Finalista por decimotercera vez

0
341

DANIEL S. LARDON – Diario de un eterno finalista

Trece.
He vuelto a contar. Como si hubiera posibilidad de error. Como si no recordase cada uno de los nombres de los ganadores, de los jurados, de los libros que no eran el mío. Finalista por decimotercera vez. He cerrado el correo sin acabar de leerlo. Ya sé lo que dice. “Queremos felicitarte, pero…”. Siempre hay un pero. Y siempre lo escriben con una delicadeza como de notario amable. “Gran calidad literaria”, “deliberación difícil”, “te animamos a seguir”. A seguir, ¿hacia dónde?

He puesto la cafetera con el piloto aún parpadeando del portátil. Clara cumple años el 17. Lo tengo subrayado en el calendario, aunque no haría falta. Este año no quiero regalarle un libro ni cocinarle algo que sepa a casi nada. Este año me gustaría que ocurriera algo bonito. Aunque no se note mucho.

He pensado en un fin de semana. En algún lugar sin caminos embarrados y silencio limpio. Alguna población cercana con encanto. Pienso en Aranjuez artístico, tal vez Pedraza, para respirar el medievo. Si deja de llover, claro. No quiero hacerlo coincidir con San Valentín. Me da grima. Las floristerías de urgencia, los mensajes que empiezan con “a veces las palabras no bastan” y acaban con un emoji de corazón roto. No. Clara no merece eso.
Clara merece otra cosa. Algo sin fecha marcada, sin escaparates. Algo más parecido a quedarse sin querer.

He vuelto a mirar mi carpeta de relatos. La de los finalistas. Hay uno titulado Los que esperan. Otro, El peso exacto del casi. Casi siempre quedo ahí. Casi premiado. Casi reconocido. Casi feliz. Hoy, en cambio, he sentido un pequeño hartazgo. No es rabia. Tampoco tristeza. Es algo más raro. Como si me diera un poco igual. Y a la vez, no.

He salido a la calle solo para comprar pan. Argüelles sigue mojado tras la nevada.
Y he vuelto con un mapa. Una guía antigua, de esas que nadie compra ya. Me la ha vendido un librero que tiene pinta de haber sido actor secundario en los ochenta. Cuando le he dicho que buscaba “un sitio sin agua y sin cobertura”, ha sonreído como si entendiera demasiado.

Clara me ha escrito esta tarde. Un mensaje sin razón aparente. Solo: “Hoy me he acordado de aquella vez que te mojaste entero por no despertar a un perro”. No he sabido qué responder. Me he reído solo. Después le he dicho que estoy pensando en secuestrarla por su cumpleaños. Ella ha puesto: “¿Con mochila o con maleta?” Y yo: “Con lo justo para no tener que volver corriendo.”

En la hoja en blanco del procesador he escrito: Finalista por decimotercera vez.
No sé si será un relato o solo un título. No sé si se lo enviaré a alguien o si lo leeré en voz alta en medio del bosque, fingiendo que no me importa que nadie lo lea.
Pero algo ha cambiado. No en el jurado. No en el resultado. En mí.

He empezado a escribir no para ganar, sino para no desaparecer del todo. Como quien lanza una piedra al agua, no por la piedra, sino por las ondas.
Por ver que algo se mueve.
Aunque sea poco.
Aunque no lo vean.
Aunque se quede en Clara.

© Anxo do Rego. Todos los derechos reservados.

Artículo anteriorPasaje al paraiso, de Michael Connelly 05
Artículo siguienteCorazón tan blanco, de Javier Marías
Narrador. Fundador, director y editor de la extinta editorial PG Ediciones. Actualmente asesora y colabora en las editoriales: Editorial Skytale y Aldo Ediciones, del Grupo Editorial Regina Exlibris. Director y redactor del diario cultural Hojas Sueltas. Fundador en 2014 de una de las primeras revistas digitales del género negro y policial «Solo Novela Negra». Participa en numerosas instituciones culturales. Su narrativa se sustenta principalmente en la novela policíaca con dieciséis títulos del comisario del CNP, Roberto H.C. como protagonista, aunque realiza incursiones en otros géneros literarios, tales como la ficción histórica, ciencia ficción, suspense y sentimentales. Mantiene su creatividad literaria con novelas, relatos, artículos, reseñas literarias y ensayos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí