Ucrania eleva a casi cinco mil los bienes e instituciones culturales dañados

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La magnitud de la destrucción causada por la guerra en el patrimonio cultural de Ucrania continúa aumentando. El Ministerio de Cultura ucraniano informó de que, hasta el 2 de septiembre de 2026, se habían documentado daños o destrucción en 2.138 bienes patrimoniales y 2.640 instituciones culturales, lo que eleva el balance conjunto a 4.778 espacios afectados desde el comienzo de la invasión rusa.

El deterioro se aceleró durante agosto. En ese solo mes se incorporaron al registro otros 148 elementos patrimoniales y quince equipamientos culturales. Las autoridades precisan, no obstante, que las nuevas anotaciones no corresponden necesariamente a ataques producidos durante ese periodo: parte de la información llega con retraso, una vez que los técnicos pueden acceder a los lugares, comprobar los desperfectos y reunir la documentación necesaria.

El inventario comprende edificios históricos, monumentos, museos, bibliotecas, teatros, archivos, escuelas artísticas, centros culturales y lugares de culto. De los bienes patrimoniales contabilizados, al menos 47 habrían quedado completamente destruidos. Tras cada edificio dañado existe, además, una pérdida difícil de medir: colecciones desplazadas, fondos expuestos a la humedad o al fuego, actividades suspendidas y comunidades privadas de espacios esenciales para conservar y transmitir su memoria.

El balance oficial ucraniano es más amplio que el recuento verificado por la UNESCO, que hasta el 29 de julio había confirmado daños en 545 enclaves culturales. La diferencia responde a métodos y categorías distintos: el organismo internacional incluye únicamente los casos que ha podido contrastar conforme a su propio protocolo, mientras que las autoridades nacionales incorporan también una extensa red de instituciones y equipamientos culturales.

Kiev advierte de que la cifra real puede ser todavía superior. La ocupación de parte del territorio, la proximidad de numerosos edificios al frente y la continuidad de los ataques dificultan las inspecciones. La reconstrucción exigirá mucho más que reparar fachadas o cubiertas: será necesario recuperar colecciones, reabrir servicios públicos y proteger una herencia cultural que forma parte de la identidad colectiva del país. En este contexto, preservar la cultura se ha convertido también en una forma de resistencia civil.

Redacción