Leónidas subió al Camaro negro. Tenía dibujadas dos amenazantes mambas negras en los laterales del coche con las fauces abiertas mostrando sus afilados colmillos. Frank grabó con sus propias manos, aquellas serpientes en el impresionante vehículo negro. Leónidas pronto dejó las montañas hasta llegar a Vernocis. El motor rugía poderoso. Se perdió en el extenso asfalto de la oscura y lluviosa ciudad. Debía tomar una decisión muy difícil y en cualquier decisión que escogiera, perdería.
“Se ha hallado el cuerpo frío del Sr. Relish en su casa con el cuello destrozado. Una carta de confesión se hallaba pegado a su cara. Con su puño y letra describía cada asesinato por encargo, cada sobre de dinero cubierto de la sangre de las víctimas. Sobre la mesa del salón había escrito un nombre.
Las noticias repetían aquel mensaje incansablemente. Ya toda la ciudad era consciente de la nueva figura que anidaba en la ciudad de. El purgador de Vernocis.
Valentina asistió al entierro de su tío. No existía consuelo para ella.
Tampoco para Leónidas…el destino era cruel y caprichoso.
Una semana después.
El imponente camaro negro clásico corría por el extenso asfalto. Leónidas aguantaba las lágrimas. El viento golpeaba su rostro a través de la ventanilla abierta. El motor de su compañero de metal rugía como una bestia oscura al apretar el acelerador. En el asiento del acompañante se hallaba una carta con la letra de Valentina. Una carta de despedida. Aun desprendía el olor dulce de ella.
Mis líneas para mi querido amigo Leónidas. Te llevaré en mi corazón roto. Me mudo a España por un tiempo indefinido. Viviré para averiguar la identidad de ese que se hace llamar SǏWANGMAN. El purgador de Vernocis. Si un día el destino quiere revelarme su identidad, escupiré todo mi desprecio sobre él. Jamás perdonaré a SǏWÁNGMAN haberme arrebatado lo más cercano que tenía de un padre. Leónidas, disculpa mis palabras de ira. Para ti van todas las palabras de cariño. Con mucho afecto. Tu Valentina.
El caprichoso destino quiso que amara aquella mujer por la que en sus venas corría la misma sangre del asesino de su familia. Aquella mujer que viviría para odiar toda su vida la verdadera identidad de Leónidas.
El Camaro negro, con furia ciega, se perdía en la carretera provocando una nube de tierra tras él.
FIN
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