Off-side, de Gonzalo Torrente Ballester

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En Off-side, la palabra ocupa casi todo el espacio y, sin embargo, entenderse resulta difícil. Los personajes hablan, se justifican, fantasean y discuten, pero ese caudal verbal no consigue remediar su desamparo. Publicada originalmente en 1969, la novela propone una mirada incómoda sobre el Madrid de su tiempo: una sociedad donde las relaciones humanas aparecen atravesadas por la conveniencia y donde encontrar un lugar exige aceptar unas reglas que comprometen la conciencia.

La primera singularidad del libro es su construcción. Torrente reduce las descripciones y concede un protagonismo extraordinario al diálogo y al pensamiento. El lector dispone de pocas explicaciones tranquilizadoras: debe reconocer las voces, advertir sus diferencias y reconstruir los vínculos entre ellas. La condensación temporal intensifica esa experiencia. Aunque el tiempo exterior avance poco, cada intervención abre una zona de recuerdos, deseos o temores. La amplitud de la novela nace de esas vidas que se despliegan al hablar.

Este procedimiento podría sugerir una reproducción directa de la realidad, como si bastase con escuchar para conocer a alguien. Torrente introduce una dificultad decisiva: las personas también se inventan cuando hablan. Sus palabras contienen confesiones, pero asimismo coartadas, poses y engaños. La distancia entre lo que dicen y lo que cabe deducir de sus intervenciones convierte la lectura en un ejercicio de atención. Todos conocemos esa experiencia cotidiana: escuchar una explicación demasiado perfecta y sospechar que oculta precisamente aquello que pretende aclarar.

El título permite interpretar la marginación como una posición compartida. Estar fuera de juego significa carecer de reconocimiento, pero también mantener una relación conflictiva con las normas que conceden ese reconocimiento. La novela evita que semejante condición garantice una superioridad moral. Sus personajes arrastran contradicciones y participan, de formas diversas, en el mundo que los decepciona. Esa ambivalencia resulta fértil: impide repartir cómodamente inocencia y culpabilidad y obliga a considerar cuánto puede deformarse una persona mientras intenta sobrevivir o justificarse.

Madrid surge así de los encuentros y desencuentros antes que de una sucesión de estampas urbanas. La ciudad se hace perceptible en las jerarquías, las dependencias y las dificultades para comunicarse. Dentro de ese entramado, la ironía y la parodia cuestionan las pretensiones de respetabilidad. Torrente deja que las palabras solemnes revelen su desgaste y que las certezas tropiecen con sus propias incongruencias. El humor contiene una amargura persistente: permite reconocer el absurdo, aunque apenas prometa una salida. La risa no borra el malestar; lo vuelve más preciso.

La apuesta tiene también un coste. La abundancia verbal y la sucesión de perspectivas pueden fatigar a quien busque una intriga de progresión clara. Conviene entrar en el libro aceptando sus demoras y atendiendo al modo de hablar tanto como a lo dicho. Su interés reside en esa escucha exigente. La escasez de mediaciones narrativas reclama paciencia, pero ofrece a cambio el placer de advertir por cuenta propia una contradicción, una impostura o un pequeño fracaso moral que ninguna explicación previa había resuelto.

Entre la observación social y la libertad imaginativa, Off-side permite apreciar a un Torrente que somete las herramientas del realismo a una prueba de resistencia. Su artificio hace visible la dificultad de conocer a los demás y de conocerse. Leída desde el presente, conserva fuerza por una cuestión reconocible: qué sucede cuando una sociedad multiplica los discursos y empobrece las razones para confiar. Bajo la conversación incesante permanece esa intemperie. La novela merece recuperarse por su inteligencia formal, su incomodidad moral y su negativa a convertir la complejidad humana en una respuesta sencilla. Nos deja escuchando mejor, pendientes de aquello que cada voz necesita esconder para sostenerse en cada conversación ante los otros y ante sí misma.

Fuentes 

BEATRIZ CASO – Puno y Seguido 

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