Pablo Méndez: «Editar poesía es una forma de resistencia cultural»

Fundador y director de Ediciones Vitruvio desde 1995, Pablo Méndez reflexiona sobre tres décadas de edición independiente, el lugar de la poesía en el mercado editorial, el descubrimiento de nuevas voces y el compromiso de mantener vivo un catálogo que supera los 1.400 títulos.

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En un panorama editorial marcado por la concentración de los grandes grupos, la presión de la rentabilidad inmediata y la creciente dificultad para que la poesía encuentre su lugar en las librerías, sostener durante más de tres décadas un catálogo dedicado casi por completo a este género constituye algo más que una aventura empresarial: es una forma de compromiso con la literatura. Pablo Méndez (Madrid, 1975) conoce bien esa realidad. Poeta desde la adolescencia, editor, ensayista y docente, fundó Ediciones Vitruvio en 1995, cuando apenas había cumplido los veinte años, con una idea que sigue guiando el sello: tender un puente entre los grandes nombres de la poesía y las voces que comienzan a construir su obra.

Desde entonces, Vitruvio ha levantado un catálogo excepcional dentro de la edición independiente española, con más de 1.400 títulos y alrededor de 800 autores publicados. Junto a ediciones de referencia de figuras como Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Jaime Gil de Biedma, Francisco Brines, Fernando Pessoa, Walt Whitman, Rainer Maria Rilke, Anne Sexton o César Vallejo, la editorial ha mantenido una apuesta constante por descubrir y acompañar a nuevas generaciones de poetas, convirtiéndose en un espacio de continuidad y renovación dentro del panorama poético español.

Pero Pablo Méndez no es únicamente el editor que ha hecho posible ese recorrido. Su propia trayectoria como poeta —reconocida, entre otros galardones, con el Premio de la Crítica de Madrid por Ana Frank no puede ver la luna—, su labor como ensayista, divulgador y profesor de escritura creativa le han permitido observar la evolución de la poesía española desde perspectivas muy distintas: la creación, la edición, la crítica y la formación de nuevos autores.

En Hojas Sueltas hemos querido alejarnos de la entrevista construida alrededor de una novedad editorial para conversar con quien ha dedicado buena parte de su vida a un oficio tan discreto como decisivo. Nos interesa conocer cómo se sostiene un proyecto independiente especializado en poesía, qué significa hoy editar cuando el mercado parece imponer otras prioridades, cómo han cambiado los lectores, los autores y las librerías, y cuál cree que debe ser el papel del editor como mediador cultural. También habrá espacio para hablar de su propia escritura, que regresa con un nuevo poemario tras doce años de silencio editorial, y de la relación —siempre compleja— entre quien escribe versos y quien acompaña los de tantos otros hasta convertirse en libro.

Más que una conversación sobre libros, esta es una reflexión sobre el oficio de editar, la resistencia cultural y la vigencia de la poesía en un tiempo que parece conceder cada vez menos espacio a la lentitud y a la palabra.

HOJAS SUELTAS: Fundó Ediciones Vitruvio en 1995, cuando apenas tenía veinte años. ¿Qué intuición, necesidad o inconformismo le llevó entonces a crear una editorial de poesía, y qué queda hoy de aquel impulso inicial después de tres décadas de trabajo?

PABLO MÉNDEZ:  Yo quería dedicarme en exclusiva a la poesía, lo tenía muy claro, y para eso el mundo de la edición era lo más idóneo, eso y un amor por los libros que tuve siempre. La verdad es que después de 30 años mantengo la misma ilusión, adoro mi trabajo.

HS.: Vitruvio ha superado los 1.400 títulos publicados y reúne a más de 800 autores. Cuando contempla esas cifras, ¿las interpreta como la consolidación de un proyecto cultural, como una forma de resistencia o también como el peso de una responsabilidad acumulada?

PM:  Quizá la consolidación de un proyecto, sobre todo el fruto de un trabajo desmesurado durante años, pero ya digo, un trabajo enorme, muy enorme, pero feliz, muy feliz.

HS.: Desde su origen, la editorial ha querido alternar la publicación de poetas consagrados con autores nuevos. ¿Cómo se evita que los nombres canónicos actúen únicamente como respaldo simbólico del catálogo y se consigue que dialoguen de verdad con las voces emergentes?

PM: Pues alternando, alternando voces y dándole el mismo espacio a todos los autores, para nosotros, todos ocupan el mismo espacio.

HS: Publicar poesía implica trabajar en un territorio donde el prestigio cultural no siempre se corresponde con la viabilidad económica. ¿Qué decisiones difíciles ha tenido que tomar para sostener la editorial sin traicionar su identidad?

PM: Muchas, seguramente, pero soy muy malo para recordar estas cosas.

HS.¿Qué busca en un manuscrito de un autor desconocido? Más allá de la corrección técnica o de la intensidad emocional, ¿qué señales le permiten reconocer que existe una voz propia y no solo una imitación competente de otras lecturas?

PM:Yo busco que un manuscrito me guste, me impresione, porque después de tantas lecturas, si un libro me gusta es que tiene voz propia, tiene un universo particular y no es fruto de la imitación.

HS: Después de haber leído miles de originales, ¿cree que hoy se escribe más poesía de la que se lee? ¿Qué revela esa posible desproporción sobre la relación contemporánea entre escritura, reconocimiento y deseo de publicación?

PM: Es verdad que hay muchísima gente escribiendo poesía, pero no olvidemos que el que escribe poesía normalmente la lee y eso es importante, se venden muchísimos libros de poesía al año. El deseo de publicación y de reconocimiento ha sido siempre el mismo, no olvidemos que Neruda, por ejemplo, vendió el reloj de oro que le regaló su padre para pagar su primer libro.

HS: Las redes sociales han multiplicado la circulación de poemas, fragmentos y aforismos, pero también han favorecido formas de escritura condicionadas por la inmediatez. ¿Han ensanchado realmente el público de la poesía o han cambiado, incluso empobrecido, nuestra manera de leerla?

PM: No lo sé, yo creo que tienen algunos aspectos positivos, negativos no creo. Pero pequeños, la poesía va por otro lado, las Redes Sociales son una forma de comunicación y de conocimiento, una más.

HS: Durante estas tres décadas se han transformado la crítica literaria, las librerías, los suplementos culturales y los medios de prescripción. ¿Quién legitima hoy a un poeta y qué autoridad conserva el editor dentro de ese nuevo ecosistema?

PM:  Yo confío mucho en la crítica literaria y en los suplementos de cultura, el ABC Cultural me sigue pareciendo una verdadera referencia, un espacio donde se hace buena critica y con grandes críticos. Los editores hemos cambiado poco, buscamos vender el mayor número posible de libros, poco más.

HS: Se habla con frecuencia de crisis del libro, pero quizá esa expresión oculta crisis diferentes: de lectura, de distribución, de visibilidad o de modelo empresarial. Desde su experiencia, ¿cuál es el verdadero problema estructural de la edición independiente en España?

PM: Llevo escuchando lo de la crisis del libro desde que empecé en 1995 y no es verdad. El libro sufre las mismas crisis que el mercado en general, la crisis del 2010 fue tremenda, pero para todo el mundo. Más allá de eso, es un mercado difícil, ¿pero cuál no lo es? Yo desconozco el problema estructural de la edición, me paso la vida pensando en los libros que pueden venderse más, y eso me encanta, cuando empezó la odiosa guerra de Rusia contra Ucrania, publiqué al mejor poeta ucraniano de la historia Tarás Shevchenko, y el libro se sigue vendiendo muy bien, es un poeta muy bueno que aquí era desconocido.

HS: La concentración editorial ha reforzado el poder de unos pocos grupos sobre la distribución, la promoción y la presencia en librerías. ¿Hasta qué punto puede competir una editorial independiente sin asumir las mismas lógicas comerciales de aquello frente a lo que pretende diferenciarse?

PM: Cuando editas un libro interesante, interesante de verdad, a las librerías, a las distribuidoras y a los medios de comunicación les interesa, ese es mi objetivo, quizá debe ser ese el de otras editoriales independientes.

HS: ¿Qué ha cambiado más profundamente en el oficio de editar desde 1995: la relación con los autores, los procesos de selección, los hábitos de lectura, la distribución o la propia idea de catálogo?

PM: En 1995 no existía Internet. Su influencia es el gran cambio, solo se vendía a través de librerías, ahora se vende más en plataformas y páginas web, hay que ocuparse mucho de esto, pero los hábitos de lectura y los procesos de selección son parecidos.

HS: En un mercado que reclama novedades constantes y concede cada vez menos tiempo a los libros, ¿cómo se defiende un catálogo de fondo? ¿Puede una editorial de poesía permitirse pensar en décadas cuando el sistema cultural parece organizado por temporadas?

PM: Nosotros alternamos la publicación de clásicos con autores contemporáneos. Y conviven los dos en nuestro catálogo, los clásicos se venden siempre pero de forma lenta, es un maravilloso y continuado goteo, sin embargo lo contemporáneo se vende en las primeras semanas, meses. La alternancia es el método que empleamos.

HS: Ha publicado a poetas reconocidos y a centenares de autores que daban sus primeros pasos. ¿Qué responsabilidad tiene un editor sobre las expectativas de quien publica por primera vez, especialmente cuando la aparición de un libro no garantiza lectores, crítica ni continuidad literaria?

PM: Es una responsabilidad con nosotros mismos, cuando sabes que el libro es bueno y no funciona tienes la felicidad de haber publicado un buen libro. Hay libros de autores reconocidos que no funcionan y autores nuevos que venden muy bien. Pero esto pasa en todos los mercados.

HS: Todo catálogo acaba proponiendo, de manera explícita o involuntaria, una determinada lectura de la tradición. Después de tres décadas, ¿qué idea de la poesía española cree que ha construido Ediciones Vitruvio y qué autores, corrientes o sensibilidades considera que siguen insuficientemente atendidos?

PM: Nosotros en Ediciones Vitruvio hemos querido siempre publicar el mayor abanico de propuestas, tendencias, modas o estilos, por eso es muy difícil saber lo que hemos construido a este nivel. En el curso que viene se va a hablar mucho de la Generación del 27 y yo me alegro, son muchos los autores del 27 que hemos publicado, espero que se trate a todos por igual y no olvidemos a autores contemporáneos al 27 también importantes, Larrea, Rogelio Buendia, Villalón, Hinojosa…

HS: Una editorial también puede entenderse como un archivo de su tiempo. ¿Qué le gustaría que un lector futuro, al revisar el catálogo de Vitruvio, comprendiera sobre la poesía escrita y publicada en España durante estas últimas décadas?

PM: Me gustaría que apreciara la constancia y el esfuerzo y sobre todo el enorme amor la poesía con la que siempre hemos hecho las cosas.

HS: Usted es, al mismo tiempo, editor y poeta. ¿De qué manera la lectura profesional de tantos manuscritos ha modificado su propia escritura? ¿Ser editor le ha vuelto más exigente con sus poemas o, por el contrario, le ha dificultado preservar un espacio de libertad creadora?

PM: No, yo creo que he sabido diferenciar muy bien mis dos facetas, a los autores de la editorial los leo en horas de trabajo, en la propia editorial, y a los otros autores en mi casa, por la noche o los fines de semana, escribo casi siempre por la noche y nunca en la editorial. Desde muy joven me hice como dos espacios, creo que eso me ha ayudado.

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HS: Prepara su primer poemario inédito en doce años. Después de un silencio editorial tan prolongado, ¿qué necesitaba decantar ese libro y qué encontrará en él el lector: una continuidad de su obra anterior, una ruptura o el balance íntimo de alguien que ha dedicado buena parte de su vida a sostener la poesía de los demás?

PM: Huérfano buscando el mar es mi trabajo poético de los últimos doce años, es un libro sobre la orfandad y la necesidad de querer y vivir en familia, sobre el tiempo perdido y el amor como única forma de felicidad conocida y añorada, no creo que exista una gran ruptura con mi obra anterior, sí me parece un balance íntimo de mi vida y de mi tiempo, escribo sobre lo que me ocurre y el mar es siempre para mí, metáfora de belleza y felicidad, pero también espacio inalcanzable y nostalgia continua.

Pablo Méndez Jaque, gracias por esta conversación y por aportar una mirada construida desde tres décadas de trabajo al frente de una editorial independiente de poesía. Su trayectoria permite entender mejor las transformaciones del sector, las dificultades de sostener un catálogo de fondo y la responsabilidad de acompañar tanto a autores consagrados como a quienes publican por primera vez.

Ediciones Vitruvio ocupa hoy un lugar singular en el panorama editorial español por la continuidad de su proyecto y por su defensa de un género que rara vez ocupa el centro del mercado. Agradecemos también su franqueza al abordar el oficio de editar, los cambios en el ecosistema literario y su regreso a la poesía con un nuevo libro después de doce años.

Equipo Punto y Seguido, coordinado por Pilar Santisteban