Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid

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Entre la nostalgia impresa y la búsqueda bibliográfica

Entre el 1 y el 18 de mayo de 2025 se celebra en el Paseo de Recoletos de Madrid la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, una de las citas más emblemáticas del calendario cultural madrileño. Organizada desde hace más de cuatro décadas por la Asociación de Libreros de Lance de Madrid, esta feria representa un homenaje constante al libro como objeto de culto, de memoria y de transmisión cultural. Con más de 40 casetas instaladas a lo largo del icónico paseo arbolado entre la Plaza de Cibeles y la Plaza de Colón, la feria ofrece una inmersión en el universo del papel impreso, desde ediciones agotadas hasta publicaciones raras, primeras ediciones, revistas desaparecidas, grabados, carteles y documentos históricos.

El interés que despierta este encuentro anual no se reduce solo a los especialistas o bibliófilos; también atrae a curiosos, coleccionistas noveles, estudiantes y paseantes ocasionales, todos ellos seducidos por el aroma del papel envejecido y por la posibilidad de hallar un ejemplar perdido de su infancia o una joya literaria con dedicatoria manuscrita. La edición de 2025 ha estado marcada por una participación muy variada de librerías procedentes no solo de Madrid, sino también de ciudades como Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Santander o Valencia, lo que refuerza el carácter nacional del evento. El director actual de la feria, Manuel Nieto, responsable de la Librería García Prieto, ha subrayado en declaraciones a El País (1 de mayo de 2025) que la feria “sigue cumpliendo una doble función: rescatar el legado impreso que de otro modo podría quedar en el olvido y permitir a los lectores acceder a libros con un coste asequible”. En efecto, uno de los principales atractivos de este certamen es la diversidad de precios, que va desde los dos euros de volúmenes descatalogados hasta cifras elevadas por piezas únicas o ejemplares firmados.

Además del componente comercial, la feria incluye actividades paralelas que buscan fomentar el amor por la lectura y el conocimiento de la historia editorial. Entre ellas destacan exposiciones bibliográficas, conferencias y presentaciones de libros antiguos reeditados. Este año, una de las actividades más valoradas ha sido la exposición titulada “El libro como testigo del siglo XX”, que presenta una selección de obras clave editadas entre 1900 y 1999, desde manifiestos políticos hasta novelas de la posguerra y manuales escolares del franquismo. Uno de los puntos de atracción ha sido también el homenaje a Pío Baroja, con motivo del 150 aniversario de su nacimiento. Varias librerías participantes han dedicado secciones específicas a las ediciones originales de obras como El árbol de la ciencia, La lucha por la vida y Zalacaín el aventurero, muchas de ellas acompañadas de estudios históricos, prólogos de intelectuales contemporáneos y material gráfico complementario.

El perfil del visitante ha cambiado con los años. Si bien tradicionalmente predominaban los coleccionistas veteranos y los estudiosos de la historia editorial, ahora se aprecia un aumento de jóvenes interesados en el diseño gráfico, la encuadernación artesanal o las narrativas visuales que ofrecen algunas revistas del pasado. También hay un notable número de docentes que aprovechan la feria para surtir sus bibliotecas escolares o personales con materiales pedagógicos antiguos y textos complementarios de difícil acceso en librerías generalistas.

En paralelo, la feria ha generado debate en los círculos literarios sobre el papel del libro en papel frente al entorno digital. Algunos expositores, como la Librería Luces de Bohemia, defienden que “el objeto físico tiene alma, historia, huellas. Un libro leído deja marcas: dobleces, subrayados, notas al margen. Es algo que ninguna edición digital puede reproducir”. Esta reflexión se suma a la experiencia sensorial de muchos asistentes, para quienes pasear por Recoletos durante estos días se convierte en un rito anual que combina nostalgia, hallazgo y contemplación. No obstante, la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión no está exenta de dificultades. Las condiciones meteorológicas, siempre imprevisibles en la primavera madrileña, afectan significativamente al número de visitantes. Además, varios libreros han expresado su preocupación por la falta de ayudas institucionales específicas, más allá del apoyo logístico del Ayuntamiento de Madrid, que ha facilitado este año el montaje de las casetas y la iluminación nocturna. Algunos expositores denuncian la falta de visibilidad en los medios y reclaman una mayor apuesta pública por el sector del libro antiguo, considerado por muchos como un pilar indispensable del patrimonio bibliográfico español.

En todo caso, la edición de 2025 ha sido recibida con entusiasmo, tanto por el volumen de ventas como por la asistencia. Las primeras cifras estiman que más de 120.000 personas han paseado por el recinto durante la primera semana, lo que supone un incremento del 12% respecto al año anterior. Este dato confirma el interés creciente por el libro como objeto cultural en un contexto de consumo cada vez más digitalizado y efímero. En resumen, la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid no solo resiste, sino que se consolida como un refugio para los amantes del pasado impreso, un espacio de descubrimiento y un termómetro de la salud cultural de la ciudad. Mientras haya lectores dispuestos a buscar entre estanterías plegables ese ejemplar esquivo, y libreros que custodien catálogos olvidados, esta feria seguirá siendo una celebración viva del papel, la tinta y la memoria.

REDACCIÓN.

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