Los árboles crecen en torno al camino,
lleno de hojas secas y marchitas,
ocultando el cielo que arde arriba,
donde caen suaves rayos de sol.
El viento mece las ramas desnudas
como las caricias de un amante silencioso,
mientras las flores languidecen
y los animales han desaparecido.
Los troncos torcidos
parecen arrancados de un sueño,
tendiendo sombras sobre el suelo
antes del anochecer.
© Alexis Brito Delgado



