La realidad de la calle: Es lo que hay

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Estoy, como Rufián, jodido. Me cuesta trabajo creer todo el asunto Zapatero. Vuelvo a citar al andaluz Rufián, independentista reconvertido en líder de la izquierda total patria, al que estamos a punto de pasar de republicanismo catalán, al republicanismo español más castizo. Salvo que se vuelva monárquico en su evolución – este rey, orientado por Leticia, lista como el hambre- es el más potable, por no decir el único respetable de los últimos siglos. Vuelvo a citar a Rufián, que se me ha ido la bola: “Si es verdad, es una mierda. Si es mentira, es más mierda todavía”.

En estas reflexiones andaba, caminando por la ciudad porque he intentado mil veces apuntarme a hacer taichi y es mucho más fácil comprarse un piso den Les Naus, esas viviendas, dicen que de protección oficial o de ayudas públicas o no sé qué, que son inalcanzables hasta para cualquier jubilado solvente de los de pensión de nivel treinta. Más fácil que hacer taichi en Alicante.Suena el teléfono. Es mi chica. La mujer más extraordinaria del universo. Se me acelera el corazón.

¡Aleluya! Empiezo a cantar en la terraza en la que intento matar el hambre mañanera. Ha dado marcha atrás, pienso, viene a que revivamos nuestros días de vino y rosas, nuestras noches y nuestras siestas puramente carnales y apasionadas, que acabaron de golpe y aún no sé por qué. De hoy para mañana se fue. No tengo ni idea si fue algún calvo gordo el que se entrometió, algún cachas de gimnasio con el cerebro plano, algún melenas de esos que se tatúan hasta el cielo de la boca. No lo sé y casi es mejor mantenerme ignorante porque he pensado mil veces organizar un drama mejicano de Buñuel como los que cantaba Luis Eduardo Aute. Respeto su libertad, como no puede ser de otra forma, y le deseo toda la felicidad a la vez que odio y envidio al supuesto calvo, al cachas de gimnasio o al melenas. Un anciano me transporta a la realidad con un simple gesto.

Estoy sentado en una terraza normalita esperando que limpien mi mesa y se acerca un hombre bastante mayor que yo. Anda pesadamente y viste pobre. Señala a la mesa llena de sobras, de botellas de cerveza – hay un mercadillo al lado y esos desayunan fuerte- y señala el cuenco del pan que no ha sido tocado.

—¿Puedo coger el pan? — pregunta en voz muy queda para que no lo oigan los de al lado, como avergonzado de su pobreza.

—¡Claro que puede! —contesto a la vez que le pregunto. ¿Quiere usted un bocadillo, un café con algo?

—No, gracias. Solo que me deje coger el pan si es posible. —Y vuelve a hablar bajito, con miedo de parecer un menesteroso, un hombre viejo y con hambre.

Se me hunden los palos del sombrajo. Un país moderno. Dicen que con un PIB envidiado, con una economía que va como un cohete y comprando y vendiendo armas a chinos, americanos, ucranianos, iranies y la virgen del cordero. Un país con comisionistas que se forran, con oportunistas que también se forran y con inversionistas que se forran tanto o más que los anteriores. En ese país del primer mundo, un viejo de ochenta años por lo menos, pide el pan que hay en una mesa pendiente de ser limpiada y se aleja, con paso cansino, mordiéndolo. No hay que irse al cuerno de África para ver el hambre. La he visto en mi esquina. ¿Dónde están los salarios mínimos vitales? ¿Los tienen los realmente menesterosos o los especialistas en conseguir subvenciones y ayudas sociales para vivir trampeando?

Se me bajan los humos. Mi chica no viene. Habrá tenido algún contratiempo. Hace un par de semanas, también me dijo que quería verme y tampoco vino. Si supiera… por verla, por estar otro mes más a su lado, o dos o la vida entera, sería capaz de ponerme en el pellejo de Ábalos, de Koldo, de Santos Cerdán y de Zapatero y cargar con lo que a ellos pudiera caerles. Así de cabezota y de irracional es el amor. Un completo estado de trastorno mental, irreductible al razonamiento.

Llevo escribiendo exactamente treinta y siete años, desde que el mundillo etarra me llamó racista por quitarle el permiso a un penado negro que había gastado las dos mil pesetas dadas por los servicios sociales carcelarios, y no tenía más remedio que robar para seguir sobreviviendo en la calle. Desde entonces, el primer artículo, diciéndoles que se lo llevaran a su casa y le reintegraba el permiso de inmediato, he escrito varios miles más y veintitantos libros. Escribir es más droga que la cocaína, el alcohol y todos los psicotrópicos juntos. Sin dinero que la obsesión con amontonarlo es más enfermiza y adictiva que una cerveza fresca una tarde de verano.

Solo he escrito, hasta ahora, dos cosas buenas: «La libertad es cantar, Vuelvo a Granada o Sevilla tiene un color especial, cuando te da la gana, sin que nadie pueda impedírtelo. Sin escandalizar». «La felicidad es decirle a ella al oído: te querré siempre. Siempre estaré dispuesto a dar la vida por ti». Mientras oyes su respiración acelerándose y acaricias su pecho milagroso que te resucita cada día. Eso es la felicidad, no las comisiones. No las gestiones remuneradas al segundo, a contra reloj, como los marcadores de tiempo de los abogados americanos en las películas. Esa es la felicidad y no los chanchullos escabrosos que te calientan la cabeza y te dejan muertos los órganos esenciales de la vida.

Bajo al suelo, a la realidad a pie de calle. Mi chica sigue sin venir. Me duele el gran lío — no ha hecho más que empezar y es una mierda bien grande— en que anda Zapatero. Al partido gobernante le importa una mierda del mismo tamaño las consecuencias para el ex presidente. Le importan mucho las que se puedan derivar para él de este gran follón. Lo mismo a quienes le apoyan. Todos los satélites del sanchismo se apoyan a sí mismos cuando dicen apoyarlo a él.

Sánchez tocó a rebato desde el minuto cero y todos salieron en tromba. Ahora van bajando los humos de defensa. Se ha olvidado lo del “lawfare” cuando ven surgir como hongos afirmaciones de empresas, de cobros y de actividades petroleras con pagos estratosféricos poco explicables.

Desde que Alfonso Guerra bautizó a Zapatero como “Bambi”, yo lo consideré un presidente de transición, simple, bonachón, que habla con frases vulgares, sin mordientes y plagado de verdades de Perogrullo. Nunca imaginé que podía ser un asesor, montador y organizador de empresas ni mucho menos, estar en la cúpula de una organización de general dinero más que dudoso. A Sánchez ayer, en su defensa alborotada — ocultando el miedo que le corre por el cuerpo—de Zapatero hasta le adjudicó “haber acabado con ETA”. Nada más falso. Con ETA acabaron los jueces, la policía, la guardia civil y las cárceles, la sociedad en general y la construcción de una nueva unidad europea que hacía inviable un movimiento terrorista en su seno. Les voy a dar una foto a los editores a ver si la pueden poner. Cuando yo era etarrólogo —ahí me jodí la vida y me jugué el pescuezo— publicaron una entrevista en la que decía “ETA acabará en esta legislatura o en la siguiente”. Zapatero aun no gobernaba y desde luego, pese a su colaboración como presidente, no fue el que acabó con ella.

Tengo algunos motivos para dudar de la justicia y muchos más para creer en ella. En este caso parece que el magistrado Calama, leyendo su auto de ochenta folios impecablemente redactado, bloqueando cuentas y practicando registros, parece, insisto, que no va errado ni dando palos al aire como pollo sin cabeza.

Me paso el día, salvo alguna tertulia literaria, de la que siempre salgo, con dos Alhambras verdes en el cuerpo, sin un duro y con los pies fríos y la cabeza caliente, como la vieja del sermón, me paso el día viendo programas de discusión política sentado en el orejero, que me va a dar un ictus, un trombo o algún telele maligno por no hacer nada y ser un vejestorio pasivo. Todos dicen saberlo todo: el independiente, el debate, el español, el okeydiario. ¡Cojones! Tenían que haber hablado antes. Hasta yo he dicho hace un mes más o menos que estaba mosqueado con los negocios de Zapatero.

¡Cómo sueño con expresidentes sin chofer, sin despacho para urdir, sin secretarias y hasta sin escoltas! Como Pepe Múgica, por ejemplo. Un ejemplo, con perdón de la redundancia.

© Manuel Aviles. Todos los derechos reservados. 

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Estudió en el Padre Suárez y Filosofía en el Hospital Real (Granada), Criminología y Derecho en Alicante. Funcionario del Cuerpo Especial de Instituciones Penitenciarias y, entre otros puestos de trabajo: Director de Nanclares de la Oca, Director de PIcassent en Valencia, Director del Psiquiátrico Penitenciario de Alicante y Director de Palma de Mallorca. Director de Seguridad Ciudadana y Tráfico en Gijón. Asesor Ejecutivo - en materia de Bandas Armadas- en la Secretaría de Estado del Ministerio de Justicia e Interior. Dedicó muchos años, exclusivamente a la banda terrorista Eta. Jubilado tras cuarenta años de trabajo . Actualmente se dedica exclusivamente a las motos y a la literatura. He escrito, hasta ahora los siguientes libros: «De Prisiones, putas y pistolas». El desmantelamiento de ETA en la cárcel. / El Gato tuerto - una violación que no fue. 357 Magnum. Por ti me juego la salvación - pura antropología./Los confesores reales . La influencia de la Iglesia en lapolítica/ y el más reciente: Cuarenta años de cárcel. Sin redención. Una visión de la historia de España desde los ojos de un niño, joven, adulto desde la postguerra hasta hoy. Forma parte, como Comisario, del Festival de Novela Negra e Histórica: Quijote Negro e Histórico, que se celebra y organiza el Ayuntamiento de El Pedernoso (Cuenca)

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