Hay un momento en el que escribir deja de ser un ejercicio creativo y se convierte en un acto con consecuencias reales. Cuando ya no hablas de temas oscuros, sino de tus zonas más incómodas. Cuando el texto empieza a delatarte, a incomodar a otros y a hacerte dudar si merece la pena publicarlo. Este episodio se adentra en la zona peligrosa de la escritura: ese lugar donde la literatura ya no es inocente y escribir empieza a costar algo de verdad.
Por Francisco Concepción.



