El quinto en discordia – Robertson Davies

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El quinto en discordia, del canadiense Robertson Davies, es una novela fascinante y culta que entrelaza biografía, historia, espiritualidad y misterio con una elegancia narrativa poco común. Primera entrega de la célebre Trilogía Deptford, esta obra abre una saga de exploración moral e identitaria, con una estructura compleja que combina introspección psicológica y dimensión simbólica sin sacrificar el vigor narrativo.

Sinopsis

La historia arranca con la muerte en circunstancias misteriosas del magnate Boy Staunton, figura prominente de la ciudad ficticia de Deptford, Ontario. El narrador, Dunstan Ramsay, amigo de la infancia de Boy, se embarca en una investigación personal que termina siendo una indagación profunda en su propia vida. A través de una carta dirigida al director del colegio donde ha ejercido como profesor, Ramsay repasa episodios fundamentales de su existencia, marcados por la culpa, el azar y la búsqueda de sentido.

El incidente fundacional —una pelea infantil en la que Boy lanza una bola de nieve con una piedra dentro— desencadena una serie de acontecimientos cuyas consecuencias alcanzan a múltiples personajes y se extienden durante décadas. Esta aparentemente trivial escena inicial da pie a un relato que transita por los horrores de la Primera Guerra Mundial, los entresijos de la hagiografía católica, el mundo del espectáculo de feria y el ilusionismo, y las complejidades del alma humana.

Análisis

La novela se organiza como una extensa carta-confesión, lo que aporta unidad y profundidad a la voz narrativa. El texto, en forma de memorias no solicitadas, posee una estructura circular: comienza con una muerte y regresa una y otra vez al momento originario que alteró el curso de varias vidas. Este recurso permite a Davies desplegar con soltura su capacidad para la digresión ilustrada, sin que se resienta la tensión narrativa. La linealidad cronológica se ve enriquecida por insertos reflexivos y retrospectivos que dotan de textura al relato.

El uso de una primera persona retrospectiva confiere a la novela un aire confesional, con ecos de autoficción y novela psicológica, y convierte al lector en juez silencioso de los actos del protagonista. Ramsay se revela como un narrador culto, introspectivo y, a menudo, poco fiable, en la medida en que sus juicios se ven tamizados por su necesidad de justificar su pasado.

Dunstan Ramsay es, sin duda, uno de los grandes aciertos de la novela. Profesor de Historia, estudioso de los santos y veterano de guerra, es también un hombre cargado de culpa, cuya vida ha estado signada por una mezcla de resignación, obsesión espiritual y afán de redención. Su tono medido contrasta con la intensidad de sus vivencias y revela una personalidad compleja, marcada por el remordimiento y la fascinación por lo extraordinario.

Boy Staunton, el amigo convertido en antagonista silencioso, representa el triunfo mundano: riqueza, poder, ambición desmedida. Sin embargo, su aparente éxito no le protege de un vacío existencial que termina envolviéndolo. Su figura, aunque ausente durante buena parte del relato, proyecta una sombra constante sobre la vida de Ramsay y de otros personajes.

Mención aparte merece Paul Dempster, el hijo prematuro nacido a raíz del accidente de la bola de nieve, que se transforma en el ilusionista Magnus Eisengrim. Su evolución de niño marginado a artista célebre es uno de los trayectos más interesantes de la novela, y anticipa los desarrollos de las siguientes entregas de la trilogía.

Los personajes secundarios —como la madre de Paul, convertida en símbolo de martirio; el director del colegio; o Liesl, la mujer que actúa como reveladora del lado oculto de Ramsay— están igualmente perfilados con precisión y aportan matices fundamentales a la reflexión moral de la obra.

Robertson Davies se vale de una prosa sobria y rica, que combina el tono confesional con una erudición contenida. Su dominio del ritmo le permite alternar escenas vivas y dramáticas con pasajes especulativos sin perder el interés del lector. La novela está repleta de simbolismos religiosos y psicológicos: santos, milagros, máscaras, arquetipos jungianos, que configuran una visión del mundo en la que lo racional y lo mágico coexisten sin contradicción.

El uso del narrador en primera persona dota al relato de una fuerte impronta subjetiva, que Davies explota con inteligencia para generar ambigüedad y cuestionamiento. Los diálogos, aunque esporádicos, están cuidados y revelan mucho sobre las relaciones de poder entre los personajes. Las descripciones se reservan para momentos clave y contribuyen a crear una atmósfera densa, casi teatral, que remite al gusto del autor por lo escénico.

El quinto en discordia, publicado en 1970, puede inscribirse en una tradición literaria que bebe tanto del modernismo anglosajón como del simbolismo europeo. Davies, que fue dramaturgo, periodista y rector universitario, combina en esta obra elementos de la novela de formación, del realismo psicológico y de la literatura fantástica. Su deuda con Jung, explícita en entrevistas y ensayos, se deja sentir en la estructura arquetípica de los personajes y en la exploración del inconsciente.

En el panorama literario canadiense, la novela representa un punto de inflexión: alejada de los convencionalismos del realismo social, abre la puerta a una literatura más introspectiva, simbólica y universal. En este sentido, Davies anticipa el prestigio internacional que alcanzarán posteriormente autores como Margaret Atwood o Michael Ondaatje.

La obra gira en torno a varios ejes temáticos: la culpa y la redención, la identidad y la máscara, la memoria y el destino. La figura del “quinto en discordia” —término tomado del mundo teatral y musical para designar al personaje secundario que desencadena los acontecimientos— funciona como metáfora de la función narrativa del propio Ramsay: testigo involuntario y a la vez agente del cambio.

La religión ocupa un lugar central, pero no desde una ortodoxia dogmática, sino como vía de acceso a lo extraordinario. El estudio de la vida de los santos que emprende Ramsay no es un ejercicio piadoso, sino una forma de comprender el poder transformador del sacrificio, la fe y el misterio. El simbolismo circense y mágico —con la figura de Eisengrim como mago y simulador— remite a la tensión entre realidad y apariencia, verdad y artificio, que recorre todo el texto.

Valoración

El quinto en discordia es una novela excepcional por la riqueza de sus capas de lectura y la solidez de su construcción. Pocas veces se encuentra una obra que combine con tanto acierto erudición, sensibilidad narrativa y sentido del humor. La introspección psicológica del protagonista no cae en la autoindulgencia, y las digresiones temáticas —que abarcan desde la historia eclesiástica hasta el ilusionismo— se presentan con naturalidad y pertinencia.

Puede reprochársele, si acaso, un cierto tono elitista en algunos pasajes, donde la cultura enciclopédica del autor roza la exhibición. Sin embargo, esta misma erudición es la que confiere a la obra su carácter único y su profundidad.

La novela resulta especialmente recomendable para quienes disfrutan de narrativas que interrogan la condición humana sin recurrir al sentimentalismo, y para aquellos lectores interesados en la psicología, la espiritualidad o la historia cultural. Su lectura ofrece no solo placer estético, sino también alimento intelectual.

El quinto en discordia es, en suma, una lectura imprescindible para quienes buscan una novela que los desafíe y los acompañe más allá del verano. Una obra que demuestra que la realidad no está reñida con lo mágico, y que los actos más nimios pueden encerrar una potencia transformadora insospechada.S

Sobre el autor: Robertson Davies (1913-1995) fue uno de los grandes escritores canadienses del siglo XX. Formado en Oxford, se desempeñó como actor, dramaturgo, editor y profesor universitario. Su obra novelística más conocida es la Trilogía Deptford, compuesta por El quinto en discordia (1970), Mantícora (1972) y El mundo de los prodigios (1975), conjunto en el que explora los misterios del alma humana desde una perspectiva culta, irónica y profundamente simbólica. Otras obras destacadas son Los que acechan en las sombras y Asesinato y modales en la alta sociedad canadiense.

© Punto y Seguido

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