Consanguinidad, mejor que consanguineidad

La forma consanguinidad, con i antes de la terminación -⁠dad, es preferible a consanguineidad, con ei, para aludir al parentesco por un antepasado común.

No obstante, la segunda variante se ve a veces en la prensa: «El trabajador tenía dos días por accidente o enfermedad graves para parientes hasta el segundo grado de consanguineidad o afinidad», «Científicos apuntan a la consanguineidad como la causa del peligro de extinción de los urogallos» o «Las hienas abandonan el hogar para evitar la consanguineidad».

Aunque consanguineidad es un sustantivo adecuadamente formado a partir de consanguíneo en referencia a individuos que son parientes debido a un antepasado común próximo, la voz consanguinidad es la tradicional y mayoritaria, por lo que se recomienda el uso de esta, tal como aclara el Diccionario panhispánico de dudas.

No son apropiadas, en cambio, cosanguinidad ni cosanguineidad, sin n después de la o.

Por ello, en los ejemplos lo más conveniente habría sido escribir «El trabajador tenía dos días por accidente o enfermedad graves para parientes hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad», «Científicos apuntan a la consanguinidad como la causa del peligro de extinción de los urogallos» y «Las hienas abandonan el hogar para evitar la consanguinidad».

© FUNDÉU

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Roberto R. Díaz Blanco es autor de narrativa noir, criminal y de misterio. Su obra explora la ciudad como espacio moral, la culpa, la vigilancia, la corrupción cotidiana y los mecanismos de silencio que convierten el crimen en parte del paisaje social. Es Licenciado en Historia del Arte y trabaja una narrativa de atmósfera urbana, tensión ética y mirada crítica sobre los lugares donde la verdad suele llegar tarde. https://www.amazon.com/author/robertordiazblanco

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