Lo asombroso . Capítulo 11 de «El otro nombre»

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Kenie da una serie de instrucciones y Zark las traslada a un grupo de SD, que comienzan a retirar las armas cortas y largas de cuantos armarios encuentran. Las entregan a jóvenes liberados, mientras los explican el funcionamiento. A medida que bajan hacia la puerta de la nave principal y nodriza, hacen prisioneros a cuantos guardianes, soldados, dirigentes y oficiales encuentran. Posteriormente los recluyen en salas sin objetos de comunicación.

            Al final de la jornada el cansancio se adueña de la mayoría de los guerreros. No han descansado, tampoco han tomado alimento alguno. Todo el conjunto o aldea de los dioses, está bajo el control de Kenie y sus hombres. A los hombres distinguidos como oficiales los ataron y metieron en una nave de desplazamiento hasta que Pasak regresara. Cuando la noche cae, se reúnen a la entrada de la nave principal. Comprueba fehacientemente que no queda ningún componente de las tribus en las naves ni alrededores. Todos los guardianes o soldados están retenidos. Ellos solo han sufrido tres bajas y una decena de heridos.

Ahora Pasak, quiero que hagas un favor a todos nuestros pueblos, mañana a primera hora, con la luz del sol, visita todas las aldeas, llévate otra nave con hombres armados. Viaja en la que van retenidos los oficiales. Reúne a todos los Chamanes de nuestras aldeas y preséntalos. Muéstralos como hombres y no dioses. Luego ve a cada aldea con ellos y haz lo mismo con todos sus miembros reunidos. Deben comprobar que estos hombres retenidos no son más que hombres crueles, así debes decírselo, que nosotros hemos conseguido dominarlos. Diles también que nunca volverán a secuestrar ni matar a nadie. Elimina cualquier privilegio de los Chamanes y déjalos retenidos en una cabaña hasta que decidamos que hacer con ellos. No olvides poner vigilantes con armas. Cuando acabes regresa, y si ocurriera algo extraño, contacta conmigo a través del comunicador.

Haré cuanto pides.

            Las naves invasoras quedan bajo control de Kenie y el SD que lo acompaña. Durante días realizan cortos desplazándose para devolver a cada aldea a sus nativos, hombres mayores, ancianos, niños y mujeres. Cumplen con las instrucciones dadas por Kenie. Una vez situados y distribuidos los retenidos por las tropas invasoras, pasa a organizarse mediante el establecimiento de una estructura de mando, a la que incorpora gentes en representación de todas las aldeas. Algunos regresan a sus puntos de origen a la espera de la reunión prevista donde decidirán las medidas a tomar respecto a los dioses, sus guardianes soldados y las naves.

            Kenie junto a Pasak y Zark, su traductor, están junto al General Adams y tres oficiales de alto rango en una sala de la nave nodriza.

General Adams —comienza diciendo Zark— nuestro dirigente desea conocer con amplitud de datos, la razón que les trajo a nuestro planeta, como ustedes lo denominan. Sea sincero y convincente. De ello dependen sus vidas y la decisión a tomar, bien dejarles marchar en sus naves bajo promesa de no regresar jamás, o quedarse aquí para siempre compartiendo nuestro planeta y sirviendo de alimento a lobos y buitres.

De acuerdo, les daré cuantos datos necesitan saber, pero será necesario manejar uno de esos aparatos del pupitre, así entenderán mejor mis explicaciones.

            Zark traduce a Kenie, quien responde.

Aceptamos, pero tenga en cuenta que cualquier sospecha, duda o mal comportamiento que observemos, daré orden de disparar y morirán todos.

Completamente de acuerdo —responde el general.

Entonces, adelante.

Hace aproximadamente 25 años de nuestro calendario salimos de nuestro planeta. La flota estaba compuesta por diez naves nodriza, como ésta, con otras veinte de menor volumen en su interior y un sinnúmero de otras para desplazamientos cortos. La misión encargada por nuestros dirigentes era localizar uno o varios planetas similares al nuestro que pudiera facilitarnos alimentos y fuentes de energía. En nuestro planeta hacía años se había agotado, lo que conllevó a numerosos conflictos entre sus habitantes que desembocaron en muerte y desolación, consecuentemente en hambruna. No quedaban apenas lugares donde vivir. Durante mucho tiempo viajamos tanto por nuestro sistema solar como por otros hasta tener la suerte de aterrizar en este, muy parecido a como era el nuestro hace muchos, muchos años. Comprobamos que estaba limpio, exento de contaminación, con agua y una estructura geográfica similar. Su apariencia nos encantó, les pondré unas imágenes comparativas de nuestro planeta con este para que lo comprueben. Verán que tanto éste como el nuestro, giran alrededor de una estrella, nosotros la llamamos Sol. Formamos parte de un sistema con doce planetas y sus satélites, éste, el suyo posee uno parecido al nuestro, aunque más cercano y habitable. El nuestro carece de atmósfera y cada vez se aleja más.

            Durante mucho tiempo el general comentó las peculiaridades de su planeta y comparaciones de ambos. Al acabar Kenie pregunta.

Ahora díganos la razón por la que han estado llevándose a nuestra gente.

Las gentes de nuestro planeta se mueren, están contaminadas. Ustedes son fuertes, sin enfermedades y necesitamos colonizarlo de nuevo. Por eso escogimos a sus jóvenes, sobre todo los mejores. Su aportación genética ayudará sin duda a recuperar nuestra raza.

¿Capturaban a nuestros jóvenes para eso? ¿Separándolos de sus familias, de su entorno y costumbres, solo para intentar recuperar su raza? ¿Se aprovecharon de nuestra falta de evolución técnica y conocimientos? Son unos canallas, salvajes y depravados. ¿Han enviado a nuestra gente a su planeta?

Sí. Solo enviamos a los más fuertes, después de prepararlos para un largo viaje cercano a los cinco años.

¿Han llegado ya a su planeta?

No lo sabemos. Después de los dos primeros años, perdimos la comunicación. Desde entonces desconocemos si han conseguido llegar.

Entonces ¿Por qué siguen enviando más naves con nuestra gente, si no saben si mueren en el camino o consiguen llegar?

¿Qué otra cosa podemos hacer? No podemos salir de aquí mientras tanto. Necesitamos respuestas.

¿Cómo saben que el camino de regreso a su planeta es el correcto?

Tenemos grabado el viaje desde que salimos. Eliminamos los posibles errores cometidos hasta que conseguimos dar con éste. Después modificamos la ruta en cada una de las naves enviadas.

Para mí es difícil entender eso —señala Kenie a Zark— aunque supongo que serás capaz de explicármelo más adelante. De cualquier forma, los mantendremos custodiados hasta que decidamos que hacer con todos. Recuerden que tienen orden de matarlos a la menor sospecha, intento de huida o uso de cualquier instrumentación de la nave.

Le prometo que no daremos motivos para ello.

Bien —dice dirigiéndose a Pasak— durante tres días mantendremos vigilados a estos hombres y resto de soldados, pero alejados de las naves. Manda construir chozas para ellos. Atarlos de tres en tres formando un triángulo con sus espaldas. Sus manos deben estar atadas de manera que les impida manejarlas debidamente, mejor las de uno con las de otro. Si alguno trata de escapar da orden de disparar a matar.

Eso no es justo —dice el General como respuesta a la traducción.

No nos hable de justicia, no tiene ningún derecho después de lo que han hecho a nuestra gente durante tantos años.

            Pasak y Kenie vuelan hasta la aldea Partal, donde esperan Nima y Numak, su padre. Al aterrizar se reúnen con a ellos. Nima se abalanza sobre Kenie abrazándole y besándolo con ansias.

¡Que alegría!  Esperaba tu regreso desde hace días.

No pude venir antes.

Sabíamos que estabas ocupado, que habéis vencido a los dioses.

Tenemos poco tiempo, debemos reunir a todas las tribus ¿Numak?

Dime Kenie, hijo mío —señala con voz cansada.

Te llevarán a tu aldea, es preciso que aumentes las explicaciones de lo ocurrido hasta ahora, muchos ya han vuelto.

Estoy muy cansado, no puedo más, nombra a otro en mi lugar, le acompañaré, apenas tengo fuerzas.

Lo haré yo —señala Nima.

De acuerdo, Pasak te acompañará. Elegir a un representante para asistir a la reunión de todas las tribus en la nave nodriza.

Escúchame Kenie —señala Numak— quiero autorizar a mi hija para desposarse contigo, por si me ocurriera lo peor.

Gracias padre —señala Nima.

Gracias anciano Numak —responde Kenie— cuando todo esto acabe prepararemos la ceremonia. Seré el hombre más feliz de todas las aldeas.

            Se abrazan. Luego suben a una de las naves y recorren el espacio que les separa de la aldea Socoa. Al llegar encuentran a muchos jóvenes preguntando por sus padres, hermanos y amigos. Las respuestas se las ofrece Nima. Kenie mientras tanto regresa a la aldea de los dioses, como seguían llamando a la zona donde permanecen las naves.

            Durante días reciben a los representantes de tribus y aldeas. Establecen aprovechar parte de los objetos de los dioses y sus técnicas para permanecer en contacto. Respecto a las armas optan por no usarlas, quedarán reservadas para casos de extrema necesidad. Las naves se usarán para desplazarse de una aldea a otra y solo para casos urgentes, salvo que el Consejo de Tribus establecido adopte otro acuerdo en un futuro.

            Cuando acaban de tomar decisiones sobre las nuevas estructuras, sistemas de defensa y representaciones, llega el momento crucial de la reunión. ¿Qué hacer con los invasores? Alguien menciona deben ser eliminados. Otros, sin embargo, optan por distribuirlos en cada aldea para asimilarlos a los aldeanos, aunque en constante vigilancia y control. La presidencia del Consejo de Tribus decide.

Se admite la última opción, sin embargo, como hemos aprobado antes, ninguna de las armas de los invasores quedará a la vista. Se mantendrán las nuestras, de esa manera nadie deseará hacerse con ellas para utilizarlas indebidamente.

Entonces pasemos a la votación.

Antes deberíamos pensar otras opciones.

Bien, mientras tanto y si el Consejo me permite —señala Kenie— Pasak y yo daremos cuenta de las opciones al General Adams. Zark nos acompañará.

El Consejo no tiene nada que objetar a los comisionados. Adelante.

            El general Adams y sus oficiales, recluidos en una choza a poca distancia, hacen acto de presencia en la sala acompañados por Zark y varios guerreros custodiándolos. La voz de Numak menciona las opciones planteadas y aprobadas. Tras escuchar, el general señala.

Estamos en vuestras manos y supongo que la opción de abandonar este planeta no está contemplada.

No, y fundamentalmente porque desconocemos si tenéis otras armas poderosas ocultas en vuestras naves.

Lo suponía. Entonces cualquier otra decisión no tenemos más remedio que aceptarla.

            Guardan silencio, y cuando Kenie da instrucciones para devolver a los invasores a sus chozas, uno de los SD se acerca corriendo y le interrumpe.

¿Qué ocurre? —pregunta Zark.

No lo sé, pero los monitores de la sala de mando han empezado a emitir luces y En la voces.

Espera iremos con estos hombres y por favor, por cuidado con lo que digan, si no entiendes algo hazlos silenciar inmediatamente. Que lo sepa el General Adams.

De acuerdo.

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Narrador. Fundador, director y editor de la extinta editorial PG Ediciones. Actualmente asesora y colabora en las editoriales: Editorial Skytale y Aldo Ediciones, del Grupo Editorial Regina Exlibris. Director y redactor del diario cultural Hojas Sueltas. Fundador en 2014 de una de las primeras revistas digitales del género negro y policial «Solo Novela Negra». Participa en numerosas instituciones culturales. Su narrativa se sustenta principalmente en la novela policíaca con dieciséis títulos del comisario del CNP, Roberto H.C. como protagonista, aunque realiza incursiones en otros géneros literarios, tales como la ficción histórica, ciencia ficción, suspense y sentimentales. Mantiene su creatividad literaria con novelas, relatos, artículos, reseñas literarias y ensayos.

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