Los niños perdidos

0
10

MITOS Y LEYENDAS DE LOS IK’HUE

Los presentes mitos y leyendas conforman el imaginario colectivo de la tribu de los Ik’hue, una nación norteamericana de carácter ficticio en la que se desarrolla la novela «Ik’hue – Lazos de sangre» (Verbum, 2024), obra del prolífico autor guipuzcoano Iñaki Sainz de Murieta.

LOS NIÑOS PERDIDOS

Antes de levantar el campamento para partir a un nuevo lugar, las madres suelen recordar a sus hijos la importancia de no quedarse atrás bajo ningún concepto, insistiendo en que nunca jamás han de abandonar la compañía de sus semejantes. Para asegurar su atención, les cuentan historias de niños perdidos mientras pliegan las pieles y practican los atados necesarios para llevarse consigo lo que consideran indispensable. Les dicen que estos no son sino aquellos que son abandonados por sus padres debido a inoportunas e infantiles rabietas que los paralizan cuando toca ponerse en marcha. Así, dicen, ante su negativa de avanzar o de subirse a las narrias, sus padres los dejan atrás, esperando que los perros los convenzan. La historia siempre termina cuando cubren con tierra las brasas del hogar, para que no queden evidencias de su paso, tal y como hacen los bravos con sus huellas, borrándolas cuidadosamente tras ellos para evitar que sus enemigos sigan su rastro.

Los caminos que marcan los espíritus no siempre son sencillos, como tampoco lo son los de los niños perdidos. Debemos escuchar a los ancianos, pues ellos son la memoria del pueblo y su sabiduría debe servir de guía:

«Mi abuela me contó que mi hermano menor fue uno de estos niños perdidos. Afortunadamente para él, otra tribu lo encontró antes de que terminase en el estómago de algún coyote. Lo reconocieron siendo ya un joven bravo, gracias al colgante que portaba. Un canto de río agujereado fue suficiente para cerrar las terribles heridas de la pérdida. Él rechazó regresar con los suyos, pero su sangre volvió a unirse a la nuestra gracias a las muchas hijas que engendró, quién sabe si para garantizar que nunca faltasen niños alrededor del fuego de su hogar, por si alguno volvía a perderse en el camino».

«Yo tuve que abandonar a la hija de mi tercera mujer. No era como las demás niñas. Jamás hacía caso. No era capaz de cumplir con lo que se le mandaba. Habría sido una esposa y una madre terrible. Doy por seguro que murió más pronto que tarde».

«Un miembro de otra tribu con el que acostumbraba a comerciar con pieles de castor, me contó que ellos narraban la historia de unos hermanos que fueron abandonados a su suerte y que terminaron formando un nuevo poblado bajo las estrellas. Según él, lo hicieron con la protección de unos seres gigantescos que ya habitaban las grandes praderas antes que nosotros. Nadie sabe quiénes son, ni dónde se esconden, pero cada cierto tiempo alguien asegura verlos merodeando en la profundidad del bosque. No son pocos quienes han pintado sus rasgos en las rocas sagradas».

«Siempre habrá niños perdidos. Por mucho que se ame a un hijo, una sola persona no puede marcar el destino de todo un pueblo. Así se han hecho siempre las cosas». 

© Iñaki Saínz de Murieta

Artículo anteriorTabaquismo no es consumo de tabaco
Artículo siguienteBienvenido al paraíso
Iñaki Sainz de Murieta (Donostia-San Sebastián, 1985) es un antropólogo, escritor y guionista guipuzcoano de renombre. Cuenta con una profusa producción que figura en el catálogo de editoriales de España, Argentina y Estados Unidos, siendo la narrativa, el ensayo y el cómic los géneros que más ha trabajado y por los que más se reconoce su obra. Especialmente reconocida es su colección juvenil «Las aventuras de Kanide», que consta de siete títulos hasta la fecha, sin olvidar el cómic «Hernán Cortés. Oro pólvora y acero» o la publicación «Narraciones y leyendas vascas».