Roberto no acertaba a entender ciertas posturas observadas por la gente. Cerró la carpeta que minutos antes le había entregado Pinillas y se dispuso a cerrar el caso de los primeros asesinatos. Antes de salir llamó por teléfono a Alberto Corona.
—Si señor, prácticamente esta resuelto el asesinato de su hija y su marido. Me gustaría hablar con usted antes de practicar ciertas detenciones.
—Gracias comisario, me alegra escucharle. Le esperaré impaciente.
—No tardaremos en ir.
—¿Como? no entiendo ese tardaremos.
—Luego se lo explicaré.
En el primer coche iba el comisario acompañado por Ignacio Dobles más un agente y el conductor. En otro, que les seguía, cuatro agentes más. Al llegar cubrieron la puerta principal, y en el vestíbulo, la puerta del ascensor principa—Nos espera el señor Corona —dijo Roberto nada más llegar frente al mostrador de recepción.
—Lo se señor comisario, hace un rato nos lo dijo. Los espera. ¿Quieren que los acompañe?
—No es preciso, ya conozco el lugar.
—Como guste.
La secretaria se levantó nada más ver entrar a los dos policías. Se acercó a la puerta del despacho del señor Corona. Tras cerrarla y permanecer unos segundos dentro, volvió a salir para dejarla abierta e invitarles a pasar a ambos. Alberto Corona permanecía en pie. Avanzó con la mano adelantada en ademán de saludo hasta encontrar la de Roberto—Creo que ya conoce al inspector Dobles.
—En efecto —dijo ofreciéndole su mano –
—Entonces si le parece le pondremos inmediatamente en antecedentes. Muy bien señor Corona. En primer lugar debo prevenirle.
—¿Prevenirme?
—Si. Sería conveniente que hiciera llamar a alguno de sus abogados para que estuviera presente durante la reunión.
—Me está asustando comisario.
—Es posible. Pero insisto, debería llamar a un abogado.
—Está bien. Esperen un momento. Señorita Diana, haga el favor de llamar al Departamento Jurídico y diga al señor Torrecilla que venga inmediatamente a mi despacho.
—Si señor.
—¿Puedo ofrecerles algo de beber?
—Preferimos esperar, si no le importa.
—Claro.
Dos minutos después el abogado Torrecilla hacia entrada en el despacho.
—¿Qué ocurre señor Corona?
—Le presento al comisario Roberto Hernán Carrillo y al inspector Ignacio Dobles. Han venido a comunicarme que tienen más o menos resuelto el asesinato de mi hija y su esposo, pero me han pedido, o mejor, me han sugerido, la presencia de un abogado. Supongo que algo grave tienen que decirme.
—De acuerdo señor Corona. Desde este momento actúo como su abogado a titulo personal y privado.
—Bien, entonces comisario si lo desea puede empezar.
—Me veo en la obligación de señalarle que a partir de este momento, todo cuanto diga, será tenido en cuenta como prueba.
—Por favor comisario no sea tan legalista y proceda.
—Señor Corona. Lo lamento, pero el inspector Dobles le va a leer sus derechos, no queremos tener problema alguno.
—Bien adelante y rápido por favor.
—Señor Corona —comenzó Dobles— sepa que tiene derecho a … y acabó diciendo: y como tiene abogado presente será el quien determine si sus respuestas pueden implicarle o no. Muchas gracias —finalizó.
—Bien, y ¿ahora?
—Ahora señor Corona le diré que lamentablemente usted fue quien encargó la muerte de su yerno, Nereo Lasso y como consecuencia de ello, circunstancialmente la de su hija.
—Pero, que está diciendo, comisario —balbuceó.
—Usted contrató con la Agencia “GH & Asociados”, unos servicios para que le procuraran de cualquier forma y manera, la compra de la Sociedad Brasilera do Robótica SBDR. Tenemos documentación probando que el encargo realizado personalmente y la firma del documento, exonera a la agencia de cualquier responsabilidad, facultándoles para lograr el fin propuesto por los medios que estimarán por conveniente. El cruce de información señala, que aceptó la decisión después de firmar dicha advertencia y era la de suprimir a cualquier comprador caso de que se adelantara a las negociaciones por usted previstas. Para ello “GH & Asociados”, puso detrás de Lasso a dos agentes, bajo la cobertura de recién casados en viaje de novios. Consiguieron hacer amistad con su hija y futuro marido en Brasil. Allí tuvieron oportunidad de comprobar que durante un viaje hecho a Brasilia, Nereo cerró el trato y cuando regresaron a Madrid ya era propietario de SBDR. La agencia le informó de la situación y pidieron su autorización para continuar el proceso. Les señaló, como así consta, que lo consiguieran por cualquier medio. El cruce de comunicaciones le vuelven a señalar lo oportuno de eliminar el atolladero surgido. En ese momento vuelve a decirles : adelante con todas las consecuencias.
—Comisario,eso es …
—Verdad, señor Corona, rigurosa y absolutamente cierto. Los agentes encargados del seguimiento aprovecharon la única oportunidad en que estarían juntos. Su boda. No había temor, pese al sistema de seguridad encargado por el señor Lasso. Eran amigos, no sospecharían nada. Eliminaron al comprador de SBDR, tal y como usted autorizó. Lo terrible de todo esto es que su hija, desconocedora de la situación, murió por estar en compañía de su marido objetivo de la agencia. No sabemos con exactitud quien disparó. Pero desde luego si que eran dos agentes contratados por usted. a través de la Agencia “GH & Asociados”. señor Corona, queda usted. detenido por conspirar para cometer un asesinato.
Alberto Corona se llevó la mano al corazón. Luego miró a su abogado, que sin decir palabra, asintió con la cabeza. Luego tomó el teléfono, habló durante unos minutos en voz baja y trémula. Para volverse hacia el comi—Le pido por favor que no le pongan esposas al señor Corona.
—No hay problema señor Torrecilla, saldremos por la puerta principal o por el garaje, como prefieran, pero deberá acompañarnos.
—Se lo agradezco.
—Ignacio, llama a los agentes y diles que nos esperen a la salida del garaje ¿Nos acompañará usted supongo?
—Desde luego, iremos en mi coche. ¿A su comisaría?
—Claro. Luego daremos cuenta a S.Sª quien dictaminará cuanto considere oportuno.
El señor Corona al salir dijo a su secretaria que suspendiera todas las reuniones previstas, llamara a sus hijas señalandolas ponerse en contacto con el señor Torrecilla y añadió: Estaré una temporada alejado de los negocios. Gracias por todo, Diana.
Antes de salir en dirección a la comisaría Derque recogió los dos paquetes previstos para entregar al comisario y otro conteniendo las segundas copias realizadas horas antes para dárselas a los números Uno y Dos de la Agencia. Después se sentó unos minutos para recorrer mentalmente los pasos que debía dar. Aún no estaba seguro de que el comisario le dejara marchar tras presentarse ante él. Dedujo que no lo haría. Consecuentemente redactó una nota que imprimió después, la metió en un sobre con la segunda entrega y dejó la tercera para enviarla como inicialmente tenía previsto. Por correo ordinario.
Se acercó hasta unos metros del edificio donde se encontraba la comisaría, localizó a un joven, y como la vez anterior, le entregó un billete de 50€ y un paquete. Esperó a que entrara y saliera del recinto. Cuando lo hizo, dos agentes le siguieron. Poco después regresaron esta vez acompañados por el joven.
Derque por su parte, esperó unos minutos más para caminar hasta una estafeta de correos. Pesaron el sobre y pagó el importe de los sellos del envío.
Dentro en la comisaría, Roberto del mismo modo que en la primera ocasión, rasgó con detenimiento el sobre y leyó:
Estimado comisario: En un principio tenia pensado entregarle este segundo envío personalmente, aunque no estaba seguro de que me dejara marchar a resolver el problema presentado a una amiga mía. Por ello le señalaré que mi intención es entregarme a usted después de solucionarlo, si es que salgo con vida. De cualquier forma esta es la segunda entrega. La tercera y última le llegará por correo ordinario.
No tengo más remedio que responder tanto a la llamada de mi corazón, como a la obligación que tengo para con la sociedad. Si me cree, y está dispuesto a ayudarme, a continuación le señalo los datos del GPS y grabador dispuesto en el vehículo que voy a utilizar. Se trata de un coche robado marca Renault, matricula SA-3740-PY, con una abolladura en la puerta delantera derecha.
Si saliera mal, sepa que jamás maté a nadie. Si consigue algo que yo no pude hacer, localizar a mi familia, dígales lo mismo, y que me habría gustado vivir un tiempo con ellos, aunque desconozco donde están y quien soy verdaderamente. Si por el contrario, y es lo que deseo, tuviera suerte, podré contarle personalmente más cosas.
Gracias por todo comisario.
Llamó inmediatamente a Pinillas y Dobles, y tras realizar copias de los discos, los tres se sentaron junto a la pantalla para seguir viendo esquemas, nombres y direcciones de las actividades llevadas a cabo por el jefe de operaciones.
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—Es muy difícil — recalcó Pinillas— solo sabremos donde ha estado cuando tengamos el vehículo, antes no hay forma de averiguar donde está y hacia donde se desplaza.
—Entonces ese muchacho, como advierte, es posible que muera sin que lleguemos a saber nada de él.
—Es posible jefe. Pero repito es difícil, por no decir imposible. Si estuviera moviéndose por Madrid, y lo pusiéramos en conocimiento de todas las patrullas nuestras, de la policía municipal y Guardia Civil, podríamos hacer algo.
—Entonces manos a la obra, dictaré las ordenes necesarias. Mientras vosotros hacer el favor de sentaros frente a las pantallas y dispuestos a salir corriendo si es preciso.
—Aunque recuerda que tenemos abajo al detenido que nos envió la Guardia Civil, el de las pistolas.
—No se porqué lo de este muchacho es primordial. Tenemos aún días para tomarle declaración.
—Como prefieras.
Roberto habló con los diferentes estamentos de las tres fuerzas, pidiéndoles que no detuvieran el coche si lo localizaban. Solo necesitaba saber la dirección seguida y en todo caso, confirmar la situación si es que le encontraban parado. Pinillas se plantó frente a la pantalla de rastreo y esperó pacientemente mientras comenzó a copiar datos de los discos recibidos en la segunda entrega. Dobles se mantuvo entretenido leyendo el contenido de los expedientes de las numerosas empresas implicadas con la Agencia “GH & Asociados”. Sopesando el voluminoso trabajo que aquello iba a acarrearles.
En la entrada de la comisaría Ismael Frutos, observador de la Agencia “S & P”, preguntaba por el inspector Doble—Pase, está dentro con el inspector Pinillas.
—Gracias agente.
Se escurrió por los pasillos hasta la sala donde Pinillas y Dobles comenzaban a atender las llamadas que periódicamente, realizaban algunas patrullas implicadas en la búsqueda del desconocido joven. Sin atreverse a entrar se mantuvo escuchando en ademán dubitativo, esperando oír algo, o quizás reservarse para hacerlo en un momento coyuntural.
—Si, adelante — oyó decir a Dobles —. Claro. Estupendo. Muchas gracias. Ahora mismo lo comunicare al resto de patrullas que siguen buscándolo. Gracias de nuevo. Por favor síganle a distancia, inmediatamente nos pondremos en marcha. Deje el canal abierto por favor e informe de la dirección que toma. ¿Guadarrama? Bien, continúen por favor.
—¿Qué pasa? — preguntó Pinillas.
—Acaban de ver al coche.
—¿Dónde esta?
—Atravesando la población de Guadarrama. Ve a decírselo al comisario, yo seguiré atendiendo, pero fíjale en la pantalla.
—Claro.
—Diga, adelante ¿a tomado dirección Los Molinos? Gracias, continúen por favor.
Al salir de la sala, Pinillas se tropezó con Ismael Frutos que hacia ademán de entrar.
¿Que hace aquí?
—Venia para ver si tenemos alguna novedad.
—Si. En efecto, pero no del caso que sigue como observador.
—Ah, entiendo. Entonces me marcho.
—Claro, ya le llamará el inspector Dobles.
—Gracias.
Mientras Pinillas comunicaba la novedad al comisario, el observador de S&P marcaba un numero en su móvil y comentaba en voz baja.
—Sigo sin novedad alguna. No. Nada, están ocupados en otros asuntos, el nuestro parece parado. Si. Ahora mismo escuché que siguen a un coche que se dirige a Los Molinos. No, es un asunto que llevaban desde hace tiempo según creo. Claro, te seguiré informando.
Derque aminoró la marcha para atravesar la población, aparcó justo en la puerta de la agencia inmobiliaria y se dispuso a entrar, llevando un voluminoso paquete sujeto con la mano izquierda. Le extrañó sobremanera que las dos agentes femeninas no lo recibieran. Miró a ambos lados de la calle y no vio coche alguno aparcado. Llamó insistentemente a la puerta sin recibir respuesta. Esperó para volver a hacerlo y de nuevo solo silencio. Miró dentro de la oficina a través del cristal y observó una nota con su nombre sobre la mesa. Sin pensarlo dos veces apoyó el codo derecho sobre el cristal de la puerta y con el puño izquierdo se golpeó la palma derecha. El cristal saltó hecho añicos dentro de la oficina.
Se acercó hasta el sobre soportado sobre un sujeta tarjetas, lo abrió y leyó.
Has hecho una estupidez poniendo a la policía detrás de nosotros. No está bien. Si quieres ver a Marina solo tienes que usar el coche aparcado a cien metros dirección sur desde la puerta. Las llaves están sobre la mesa. Debes darte prisa y no olvides lo que prometiste. Esperaremos solo dos horas. Abandona todo teléfono antes de entrar en La Granja, no queremos más sorpresas. JH
Recogió las llaves del vehículo y corrió hacia la dirección señalada. No abandonó el teléfono, lo haría después. Salió de la población en dirección a La Granja, recordaba las edificaciones fotografiadas y los olores percibidos días antes. Bajó las ventanillas del coche y despacio comenzó a divisar el complejo de viviendas. A lo lejos, según circulaba en dirección a Guadarrama, reconoció el edificio principal. Avanzó hasta encontrar una calle con un cartel que anunciaba Calle del Matadero. Recorrió unos metros despacio, y nada más separarse la carretera M-614, se bajó e introdujo el móvil en el primer arbusto que vió pegado en la bifurcación. Después regresó y continúo el camino pensando si encontraría a Marina viva.
Roberto conversaba con su mujer por teléfono cuando entró Pinillas. Al verle ocupado se retiró caminando hacia atrás. El hizo ademán con la mano para que no se marchara.
—¿Qué te ha pasado? —pregunta Roberto.
—Que me han asustado esta mañana.
—¿Pero estas bien? Cuéntame como ha sido
—Si. Estoy bien. Tranquilízate cariño.
—Vale, ya estoy tranquilo, pero por favor dime que paso.
—Un hombre se cruzó conmigo al salir del metro, y sin más se acercó a mi para decirme: Tienes un corazón precioso. Le llamé estúpido y se marcho riendo a carcajadas.
—Bueno, es para asustarse, pero no le des importancia. Seguro que no estaba bien de la cabeza, o no supo decirte un mejor piropo. ¿Irías muy guapa supongo?
—Como siempre.
—Pues eso, muy guapa.
—Gracias cariño.
—Ahora te dejo, estamos intentando encontrar a los malos.
—¿Vendrás pronto?
—No lo se, aunque te llamaré antes de salir.
—¿Qué ocurre Pinillas? —dijo nada más colgar a su esposa.
—Tenemos localizado a nuestro hombre, se desplaza a una población cercana a Guadarrama. El coche le hemos situado en dirección a Los Molinos y una patrulla de la Guardia Civil le sigue.
—Bien, contacta con esa patrulla y diles que enseguida vamos para allá. Vamos a reunirnos con Ignacio y Esperanza.
Nada más llegar, Dobles cerraba comunicación con la patrulla.
—Gracias, espérennos, supongo que llegaremos en muy poco tiempo.
—Precisamente veníamos a pedirtelo.
—Nos esperan a la entrada, han dejado apostado a un agente vigilando el coche que al parecer esta aparcado frente a una Agencia Inmobiliaria.
—Perfecto. Ahora me gustaría que mientras vamos, Luis y Esperanza tomaran declaración al italiano que tenemos en los calabozos. Se nos va a pasar el tiempo marcado por la Ley y tendremos que dejarle en libertad ,si no le imputamos algo. Y como veréis solo por tenencia ilícita de armas no podemos retenerle más tiempo. A ver como os portáis.
—De acuerdo jefe. Buscaré a Esperanza y trataremos de lograr algo.
—Ignacio tú y yo nos vamos. Pide una par de patrullas de coches camuflados con agentes de paisano.
—Ahora mismo.
El recinto estaba irreconocible. Habían levantado una cerca de piedra con su continuidad metálica hasta alcanzar una elevación cercana a los tres metros. El final estaba distinguido con alambre de espino y cada veinticinco metros aproximadamente, una lámpara de infrarrojos advertía que sobre ella había una cámara vigilando. El pasillo de asfalto le condujo hasta la puerta metálica verde. Sobre ella un cartel anunciaba que el recinto se llamaba La Granja y junto a ella una frase latina Patiens et fortis se ipsum felicem facit. Derque se rió cuando la tradujo al castellano.
Hacia ademán de bajarse del coche para pulsar un timbre cercano a la puerta, cuando oyó una voz que salía de un altavoz fijado a la pared. Pasa, no te has demorado. Eso me gusta. Esperó a que la puerta terminara de abrirse y pasó con el coche en dirección a la torre. Recordaba que aquel edificio era el principal. No se molestó en buscar aparcamiento, lo dejó con las llaves puestas y frente a los dos bustos romanos que soportaban un letrero señalando Administración y Dirección. Subió y avanzó hasta el vestíbulo central. Antes de llegar a la escalera, dos hombres se acercaron para, según dijeron, acompañarle a presencia del director. Subieron con él hasta el primer piso. Fue fijándose en los colores de las paredes, las ventanas, pero sobre todo en los olores que le recordaban a la juventud perdida. Al final del pasillo y antes de llegar a la escalera que daba al sótano, le mandaron parar.
—Espere aquí unos segundos.
—¿Pero?
No volvieron a pronunciar palabra. Le abandonaron durante unos instantes, los precisos para que JH saliera en su busca tras abrir la última puerta derecha.
-
—Acompáñame Diego
—Claro.
Entraron en una amplia sala cubierta de mesas rectangulares, rodeadas de sillones. Al fondo un proyector y de frente, una pantalla. En uno de ellos Williams Gondon esperaba sentado. Ni se levantó al verle entrar junto a JH.
—¿Donde esta Marina?
—A buen recaudo.
—Entonces dejarla marchar ahora mismo y os daré lo que me pedís.
—Un momento, paciencia.
—Toda la que queráis, pero si no lo hacéis destruiré estos discos ahora mismo —dijo sacando un pulsador electrónico.
—Quieto. Por favor. Si lo destruyes que será de tus preguntas
—En estos momentos solo me preocupa la vida de Marina. Lo demás puede que ya no sea tan necesario.
—¿Tanto como para avisar a la policía?
—Disculpa, pero no he avisado a la policía.
—Entonces dinos porqué un inspector ha mandado seguir tu vehículo desde Madrid hasta Los Molinos.
—Lo desconozco. No tengo ni idea y sabes que no estoy mintiendo.
—Pues esa es la razón por la que te hemos hecho venir aquí. Has trastocado todo.
—Lo lamento.
—Nosotros también.
—Bueno, dejaros de charla y llevarme junto a Marina antes de seguir.
—Iremos a verla, pero antes debes darnos los discos.
—Claro en el mismo instante en que la vea.
—Entonces salgamos de aquí, nos espera en el sótano.
Los tres hombres caminaron hasta la escalera cercana y tras llegar a los pisos inferiores, abrieron la puerta que conducía a numerosas habitaciones a la largo de la planta. Tres pasos y enseguida se situaron cerca de la primera puerta. JH se adelantó introdujo una llave y abrió. Marina estaba sentada sobre un camastro, sus ojos estaban rojos de haber estado llorando durante largo rato. En cuanto le vio, se levanto sonriendo e intentó hablar. Sin embargo Derque no la dejó. La atrajo hacia su pecho y la abrazó con fuerza.
—Bien ahora ya sabes que está viva. ¡ danos el paquete¡
—Enseguida, pero antes eliminare el dispositivo, no vaya a segarte la mano.
—Muy astuto Diego.
Marina que aún no se había soltado del abrazo, levantó la cara y miró interrogante a Derque. El puso su dedo índice sobre sus labios pidiéndola silencio.
—¿Ahora que vais a hacer con nosotros?
—Os llevaremos unos minutos a la zona de los dormitorios. Estaréis el tiempo justo para que regresemos a Los Molinos y verifiquemos que los discos contienen los datos que robaste.
—Pero eso no era lo acordado.
—Lo se, pero esperaréis a que regresemos. Mientras podéis seguir con los abrazos.
JH y Williams salieron de la habitación, volvieron a echar la llave y dejaron a los dos jóvenes. Derque esperó cinco minutos para hablar con Marina, ahora sentados ambos sobre el catre. Tomó su mano y se alejaron de la cama. Se sentaron justo debajo de la ventanilla que tenia la puerta de entrada. En voz baja y dirigiendo sus labios al oído derecho de ella, comenzó diciéndola.
—Lo siento Marina, no podía decírtelo. Temía que dieras aviso y tuvieras que matarme. De verdad que lo siento. Pero es muy importante lo que ahora estoy haciendo, déjame que acabe. Luego podrás hacer lo que quieras. De momento debemos ser cautos y sobre todo, sacarte de aquí.
Ella le miró con una mezcla de sentimientos dispares. Cariño, odio, mentira, inquietud, miedo, pero no dijo una sola palabra, solo acercó sus labios a los de él y le besó repetidamente para luego abrazarle con más fuerza que cuando entró por la puerta. Segundos después los dos jóvenes que le acompañaron abrían la puerta de la habitación y tras pedir acompañarlos con amabilidad, los llevaron hasta un edificio que anunciaron como la zona de dormitorios de La Granja. La puerta de acceso principal era metálica y se abrió cuando uno de ellos aplicó la correspondiente clave alfanumérica. Luego dijo: pueden acoplarse en cualquiera de las habitaciones, pero les advierto que no pueden salir de esta zona, está vigilada debidamente.
—Gracias, — dijo Derque tirando de la mano de Marina caminando hasta la que fue su antigua habitación.
Ella se mantenía asustada. Sus ojos en otros momentos gozosos de alegría, todavía se mantenían tristes y melancólicos. Caminó hasta el cuarto arrastrada por él, sin apenas darse cuenta de los pasos que daba. Al entrar, Derque cerró la puerta con el cerrojo interior y avanzó hacia ella para volver a abrazarla.
—Lo siento cariño. De verdad, de verdad que lo siento.
—¿Como no me dijiste nada?
—Temía perderte.
—Yo a ti también. ¿Recuerdas la cosa buena y la mala? Pues ese era mi temor, que fueras Diego a quien buscaba.
—Te repito que lo siento mucho, pero no podía decirte la verdad. Era peligroso. Días antes un motorista me disparó cuando iba a reunirme con otro agente que presuntamente debía acompañarme hasta la Central.
—¿Trataron de matarte?
—Si. Por eso descubrí que si era un motorista el enviado, intentarían hacerlo con vosotras. Gracias a que me hiciste caso.
—¿Como no voy a seguirte? Pero , ¿Cómo montaste lo de Derque?
—Recursos Marina. Los aprendí aquí, en esta escuela. En esta granja inmunda. Aquí pase parte de mi niñez y mi juventud. Robada por esta gente.
—Yo también. ¿Lo sabes verdad?
—Desde el primer momento. Ahora cariño debemos prepararnos para salir de aquí.
—¿Cómo? ¿no has oído lo que han dicho?
—Si. Pero por algo fui uno de los cinco mejores agentes que ha tenido la Agencia. Ya te contaré más adelante. Ahora por favor, haz cuanto te diga, no vuelvas la mirada y en cuanto salgas a la carretera, para un coche y dirígete a Madrid. Deberás ir al encuentro del comisario que te mencioné en la nota. ¿La guardas todavía? El tiene información que le he ido enviando y seguro que te ayudará.
—Pero ¿ Que vas a hacer?
—Salvarte de esta pesadilla e intentar hacer lo mismo con otros muchos jóvenes como nosotros. Ya te explicaré cuando volvamos a vernos.
—¿Derque?
—Cariño, no se como me llamo, fui Diego, antes Narciso. En realidad no se cual es mi verdadero nombre ni que apellidos tengo.
—Yo tampoco. Pero no importa, te conocí como Derque, y es así como quiero seguir llamándote.
—Como prefieras.
—Ahora necesito que me expliques el contenido de la nota que me dejaste en casa.
—Eso iba a preguntarte. ¿Cómo consiguieron encontrarte? No tiraste el teléfono ¿verdad?
—En efecto. Llamaron y colgaron en numerosas ocasiones, creí que eras tú.
—Bueno, ya no tiene remedio.
—¿Y la nota?
Ella saco la nota el leyó despacio:
Deseo con todas mis fuerzas volver a casa para abrazarte. Por favor no te muevas de ahí al menos en tres días. Si no regresara en ese tiempo, busca al comisario Roberto Hernán Carrillo, el te ayudará si le dices que perteneces a la Agencia “GH & Asociados”. Te querré siempre, como creo que te quise desde que éramos niños. Tuyo Derque.
Acabó de leerla, la abrazó y besó repetidamente.
—No lo se, no se que quieres que te diga. Creo tener un sentimiento hacia ti desde hace muchos años, pero es solo algo que intuyo, no estoy seguro. Esta gente me anuló cuantos recuerdos pudieron. Aunque de vez en cuando, como si fueran sueños, aparece una niña a quien acompañaba a la escuela. Tenia los ojos como tu, verdes, preciosos, llenos de vida y alegría. Cuando te cruzaste conmigo avivaste aquellos recuerdos casi a punto de desaparecer.
—A mi ocurrió algo parecido. Me recordaste a alguien. Tenías cara de Diego, aunque luego creo que me convencí de que no eras, precisamente por ese mínimo recuerdo que voló sobre mi cerebro.
—Ahora dispongámonos a salir de aquí. Con un poco de suerte no podrán venir antes de dos horas y para entonces la noche empezará a caer.
—¿Pero Derque como vamos a conseguir salir?
—Te dije antes que fui uno de los cinco mejores aprendices de agente. Esta habitación fue la que ocupé durante esos años, la conozco al dedillo. No han modificado nada. Solo la pintura de las paredes. El suelo sigue siendo el mismo. Ahora recógete ese pelo como puedas y ajústate la ropa, no dejes nada suelto que pueda engancharse. Saldremos en menos de media hora.
—Deja que te bese cariño.
—Claro.
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