El avance de los incendios forestales en Aragón obligó a ejecutar una operación de emergencia para proteger algunos de los bienes históricos conservados en el Real Monasterio de San Juan de la Peña, uno de los conjuntos patrimoniales más significativos de la Edad Media española. Ante la proximidad de las llamas, las autoridades trasladaron preventivamente los restos de tres monarcas aragoneses del siglo XI, varias pinturas y diferentes piezas textiles de valor histórico.
Los bienes fueron evacuados al Museo de Huesca, situado a unos ochenta kilómetros del monasterio, donde quedaron depositados bajo condiciones de conservación y seguridad adecuadas. En la intervención participaron técnicos de patrimonio, miembros de las fuerzas de seguridad y efectivos de la Unidad Militar de Emergencias. La operación tuvo que realizarse con rapidez, pero también con las precauciones exigidas para manipular restos humanos y objetos especialmente frágiles.
Entre los materiales trasladados figuraban vestiduras ceremoniales pertenecientes a un conde del siglo XVIII y diversas obras pictóricas. La evacuación de los restos reales posee, además, una especial relevancia simbólica. San Juan de la Peña está estrechamente vinculado a los orígenes del Reino de Aragón y alberga un panteón en el que recibieron sepultura monarcas, nobles y miembros destacados de la sociedad medieval aragonesa.
En el momento de la intervención, el incendio había quemado más de 9.000 hectáreas y provocado la evacuación de dieciséis localidades. Aunque el monasterio no había sufrido daños directos cuando se ordenó el traslado, las altas temperaturas, el viento y la dificultad para controlar el perímetro aconsejaron no esperar a que el fuego alcanzara el conjunto monumental.
El episodio demuestra que la emergencia climática constituye también una amenaza creciente para el patrimonio cultural. Monasterios, archivos, iglesias, yacimientos y museos rurales pueden quedar expuestos en pocas horas a situaciones para las que no siempre existen recursos suficientes. La evacuación de San Juan de la Peña evitó una posible pérdida irreparable, pero plantea una cuestión de mayor alcance: si los bienes culturales situados en zonas de alto riesgo disponen de inventarios actualizados, protocolos practicados, embalajes de emergencia y equipos preparados para actuar antes de que resulte demasiado tarde.
PUNTO Y SEGUIDO. Roberto Fernández



