MITOS Y LEYENDAS DE LOS IK’HUE
Los presentes mitos y leyendas conforman el imaginario colectivo de la tribu de los Ik’hue, una nación norteamericana de carácter ficticio en la que se desarrolla la novela «Ik’hue – Lazos de sangre» (Verbum, 2024), obra del prolífico autor guipuzcoano Iñaki Sainz de Murieta.
Siempre han existido las perversiones, no solo entre los espíritus animales, sino también en el seno de los Ik’hue. Por eso es importante narrarlas, para que los jóvenes puedan comprender el significado que encierran. No en vano, algunas de ellas forman parte de un conjunto de ceremonias rituales pertenecientes a sociedades secretas que han existido durante generaciones. En todo este tiempo han demostrado su valor y son permitidas debido a sus beneficios medicinales, aunque no siempre puedan ser comprendidas. La sabiduría oculta en las plantas es demasiado poderosa para quienes solo aprecian su color. Algo parecido ocurre con los placeres del cuerpo y su función espiritual.
En determinados procesos, para ayudarles a sanar sus dolencias, las mujeres son invitadas a practicar la masturbación con peyote, permitiéndoles difuminar las fronteras físicas y dejar de temer el contacto carnal masculino. Las primeras experiencias no siempre son agradables y algunas pueden ser traumáticas. Cuando la humedad femenina y la savia del cactus entran en contacto, el cuerpo femenino se relaja y se libera. Su vientre se torna un hogar. Es importante estar acompañado y que los pasos ceremoniales sean dados de acuerdo con los ritos, puesto que lo contrario puede provocar graves padecimientos. Sin llegar a utilizar el peligroso poder del peyote, algunas mujeres encuentran placer en otros cactus de formas más estriadas. Para ello los pelan allá donde estén y los montan, aprovechando su agua como saliva. Algunos relatos son muy divertidos, aunque también los hay que acaban mal, puesto que hay que asegurarse bien de quitar todas las espinas. Los maridos no siempre comprenden las necesidades de sus mujeres y por eso buscan consuelo donde pueden hallarlo. Cuando las partidas de caza se alargan varias lunas, es normal que ocurran esas cosas.
Uno de los animales que mejor entienden estos comportamientos es el coyote. Él enseñó a las mujeres el uso secreto de los cactus. Al fin y al cabo, la soledad siempre requiere ser creativo con uno mismo.
©Iñaki Sainz de Murieta.



