Un leñador vivía con su mujer en una humilde cabaña en lo más alto de un monte. Era una casita hecha con troncos y tejas, rodeada de altos y frondosos árboles, y bastante alejada de un pueblito blanco cuyos habitantes se dedicaban a la agricultura y al pastoreo de ovejas.
Todos los días, con el amanecer, el leñador salía tan contento de su casa con el hacha en el hombro y, caminando por un estrecho sendero, se dirigía hacia los bosques lejanos para cortar mucha leña. Al atardecer, cuando retornaba tras una agotadora jornada, vendía los leños cortados a los lugareños del pueblo.
Un día, al regreso de su faena a la caída de la tarde, tropezó con un trozo de madera que, casualmente, alguien dejó olvidado y estuvo a punto de caer de no ser porque mantuvo el equilibrio.
Al tropezar con ese trozo de madera abandonado en medio de la nada, descubrió que era una cuchara tallada a mano. A pesar de su sencillez, tenía un diseño y una belleza únicos. Ello despertó la curiosidad del leñador y se preguntó: “¿Quién la hizo? ¿Por qué la dejó olvidada en el camino?”
El buen hombre observó maravillado la cuchara. Se sintió atraído por su belleza y simplicidad. Y decidió regalársela a su esposa en el día de su cuarenta aniversario.
Al llegar a casa, bien entrada la noche, el leñador mostró la cuchara a su mujer, que lo esperaba pacientemente en la puerta de entrada. Ella se emocionó al recibir el regalo de su esposo y recordó la imagen de su abuelo tallando cucharas para sus nietos al calor de la lumbre en los inviernos fríos. Cada una de ellas tenía un significado especial. Unas lágrimas brotaron de sus ojos al recordar tan entrañable escena.
–Vamos, querido, cámbiate de ropa y celebremos nuestros cuarenta años de casados. La cena estará en seguida –le susurró la mujer, secándose las lágrimas con el delantal.
El leñador la besó en la frente, y obedeció.
Perote y Nelly, los felices esposos, aquella noche estrellada de luna llena celebraron su aniversario. Disfrutaron de una cena romántica que la mujer preparó con mucho esmero para sorprender a su marido.
Sobre el mantel de rayas, colocado en una sencilla y tosca mesa, Nelly dispuso un centro de flores, dos copas brillantes y una botella de vino, y ambos brindaron por los años que llevaban juntos. También hablaron largo rato sobre los detalles importantes en una relación de pareja.
Durante la cena tan especial, la cuchara de madera estuvo presente en todo momento. El leñador y su mujer la compartieron como un utensilio más en su modesto hogar.
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