Candela y Carmela son dos buenas amigas que se conocían desde la infancia. Candela era una chica tímida y miedosa; en cambio, Carmela se consideraba alegre y atrevida. Ambas caminaban y conversaban animadamente una mañana radiante por uno de esos senderos serpenteantes que salían del pequeño pueblo donde vivían felices y las llevaban hasta un frondoso bosque de pinares.
En un momento dado, Candela le preguntó a su amiga:
—¿Sabes una cosa? A mí me dan mucho miedo los bichos; por aquí abundan. ¿Y a ti?
Carmela, sorprendida y con un tono pícaro, le respondió:
—¿A mí? ¡Qué va! No te preocupes, yo soy más buena que el pan.
Candela y Carmela siguieron caminando, disfrutando del aire fresco y el canto de los pájaros. De repente, un pequeño escarabajo cruzó el camino y Candela dio un pequeño grito, saltando hacia atrás.
—¡Ah! ¡Un bicho! —exclamó Candela, con los ojos muy abiertos.
Carmela, riendo, se agachó y recogió el escarabajo con cuidado.
—Mira, Candela, no tienes de qué preocuparte. Este pequeño amigo no te hará daño —dijo Carmela, dejando que el escarabajo caminara por su mano antes de soltarlo suavemente en la hierba.
Candela respiró hondo, tratando de calmarse.
—Gracias, Carmela. No sé qué haría sin ti —dijo, sonriendo tímidamente.
—Para eso están las amigas, ¿no? —respondió Carmela, guiñándole un ojo.
Las dos amigas continuaron su paseo, hablando de sus sueños y planes para el futuro. A medida que avanzaban, Candela se dio cuenta de que, con Carmela a su lado, podía enfrentar cualquier miedo, incluso los más pequeños.
© Anika



