Érase una vez una reina que tenía tres hijas: María, Marta y Margarita, conocidas como las princesas trillizas, ya que nacieron al mismo tiempo.
Un día, la reina les propuso un juego:
—– Les daré cincuenta monedas de oro a cada una. Aquella que invierta mejor dicho dinero, recibirá un gran premio.
Con una sonrisa en el rostro, las princesas montaron en tres hermosos caballos y salieron en busca de cómo gastar su dinero.
Recorrieron los alrededores del palacio e incluso visitaron reinos cercanos, hasta que regresaron.
Al llegar, la reina las reunió para que le contaran cómo habían utilizado el dinero.
—-Yo —dijo María—, compré unos pasteles deliciosos y me los comí todos.
—-Creo que aún eres joven, hija mía, y solo piensas en el placer momentáneo. Con los años y la experiencia te volverás más sabia y prudente.
—-Yo —habló Marta—, ahorré el dinero para tener más y poder comprarme un hermoso vestido en el futuro.
—-Hija mía, tú piensas en el porvenir; la prudencia y tu capacidad de ahorrar te harán rica y feliz al final.
La reina miró a la tercera princesa, quien guardaba silencio y miraba al suelo avergonzada.
—-¿Y tú, qué has hecho con el dinero? —le preguntó intrigada.
La princesa no se atrevió a contestar.
—-Yo lo he visto todo —confesó un consejero real, que en secreto la siguió—. La princesa Margarita iba a comprar un juguete cuando pasó junto a una pareja de ancianos que claramente tenían hambre y le pidieron una limosna. Al verlos, la princesa dejó el juguete y se apresuró a invitarlos a comer en una posada cercana, algo que los ancianos, emocionados y sin parar de llorar, agradecieron.
—-¡El premio es tuyo, hija mía! —exclamó la reina—. Has utilizado el dinero que te di de una manera mejor que tus hermanas. El sabor de los dulces y la alegría de llevar un vestido palidecen en comparación con la felicidad que deja en el corazón el recuerdo de una buena acción. Como premio, el día que yo falte, heredarás mi trono. Úsalo sabiamente, al igual que hiciste con el dinero que te di.
Gracias a su buena acción, la princesa Margarita se convirtió en reina.
© Anika



