Premio Azorín de Novela 2025
Una mansión de estilo colonial en Lourenco Marques, bajo las palmeras, semioculta entre la vegetación. Con sus techos altos, sus baldosas de mosaico, sus largas galerías bordeadas por columnas, y cierto aire de recogimiento que la distingue del resto de construcciones coloniales de la ciudad.
En su interior, una joven británica, Shayna Orliens. Su palidez y envejecimiento prematuro reflejan los efectos causados por el traumático suceso que ha arrasado con las certezas y seguridades de su vida cotidiana, su posición social e incluso su destino, además de acarrearle una orden de detención por el supuesto asesinato de su marido desaparecido. Ha llegado hasta esa ciudad del sur de África para empezar de nuevo y liberarse física y mentalmente, envuelta en la brisa marina propiciada por el Índico y la dulzura de su intensa fragancia floral, y para encontrar a su hermano -“su hogar, su verdadero hogar”-, combatiente en la guerra de los bóeres.
Pero “todo sucede por algo.” (De esta idea, como escribe la autora en el Post Scriptum de su novela, “surgió la escritura de esta historia”). Meses antes de viajar a Mozambique, desde Londres, Shayna Orliens descubre la figura de Emily Hobhouse en sus columnas de “The Manchester Guardian”, mientras trata de informarse de los detalles del terremoto que ha sacudido su existencia y comprender, sin conseguirlo: descubre y admira su valentía, tenacidad y coraje cuando denuncia las atrocidades cometidas por el Imperio Británico en general y lord Kitchener y -sobre todo- el megalómano y voraz Cecil Rhodes en particular.
Reencarnaciones, cambios de piel… Vidas que se cruzan y se enriquecen mutuamente, providenciales encuentros regidos por el destino y el azar. Segundas oportunidades por las que luchar, un amor por el que recorrer la guerra y florecer: el amor de Shayna y Denys, el escultor escocés con otra pesada carga a sus espaldas. Ideales a los que consagrarse y entregar toda una vida, personalidades convergentes en una misma lucha incansable contra cualquier injusticia: Emily Hobhouse y el abogado indio Mohandas Karamchand Gandhi forjando su aura legendaria.
Definitivamente, “La novia de la paz” es una maravillosa novela que combina su calidad literaria con el armazón de su ágil estructura, su emocionante argumento, sus memorables personajes, el rigor histórico de su documentación y trazos poéticos de particular belleza -“el amanecer más esplendoroso del que había disfrutado nunca: una brecha que parecía la entrada al cielo separaba los tonos encendidos de los grises”, “la luz de la orilla tenía un rotundo tono dorado”…-.
Escribe Rosario Raro que la idea de esta obra -Premio Azorín de Novela 2025- es hacer que de la oscuridad surja la luz. Lo consigue plenamente porque se trata de un libro luminoso cargado de esperanza: esperanza en su bello y poderoso alegato pacifista -el velo de Emily Hobhouse, la novia de la paz, ondeando en Bloemfontein-, y esperanza en el destino de la pareja protagonista desde las primeras páginas en Mozambique hasta las últimas en Escocia.
Y, por supuesto: por el grandísimo placer de su lectura.
© Ángel Calvo Pose



