La justicia investiga posibles negligencias en la custodia del Tesoro de Villena

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Un juzgado de Villena ha abierto diligencias previas para esclarecer si existieron responsabilidades por la protección insuficiente del Tesoro de Villena, sustraído del museo municipal durante la madrugada del 27 de agosto. El procedimiento se dirige contra el alcalde, Fulgencio Cerdán; la concejala de Patrimonio, María Server; la directora del Museo de Villena, Laura Hernández, y la persona responsable de la seguridad del centro.

La causa tiene su origen en una denuncia presentada por la Asociación para la Defensa del Estado de Derecho y la Lucha contra la Corrupción. La entidad sostiene que pudo cometerse un delito de daños por imprudencia debido a una posible omisión de las medidas necesarias para custodiar un conjunto arqueológico de valor excepcional. La apertura de diligencias no implica que los investigados sean culpables ni confirma las acusaciones: constituye una fase inicial destinada a determinar si los hechos presentan relevancia penal. La jueza también ha solicitado a la Fiscalía que se pronuncie sobre la procedencia de continuar la investigación o acordar su sobreseimiento.

El procedimiento deberá examinar los sistemas de alarma, videovigilancia y protección de las vitrinas, así como la dotación de personal y los protocolos de respuesta. Entre los documentos relevantes figura un informe policial anterior al robo que habría recomendado reforzar la vigilancia, incluida la presencia permanente de seguridad privada. Los responsables municipales sostienen, sin embargo, que el museo cumplía las exigencias establecidas por la Generalitat Valenciana y que algunas de aquellas recomendaciones no tenían carácter obligatorio.

El asalto se ejecutó en pocos minutos. Los autores accedieron al edificio, violentaron las vitrinas y huyeron con buena parte del conjunto antes de que pudieran intervenir las fuerzas de seguridad. La investigación policial deberá aclarar si los ladrones conocían previamente la distribución del museo y sus dispositivos de protección. Algunas piezas quedaron en el recinto o fueron abandonadas, pero continúa desaparecida una parte sustancial del tesoro.

Descubierto en 1963 por el arqueólogo José María Soler y varios colaboradores, el conjunto original está formado por 66 objetos y cerca de diez kilos de oro, además de piezas de plata, hierro y ámbar. Fue ocultado alrededor del año 1000 antes de nuestra era y está considerado uno de los hallazgos de orfebrería más importantes de la Edad del Bronce europea. Entre sus objetos más singulares figura un brazalete de hierro elaborado con material de origen meteorítico.

El caso abre dos investigaciones paralelas: una policial, centrada en identificar a los autores y recuperar las piezas, y otra judicial, destinada a establecer si las instituciones responsables adoptaron medidas proporcionadas al valor y la vulnerabilidad del conjunto. También plantea una cuestión de alcance nacional: si los museos que custodian patrimonio excepcional disponen de recursos suficientes frente a grupos especializados capaces de neutralizar sistemas de seguridad en cuestión de minutos.

ANDRÉS LÓPEZ – Punto y Seguido