
—Perfecto, gracias.
—A ti Luis, sin ti esto no habría sido posible.
—Tal vez. Voy a buscarlos
Roberto apareció en la sala, sus tres inspectores y el periodista le esperaban.
—He dado orden de que no estamos para nadie —dijo nada más entrar—– como supongo que esto nos llevará una par de horas al menos, y son las siete y media de la tarde, la jornada ya la habremos acabado para entonces. Así que, si os gusta el whisky lo tomaremos, sino pedir ahora lo que queráis antes de que cierre Sanchidrian.
—Está bien, el whisky.
—Entonces adelante. Poneos cómodos y brindemos por el final de este importante caso.
—A que viene esta reunión y festejo —inquirió el periodista.
—Bebe, que ahora te pondremos al corriente, como a los demás.
—Vale, beberé por haberos conocido y recibido la ayuda más importante que jamás pensé. Por vosotros —dijo levantando el vaso.
—Por nosotros, por todos, por descubrir la podredumbre del ser humano y la vileza de las gentes. Brindemos por la alegría, que seguro llevarás a los padres de todos tus niños.
—¿Qué?
—Pinillas haz el favor de informar a nuestros compañeros y amigos.
—Hemos descubierto escondidos en un disco una carpeta especial. En ella hay expedientes donde figuran los datos de cuantos agentes tiene y tuvo la agencia. Su situación, nombres utilizados para sus actividades, pero sobre todo, lo más importante, sus verdaderos nombres y apellidos. Donde fueron secuestrados, quienes lo hicieron y donde. Que edad tenían entonces. Procesos de estructuración mental, resultados obtenidos e informes de sus instructores para aplicar sus especialidades físicas y mentales para su utilización por la agencia. Hay algo que no hemos conseguido averiguar. Bueno solo he conseguido ver dos expedientes, el de Derque y el de su novia Marina, que supuse era su nombre en clave como Agente. Ahora deberíamos ver el resto de agentes que figuran en otros discos y comprobar. A partir de este momento a Roberto se le plantea como a mí, una importante duda. Si debemos entregarlo al Juez Instructor del caso, o por el contrario olvidarlo y trabajar codo con codo contigo Eulogio para comprobar los datos de estos niños y jóvenes secuestrados.
—La duda —inicio Roberto—se basa en que si lo entregamos al Juez, paralizara cualquier actividad hasta que se dicte la correspondiente Sentencia. Por otro lado dudo que se le permita a Eulogio continuar con su investigación posterior, a pesar del tiempo que pueda transcurrir. Existe otra duda, que el Juez ordene su investigación y tras ella, comunique, sin sujetar o sopesar sentimientos, a los padres de todos esos niños, estén o no vivos. Es por ello que os he reunido a todos para que analicemos juntos y tomemos la decisión más acertada. No quiero daros la mía para evitar cualquier tipo de influencia. Por lo que si os parece, lo haremos de forma democrática. Pongamos si entregamos o no al Juez esta información sobre un papel doblado. Los pondremos todos al mismo tiempo y luego abriremos para saber que debemos hacer. Yo de una u otra forma creo que no seria capaz de tomarla solo. Y lo digo como persona, no como comisario. Las tomo a diario, pero esto es algo diferente, distinto. Todos habéis trabajado y sabéis el esfuerzo que hemos hecho. Ahora por favor, pensar, analizar, comentar y beber si queréis. A las nueve será el momento de decidir.
Alguien pidió adelantar la hora de la votación. Las dos botellas de whisky irlandés estaban vacías. La sala cubierta de humo y los ordenadores apagados desde hacia tiempo. Uno a uno introdujo el papel con su decisión en el vaso vacío de Roberto. Al acabar, el comenzó a abrirlos y leer en voz alta su contenido.
—Gracias a todos por vuestra ayuda. Esa habría sido mi decisión de no haberla podido compartir con vosotros.
—A ti Roberto, por ser como eres y darnos la oportunidad de demostrar que siempre podrás contar con nosotros en todos los órdenes.
—Entonces Eulogio y tu Luis, poneros a trabajar. Y de esto nada de nada a nadie. Luego será hora de terminar lo que empezaste, querido Eulogio. Y ahora si no os importa quiero marcharme con mi esposa siento unos deseos incontenibles de abrazarla.
—Hasta mañana Roberto —dijeron al unísono.
La mañana siguiente la pasó entregando el informe completo al Director General. A grandes rasgos y muy extractado comentó:
La Agencia se ocupaba a través de diferentes equipos, de raptar a niños y niñas de poblaciones alejadas. Luego en La Granja eliminaban sus recuerdos y los instruían para diferentes ocupaciones. Cuando estaban listos intercambiaban estudiantes con otras agencias de la misma calaña. Mientras, dos directivos captaban clientes, a quienes ayudaban a eliminar diferencias o escollos. Uno de ellos fue Alberto Corona, que sin saberlo autorizó la muerte de su yerno e hija. Diego, alias Derque, acompañó como agente ayudante a Rosario. Se hicieron pasar por matrimonio para conseguir la amistad de los novios y ella disparó a los dos eliminándolos tal y como pidió a GH & Asociados. La tal Rosario fue eliminada dado que daba visos de intentar escaparse con Diego, y el jefe de operaciones la mandó eliminar, como intentaron hacer con Derque. Después enviaron a un grupo de jóvenes al mando de Julia, para localizarlo en Madrid, cuando el ya había decidido, no solo escapar, sino intentar descubrir quien era, y si era posible destruirlos. Se le metió por medio Marina. Los jóvenes se enamoran. Después Julia intenta matar al jefe de operaciones como consecuencia de una supuesta orden de los jefes Hernández y Gordon, y Curtis, la mata a ella y a su ayudante, para luego morir él desangrado cuando Derque intentaba sonsacarle información de quienes eran sus padres y él mismo. Localiza por sus medios la sede cCentral de la agencia y mantiene oculta a Marina. Esta comete un error y piden intercambiarla por los discos que fue enviándonos. Catorce en total. Derque accede y cuando se dispone a visitarlos en Los Molinos, el tal Ismael Frutos compinchado con ellos mientras trabaja para la S&P, los avisa de la información que está recibiendo en mi comisaría como observador autorizado. Derque tiene que ir a La Granja, donde retienen a Marina. Los dejan en los dormitorios mientras comprueban el contenido de las copias del ordenador de Curtis, y de allí se escapa la chica, a través de un túnel que el propio Derque, más joven, hizo cuando estuvo preparándose para la Agencia. El resto ya lo conoces. Hemos hablado con Merino, responsable de “S & P” en España para comunicarle la detención de su hombre, fundamentalmente por facilitar a los agentes infiltrados en el Castillo de Viñuelas, las armas con las que después mataron a Nereo Lasso y su esposa Mayra Corona.
—¿Entonces está todo cerrado? —pregunto el Director General.
—Todo. Completamente.
—Y de esos dos chicos ¿que ha sido?.
—Ella en libertad. El, a disposición del Juez, aunque es seguro que no presenten cargos. De momento se puede mover por donde quiera. Le llamarán si tiene que prestar declaración o confirmar algún extremo.
—Me alegro. ¿Como quedó el señor Corona?
—Detenido y acusado de conspiración, aunque dudo que por su edad y también por su confesión, ingrese en prisión. Aunque moralmente tiene suficiente castigo.
—¿El resto de implicados?
—En prisión preventiva aunque imputados. Tienen muchos delitos a sus espaldas. Se jubilarán en la cárcel, pero a los noventa años. Eso espero al menos. Hay uno que lo pasará peor.
—¿Y eso?
—Padece claustrofobia.
—Entonces se desesperará.
—En eso confió, y lo siento, pero no me importaría que se suicidara por ello.
—¡Roberto!
—Sin escrúpulo alguno.
—Ahora que todo este asunto terminó, me gustaría que me dijeras que te preocupa.
—Es el temor que sigue ahí.
—Díselo al amigo, no a tu superior.
—De acuerdo José Maria.
—¿Recuerdas el caso que tuvimos de Evaristo Fuena?
—Por supuesto.
—Esperanza y yo mismo fuimos amenazados por ese individuo.
—Lo se, me lo comentaste.
—Loque no sabes es, que desde entonces nos está observando. Creo que nos sigue. Como eres tan observador como yo, recordaras algo cuando fuimos a Lanzarote a descansar unos días.
—Si. No quise decirte nada, pero te vi la misma cara entonces que el otro día.
—Claro. En ese momento me entregaron una nota suya cuando subíamos a echar la siesta.
—¿Que te decía en esa nota?
—Una amenaza velada, más o menos que pasara unas buenas vacaciones con mi mujer, que él ya no tenia por mi culpa, que tendría noticias suyas.
—Pero hay algo más ¿verdad?
—Sí, el otro día Loli me comentó que un hombre se acercó a su oído cuando salía del metro y la dijo: Tiene usted. un corazón precioso. Ella se asustó y yo aún más cuando me lo dijo. Le quite todo el hierro que pude, pero no he dejado de pensar en ello.
—Ahora mismo daré orden de que la vigilen constantemente.
—Ya lo he hice yo. He pedido un favor a un compañero de la zona donde vivimos.
—Bueno tranquilízate. Estoy seguro que no hará nada.
—Yo no, José Maria.
—Tranquilízate. Ahora escucha, os esperamos para cenar juntos el sábado. Hemos reservado mesa en un nuevo restaurante de cocina italiana, pero de la costa.
—Estupendo, se lo diré a Loli.
Próximo capitulo (13), desenlace final de la novela
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