MITOS Y LEYENDAS DE LOS IK’HUE
Los presentes mitos y leyendas conforman el imaginario colectivo de la tribu de los Ik’hue, una nación norteamericana de carácter ficticio en la que se desarrolla la novela «Ik’hue – Lazos de sangre» (Verbum, 2024), obra del prolífico autor guipuzcoano Iñaki Sainz de Murieta.
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EL COLLAR DE IKUME
Algunas lenguas dicen que, aunque todo el poblado se sentía bendecido por la presencia de Ikume y lo honraban de muchas maneras, este padecía su condición de héroe.
Quizá por eso disfrutaba tanto del juego de los mocasines siendo un joven bravo, y ya no el niño espíritu que había crecido junto a su familia adoptiva. Aquella era una de esas competiciones en las que la suerte jugaba un papel fundamental y esto resultaba totalmente ajeno a sus cualidades. Perdía y ganaba como cualquier otro, lo que le causaba una gran excitación. Podía pasarse noches enteras apostando e incluso perder su libertad por unos días, si el envite era lo suficientemente importante. Pero esto no le importaba en absoluto. Siempre cumplía con la palabra dada. Así era como se entretenía, si no tenía nada mejor que hacer. Peor lo pasaban aquellos que perdían estas grandes apuestas, puesto que estaban obligados a cumplir con las tareas más complicadas y extrañas imaginables. Quizá por eso no eran muchos los que llegaban hasta el final. Pero eso a él no le importaba. De igual modo que él cumplía con sus obligaciones, esperaba que los demás también lo hiciesen.
Durante un tiempo, se divirtió exigiendo a sus contrincantes el hueso del pene de un oso. Quería hacerse un collar que le sirviese de medicina. No era fácil conseguirlo y eran muchas las penalidades que debían padecer los que perdedores, salvo que encontrasen un ejemplar muerto y pudiesen hacerse con él sin meterse en problemas. No solía ser lo más común y hubo más de un disgusto.
Con el tiempo, el collar adquirió una gran fama, hasta el punto de llegar a los oídos de otras tribus. La sola idea de conseguir una poderosa medicina de Ikume, se convirtió en una obsesión para muchos, convirtiéndose en un objeto de oscuro deseo.
Lamentablemente, una noche lo perdió al jugar con un brujo que sabía leer el pensamiento de aquel que se sentaba frente a él. Ikume ya lo sabía de antemano, pero quería probarse a sí mismo. Lógicamente, perdió y se quedó sin saber cómo había conseguido este su poder. Esa había sido su apuesta. En cuanto el extranjero se puso el collar al cuello, desapareció bajo la lluvia y no volvieron a saber de él hasta mucho tiempo después.
No fue este el único objeto sagrado que creó el héroe de los Ik’hue, ni tampoco el más recordado. De hecho, después de varias generaciones, algunas familias todavía tienen sin saldar su deuda; no es fácil conseguir el esqueleto de una ballena. Otras sí que han sabido conservar su medicina, manteniendo así una gran fama y renombre, pero no es menos cierto que también hubo aquellas que la perdieron y se sumieron en la pobreza más absoluta.
Pero, para Ikume, ganar y perder era lo más normal del mundo. Por eso no le dio jamás importancia alguna, porque siempre supo que la palabra dada era la medida exacta de sus consecuencias. Por más que, con el paso del tiempo, aprendió a que no todos estaban dispuestos a hacerlo.
© Iñaki Sainz de Murieta.



